28 de abril de 2014

La decisión

John solía mirarme con el mismo interés con el que observaba los cuadros de la sala de estar de su madre.
Tenía obsesión por lo bello y yo nunca había dudado de que poseía tan preciada cualidad. Le gustaba exhibirme como un objeto más de su creciente colección y lo cierto es que a mí nunca me molestó. ¿Por qué habría de hacerlo? Siempre he sabido que era hermosa y siempre disfruté con ello.

Pero de pronto, todo cambió.
¡Un hijo! ¡Esperaba un hijo!
Un pequeño ser se removería en mi interior deformando mi figura y maltratando mi belleza.
¿Cómo pretendían que amara a un ser cuya venida al mundo me destrozaría?
Ser madre era... ¡era cruel!
¿Cómo me mantendría esbelta y fina con eso haciéndose paso dentro de mí? Y después... mimarlo, criarlo, educarlo... ¡No! ¡Él se llevaría mis merecidas atenciones!
Entonces el tiempo pasaría y yo me marchitaría.
¿Qué sería de mí cuando la vejez llegara y mi tersa piel se arrugara? ¿Qué sucedería cuando mis ojos verdes se vieran velados por la edad y mi cabello oscuro se tornara gris? ¡No podía ni imaginarlo! Si mi belleza se marchitaba, John me apartaría con los trastos pasados de moda. ¡A mí! ¡A la que en su juventud fue la dama más adorada y envidiada de Inglaterra!
¡Y me sustituirían por esa criatura que pretendía salir de mí!

Tenía que hacer algo, ¡tenía que protegerme!
¿Cuál era el modo más sencillo de que no dejaran de admirarme? ¿Cómo podía conservar por siempre todo lo que era y no quería dejar de ser?

El plan se dibujó en mi mente como si siempre hubiera estado allí.
Tenía que conseguir quedarme tal cual estaba, sin cambiar absolutamente nada. Así sería perfecta para siempre.

Entré al anochecer en los aposentos de mi poco estimada suegra, cogí cuantas pastillas había en su tocador y me las tomé todas acompañadas por la botella de su mejor whisky.
Llegué como flotando a la habitación de John y me dejé caer sobre la cama pensando lo feliz que sería el con la decisión que había tomado. Entendería que quería ser eternamente bella para él y que aquel era el único modo de conseguirlo. Muriendo por y para él. Muriendo por lo que yo era y siempre sería: un bello objeto.

24 de abril de 2014

Vuelta al pasado

El chico de ojos oscuros le quitó el recién abierto botellín de cerveza de entre las manos girándose levemente.
Ella, sorprendida, se quedó mirándole a la espera de una explicación que, intuía, tardaría en llegar.
    _Y ahora estamos aquí_ dijo dando un largo trago_. Tú y yo. Como si el tiempo no hubiera pasado.
    _Pero sí ha pasado_ se atrevió a contestar ella_. Ya nada es lo que fue.
    _Podría serlo, ¿no crees?_ dejó el botellín sobre la barra y la miró fijamente_. Las cosas no son tan diferentes...
    _Todo es diferente_ susurró ella sin perder sus ojos_. Yo soy diferente

Se hizo de nuevo el silencio. Un silencio plagado del ruido de aquella maloliente y sobresaturada discoteca a la que ninguno de los dos sabía muy bien cómo había llegado. Era un silencio empalagoso, tenso, rozando lo insoportable. Un silencio con el que ninguno de los dos se sentía cómodo pero del que era demasiado difícil escapar.

    _Hace cuatro años…_ comenzó ella jugueteando con el botellín_. Yo era una cría aún. Jugueteaba, coqueteaba, tonteaba…
    _Pero te enamoraste_ atacó él con aquella palabra demasiado cara_. Te enamoraste de mí.
    _ ¿Y qué si así fue?_ se defendió_. Yo ya no soy aquella yo.
    _ ¿Tanto sufriste por mí?
Ella se terminó la cerveza y se puso frente a él sujetándole los hombros.
    _Lloré mil noches por ti. Me rompiste el corazón cachito a cachito de una forma que creí que no era posible. Me dolía hasta imaginarte_ se tragó las lágrimas_. Pero se acabó. Lo nuestro, si es que alguna vez tal cosa existió, se murió.
    _Yo lo maté, ¿no es así?_ susurró el sin moverse un solo centímetro_. Fui un cabrón insensible, ¿no? Un niñato. Un gilipollas.
    _Ya hace demasiado tiempo_ ella se dio la vuelta_. ¿Para qué le das vueltas ahora? ¿De qué vale? El tiempo todo lo cura… incluso un corazón con miedo a latir.

    _Quizá el tiempo haya pasado. Quizá hayamos cambiado_  dijo él viéndola caminar hacia la puerta_. Pero una parte de ti siempre me amará. Y una parte de mí siempre se odiará por haberte dejado escapar.

3 de abril de 2014

Quiero

Quizá lo que necesite ahora sea un poco de soledad aderezada con algo de buena música.

Sentarme sobre la mesa y mirar por la ventana, no para disfrutar de las maravillosas vistas como hago de vez en cuando, si no para ver más allá, sólo un poco más allá…

Quiero buscar en la línea del horizonte todos los paisajes que de pequeña me hicieron soñar para más tarde descubrir que no existían, volar sin alas hasta la segunda estrella a la derecha y luego todo recto hasta el amanecer, quiero ver a los personajes mágicos de los cuentos de hadas, encontrarme cara a cara con los dioses griegos y romanos para que me cuenten por sí mismos sus historias, descubrir entre las nubes versos de Keats y en la oscuridad del atardecer todos y cada uno de los cuentos de Poe, quiero descubrir a qué huele la música y cómo se describe con palabras el color azul. 
Y contarle a la luna qué se siente al ser besado con pasión y a qué saben las lágrimas que tiempo atrás bañaron mi almohada.

Quiero salir del mundanal y atroz ruido del día a día para ser capaz, al menos un rato, de disfrutar de todas esas imposibilidades e ideales que me hacen feliz.

1 de abril de 2014

Máquina del tiempo

Jhon McGunn acababa de cumplir diecisiete años cuando construyó la máquina del tiempo.
Y tenía diecisiete  años y tres meses cuando desapareció.

Sus padres, su hermana , sus amigos y todo el mundo en el barrio habían removido cielo y tierra tratando de encontrar el mínimo rastro de su paso.
Pero no había nada que encontrar.
Del pelo rubio y los ojos grises de Jhon solo quedaba el recuerdo.

La máquina del tiempo había funcionado perfectamente y Jhon sonreia mientras bailaba sobre un césped de colores imposibles con una joven de ojos violetas que se había colado una vez en su tiempo.

Jhon McGunn huyó de un presente deprimente y agobiante que no le dejaba ser quien el quería. Y se dejó  enamorar por un futuro que le ofrecía mucho más.

Ahora bien, ¿cual sería el precio que aquella locura le haría pagar?
Pues es de seres inteligentes pensar, que escapar de los problemas nunca lleva a buen lugar.