26 de mayo de 2014

Cuestión de horario

Claire tendrá terminada la tarta de galleta y chocolate a eso de las siete, y no mas allá de las siete y cuarto estará hecha un ovillo en el sofá siendo un solo ser con la manta azul aprovechando al máximo el chocolate que se quedado pegado a la cuchara de madera mientras se decide entre ver Mentes Criminales o Hannibal.

Se quedará embobada con la caja tonta apretando contra sí el desecho cojín rosa o su viejo elefante de peluche. Estará tan ensimismada que no escuchará a Neill abrir la puerta y caminar a hurtadillas hasta el salón para colocarse tras ella y darle uno de esos sustos que a él le divierten tanto. Claire gritará, se caerá del sofá y en cuestión de segundos arrastrará a Neill con ella y no le dejará escapar.




Claire sonríe abrochándose el gastado delantal.
Son las seis y tiene una tarta que preparar.

20 de mayo de 2014

¿Qué será?

Hay quien lo llama felicidad o tal vez inconsciencia.

Esa sensación zigzagueante que parece generarse en el estómago y desde allí llega a los dedos de los pies y a cada una de las conexiones cerebrales del cerebro. Es ese hormigueo punzante que te arranca carcajadas en momentos inoportunos pero que te permite cerrar los ojos sin mayor preocupación que disfrutar de la voz de Andrea Boccelli al volumen perfecto en el equipo de música.

Otros tal vez lo llamen mera ilusión y algunos, los que menos, se atreven a llamarlo euforia.

Para mí, honestamente, el nombre viene a ser lo de menos. Lo único que se es que me encanta sentirlo en cada latido que nace en mi pecho y en todas las terminaciones nerviosas de mi ser. Que me hace feliz sonreír y guiñarle un ojo a la preciosa chica del espejo antes de salir.



Que por fin me he creído eso de que el mundo es mío si de verdad lo persigo.

13 de mayo de 2014

Por mí

Ya nunca veremos juntos el eclipse de Elia con los soles gemelos. No volveremos a escuchar a escondidas las canciones que tu yanyan le canta a los ancestros. No volveremos a bailar desnudos, tan cerca el uno del otro, celebrando la fiesta de la vida.
¿A quién la cantaré ahora al oído cada segundo amanecer? ¿Quién entrará conmigo en el jardín subacuático de Yanaisi para coger corales de Almir?
Dime, ¿quién?

Distingo tu figura envuelta en enormes hojas de dragul mientras caes cascada abajo. No recuerdo una imagen tuya más triste y a la par tan solemne.

Sigo aquí, donde se supone que tendrías que estar también tú, en lo alto del Árbol Madre a punto de empezar la gran carrera para demostrar todo lo que he aprendido a tu lado.

La desaparición de tu cuerpo genera en mí un grito que no logro saber de dónde sale, pero me dejo caer resbalando por el tronco del inmenso árbol a cuyos pies te besé por última vez.
Con tu imagen grabada a fuego en mi retina, corro como si no hubiera mundo suficiente, siento la tierra bajo mis pies y el viento susurrándome leyendas al oído.

No lloraré.
Lo nuestro valía mucho más que unas cuantas lágrimas al pie de una cascada.
Ahora ya no estás aquí, pero yo sí.
Y aunque pienso en ti casi cada segundo, no viviré a la sombra de un recuerdo.


Lucharé, creceré y avanzaré por mí tal como aprendí de ti.

7 de mayo de 2014

Miedos

Los primeros rayos de sol parecen hacerse hueco en el horizonte cuando Luke se da cuenta de que no ha pegado ojo en toda la noche.
Coge una cerveza fría y sale a la terraza con la esperanza de que el nuevo día traiga las respuestas que no ha podido encontrar a lo largo de demasiadas horas despierto.

¿Por qué seguía allí? ¿Qué le ataba a aquella casa medio derruida en medio de ninguna parte?
No era la primera vez que pensaba en marcharse, ciertamente era un pensamiento muy habitual en él. Hablaba de escapar prácticamente a diario, pero siempre había algo, cualquier cosa, que le impedían hacerlo.
Primero fue su madre, y más tarde la señora Louise que le había cuidado desde niño.
Más tarde fueron las improductivas clases de piano y los talleres que siempre dejaba a medias.
Lo último era ya la propia casa...
¿Qué sucedía? ¿Por qué no hacía más que ponerse trabas y levantarse murallas?

Luke se acabó la cerveza mirando al sol, siendo consciente de que a pesar de lo mucho que hablara de irse, no lo haría jamás.
Del mismo modo que nunca invitó a Jenny a los bailes de verano y que jamás fue a una sola fiesta en el bar de la esquina.

Entrando de nuevo en casa suspiró y pensó:

Ciertamente...
¿Cuánto perdemos por miedo a perder?

1 de mayo de 2014

Dura realidad

Y de pronto, vacío.

El lugar que durante mucho, muchísimo tiempo habías ocupado, se ha quedado frío.
Decidiste marchar sin avisar, dejando la puerta abierta de par en par y cuando he querido darme cuenta…

Nos es tarde. En este sinsentido que es la vida te he perdido y por mucho que lo intento no soy capaz de encontrarte. Grito tu nombre al viento pero este solo me devuelve una imagen efímera de tu recuerdo que yo, ingenua y tonta como siempre fui, trato de retener queriendo creer que sigues aquí.
Nos prometimos mundos imposibles, nos contamos historias impensables. Nos quisimos de esa extraña manera que solo permite la amistad, compartiendo los mejores abrazos y las más ardientes discusiones.

Y de pronto, vacío.

Ahora ni si quiera sé dónde estás. ¿Acaso estás igual que yo? ¿Piensas tal vez como pienso yo en qué es lo que ha pasado? ¿Me echarás de menos? ¿Pensarás en mí? ¿Recordarás las canciones de un casi olvidado musical y los relatos que me inspiraste a inventar?

Pero ya… da igual. Dicen que el tiempo todo lo cura y acabará por curarme una vez más.
Pero dime una cosa...



¿Cómo pasamos de mejores amigos a completos desconocidos?