21 de noviembre de 2014

Mi Odisea

Vi el barco alejarse del puerto y vi también como poco a poco te alejabas de mí.
Esperé ansiosa tus cartas y permanecí horas enteras en la arena ennegrecida esperando un regreso que todo el mundo decía que no llegaría.
Al principio, solía pensar que habías naufragado, que el barco no había llegado a ningún lugar y que ese cuerpo que tantas veces yo había amado estaba deshaciéndose en lo más profundo de algún mar.
Pensaba también que el naufragio no había sido en el agua sino en los brazos de alguna sirena extranjera, una Circe con pechos voluptuosos y larga melena que con sus versos y leyendas te había convencido para que te quedaras con ella.
Alguna vez, aunque pocas, pensaba que volverías a mí, creía durante unos segundos que te vería regresar a mí como regresó Ulises.
Pero no hay epopeya griega en lo nuestro.
Tú te fuiste a navegar y yo he visto ir y venir demasiados barcos.
Aunque tal vez lo fui, ya dejé de ser esa Penélope dispuesta a esperarte sin razón alguna.
Yo no soy ninguna santa y no necesito el regreso de un héroe.

Tan solo el calor de un hombre que en verdad esté presente.

14 de noviembre de 2014

Monstruo nocturno

Tal vez sean horas intempestivas para estar despierta, pero no lo son para estar borracha. Parece que el beber es una excusa maravillosa para trasnochar. Si en cambio dices que no puedes dormir, la gente se preocupa.
Así que será mejor abrir otra cerveza.
Miro la cama desecha donde él debería estar esperándome.
Escupo el tapón del botellín y encesto en la papelera. Tres puntos.
Mi cama está vacía y por eso no quiero que ella me envuelva, como un abrazo frío del fantasma de la Soledad.
Al menos el alcohol tibia mi cuerpo y escuchar a Fito me transforma, causa efectos extraordinarios en mí.
Aún borracha -más de música y sueño que de alcohol- rehuyo la cama, pero no tardaré en caer.
Cruel monstruo la cama, solitaria vieja que como un imán me atrae y sabe que siempre volveré a ella. Aunque me aterre, aunque me hiele, aunque me devore la calma y la felicidad. Dama arrugada de mil capas, cruel y pérfida, te odio y te anhelo en la misma proporción.
Te anhelo por la necesidad de descanso.
Te odio por la obligación de descansar.

8 de noviembre de 2014

Frío

El frío había vuelto.

Nada tenía que ver la nieve en el alfeizar de la ventana y las ráfagas de viento helado que amenazaban con echar los viejos árboles al suelo.
El frío que envolvía a Julia era totalmente distinto.
Era una extraña sensación que comenzaba en el centro de su estómago y se iba extendiendo lentamente a través de su cuerpo.
Poco a poco se congelaron sus pies y cada uno de sus dedos, se congelaron sus muslos, su espalda y su pecho. También sus brazos, sus finas manos y su largo cabello.
Lo último en helarse fue su cerebro.


Cuando terminó el invierno, Julia, como cualquier estatua de hielo, se terminó derritiendo.