24 de enero de 2014

Narine

Narine devoraba palabras de Chéjov envuelta en una manta azul cobalto con una humeante taza de chocolate al alcance de la mano.
Tímidos rayos de un sol de Noviembre caldeaban sus hombros agarrotados queriendo sacarla de la ensoñación en la que el autor ruso la tenía envuelta, pero no lo lograban.

Narine era más feliz escondida en las páginas de los libros.

El timbre sonó tres veces antes de que Narine se dignara a levantarse a abrir la puerta.
Suspiró tres veces arrugando la nariz y caminó por el largo pasillo hasta la puerta principal.

Se asomó lo suficiente para descubrir quién la interrumpía y un escalofrío recorrió su espalda cuando se encontró con los ojos marrón chocolate de Tony.

    _Venía a buscar mi camisa, pero por lo que se ve tiene nueva dueña.
Narine enrojeció sin abrir un milímetro más la puerta, siendo consciente de que llevaba puesta la camisa de cuadros de Tony sin absolutamente nada más debajo.
    _ ¿No me invitas a pasar?

La puerta  se abrió mientras Narine corría hacia la desordenada habitación.
Antes de que encontrara algo con lo que vestirse, Tony se acercó y la abrazó por la espalda.

    _Estaba leyendo_ susurró ella dándose la vuelta entre sus brazos.
    _Prometo regalarte universos más hermosos que el Jardín de los Cerezos.


La puerta se cerró con un golpe secó y la taza de chocolate se congeló igual que se congelaron las palabras de Chéjov en el libro que durante las horas siguientes Narine olvidó.

19 de enero de 2014

Recuerdos

No recuerdo muy bien qué día era.
Tampoco la hora.

Pero sí recuerdo la lluvia.
Recuerdo casi cada gota queriendo atravesar el cristal de mi ventana, un universo acuoso que bajo la tenue luz de la lámpara parecía adoptar mil cambios en un micro-segundo.

También recuerdo el sutil aroma de un perfume que aún hoy consigue erizarme el vello de la nunca y me obliga a morderme los labios.
Una mezcla de menta, limón y calor que me persigue en sueños.

Recuerdo un suspiro lento de  mis agotados pulmones atravesando mi garganta con sabor a ron y regalices rojos.
Una mezcla tan explosiva como explosivo es mi corazón.


Y recuerdo cerrar los ojos, tirarme en la cama y susurrarle a la almohada tu nombre deseando que fueras tú.

15 de enero de 2014

¡BANG!

Nadie te dice nunca, ni en las películas ni en las novelas, lo que quema el cañón de un revolver cuando acabas de disparar.
Tampoco te cuentan que te pitan los oídos por el ensordecedor estruendo y que por un momento te viene a la cabeza que el recién fallecido podría despertar con semejante ruido.

Suspiro con un amago de sonrisa.

Contemplo la escena asegurándome que todo está como debe estar, ni un rasguño en mis guantes que haya podido dar lugar a huella alguna, nada de pintalabios en una copa o unas pisadas justo bajo la ventana.
Llevo demasiado tiempo dedicándome a esto como para cometer semejantes errores de telenovela barata.

Me reúno con la noche guardando mi humeante revolver huyendo lejos de allí, tengo los billetes de avión sacados desde hace mucho tiempo.


Para cuando encuentren a mi pobre víctima, yo ya estaré muy lejos de aquí.

10 de enero de 2014

Noches insomnes

Camino a tientas entre la oscuridad, busco tu mano casi desesperedamente.
Pero no la encuentro.

Ahora el miedo me ha cegado de nuevo y me cuesta demasiado encontrarte.

El miedo a que ya no estes ahí para arroparme entre tus brazos y decirme muy bajito al oído que sigues conmigo, que seguimos juntos en este camino.

El miedo a que desaparezcas y una vez más, me quede sola y perdida en esta oscuridad que me aprisiona el corazón y me corta la respiración.

Pero creo, o al menos quiero creer, que tú también me buscas en este sinsentido, que sigues aquí necesitándome como yo a ti, que no te has ido y aunque ahora estemos perdidos, luchas igual que yo por volver a estar unidos.

7 de enero de 2014

María

María abrió la ventana y las estrellas parecieron sonreírle, la luz de la luna se filtraba por entre las cortinas sacando brillos caleidoscópicos a cada rincón de la habitación.

Una media sonrisa se dibujó en sus labios y corrió hacia la puerta sin hacer el más mínimo ruido.

Bajó las escaleras de puntillas y salió al inmenso patio trasero que la acogió como si llevara mucho tiempo esperándola. Los floridos rosales y los despampanantes árboles frutales parecían susurrar su nombre, y ella, fiel a su llamada, caminó entre ellos hasta llegar a la fuente de plata con forma de reloj de arena en la que tantas veces había disfrutado de una tranquila lectura, un helado café o la cálida compañía de alguno de sus amantes.

4 de enero de 2014

Deseos

-Vale, sí, ¿y qué más?

+ Coger las olas del mar con las manos, colocar las estrellas con la punta de los dedos, bailar en medio de una barrera de fuego, volar con los brazos extendidos y luchar contra el Capitán Garfio en el país de Nunca Jamás. Subir a un escenario y cantar. Bailar toda la noche, gritar con el viento en contra, dar volteretas al amanecer y regalar sonrisas. Y dar abrazos. Y besos. Muchos besos. A todo el mundo.

- ¿A todo el mundo?

+ Exacto. A todo el mundo. ¿A quién le amarga un dulce?

1 de enero de 2014

Volver

Nora abrió el baúl cubierto de polvo desde hacía demasiado tiempo.
Casi se le saltan las lágrimas al coger la estilográfica gris y los papeles ya amarillentos de la máquina de escribir que la llamaba a voces desde el ático.
Sonrió mientras corría escaleras arriba y una vez que se sentó en el demacrado escritorio, suspiró y comenzó a escribir.
Era hora de volver.

Había estado perdida demasiado tiempo.