21 de noviembre de 2014

Mi Odisea

Vi el barco alejarse del puerto y vi también como poco a poco te alejabas de mí.
Esperé ansiosa tus cartas y permanecí horas enteras en la arena ennegrecida esperando un regreso que todo el mundo decía que no llegaría.
Al principio, solía pensar que habías naufragado, que el barco no había llegado a ningún lugar y que ese cuerpo que tantas veces yo había amado estaba deshaciéndose en lo más profundo de algún mar.
Pensaba también que el naufragio no había sido en el agua sino en los brazos de alguna sirena extranjera, una Circe con pechos voluptuosos y larga melena que con sus versos y leyendas te había convencido para que te quedaras con ella.
Alguna vez, aunque pocas, pensaba que volverías a mí, creía durante unos segundos que te vería regresar a mí como regresó Ulises.
Pero no hay epopeya griega en lo nuestro.
Tú te fuiste a navegar y yo he visto ir y venir demasiados barcos.
Aunque tal vez lo fui, ya dejé de ser esa Penélope dispuesta a esperarte sin razón alguna.
Yo no soy ninguna santa y no necesito el regreso de un héroe.

Tan solo el calor de un hombre que en verdad esté presente.

14 de noviembre de 2014

Monstruo nocturno

Tal vez sean horas intempestivas para estar despierta, pero no lo son para estar borracha. Parece que el beber es una excusa maravillosa para trasnochar. Si en cambio dices que no puedes dormir, la gente se preocupa.
Así que será mejor abrir otra cerveza.
Miro la cama desecha donde él debería estar esperándome.
Escupo el tapón del botellín y encesto en la papelera. Tres puntos.
Mi cama está vacía y por eso no quiero que ella me envuelva, como un abrazo frío del fantasma de la Soledad.
Al menos el alcohol tibia mi cuerpo y escuchar a Fito me transforma, causa efectos extraordinarios en mí.
Aún borracha -más de música y sueño que de alcohol- rehuyo la cama, pero no tardaré en caer.
Cruel monstruo la cama, solitaria vieja que como un imán me atrae y sabe que siempre volveré a ella. Aunque me aterre, aunque me hiele, aunque me devore la calma y la felicidad. Dama arrugada de mil capas, cruel y pérfida, te odio y te anhelo en la misma proporción.
Te anhelo por la necesidad de descanso.
Te odio por la obligación de descansar.

8 de noviembre de 2014

Frío

El frío había vuelto.

Nada tenía que ver la nieve en el alfeizar de la ventana y las ráfagas de viento helado que amenazaban con echar los viejos árboles al suelo.
El frío que envolvía a Julia era totalmente distinto.
Era una extraña sensación que comenzaba en el centro de su estómago y se iba extendiendo lentamente a través de su cuerpo.
Poco a poco se congelaron sus pies y cada uno de sus dedos, se congelaron sus muslos, su espalda y su pecho. También sus brazos, sus finas manos y su largo cabello.
Lo último en helarse fue su cerebro.


Cuando terminó el invierno, Julia, como cualquier estatua de hielo, se terminó derritiendo.

16 de junio de 2014

Lis

Todavía hoy me quedo petrificado cuando me la cruzo por las calles de este pueblo grande con complejo de ciudad.
La observo con descaro, pensando en cuantas camas se habrá dejado hacer el amor desde que escapó de la mía, imaginando todos los labios que habrá basado, cada una de las manos que la habrán recorrido, cada estremecimiento que le habrán arrancado.
Busco sus ojos en un intento desesperado de encontrar en ellos lo que nunca estuvo ahí, un ápice de aquel sentimiento imaginario que parecía unirnos tanto en aquel lluvioso mes de abril, cuando su paraguas amarillo y sus botas de agua se quedaban noche tras noche al lado de mi americana gris.

Ella suele darse cuenta de mis miradas y yo tampoco trato de evitarlas. Parece que encuentra cierto divertimento en restregarme lo falsamente feliz que es cambiando de amante cada noche, necesitando que todos los hombres que aparecen en su vida quieran (y consigan) tirársela.
He llegado a la conclusión de que vive por y para ser deseada, que en su cabeza no existe la idea de que alguien pueda quererla si no es por querer follársela.


Si no, ¿por qué se fue de mi casa aquella noche en la que se me ocurrió susurrarle un tímido te quiero?

26 de mayo de 2014

Cuestión de horario

Claire tendrá terminada la tarta de galleta y chocolate a eso de las siete, y no mas allá de las siete y cuarto estará hecha un ovillo en el sofá siendo un solo ser con la manta azul aprovechando al máximo el chocolate que se quedado pegado a la cuchara de madera mientras se decide entre ver Mentes Criminales o Hannibal.

Se quedará embobada con la caja tonta apretando contra sí el desecho cojín rosa o su viejo elefante de peluche. Estará tan ensimismada que no escuchará a Neill abrir la puerta y caminar a hurtadillas hasta el salón para colocarse tras ella y darle uno de esos sustos que a él le divierten tanto. Claire gritará, se caerá del sofá y en cuestión de segundos arrastrará a Neill con ella y no le dejará escapar.




Claire sonríe abrochándose el gastado delantal.
Son las seis y tiene una tarta que preparar.

20 de mayo de 2014

¿Qué será?

Hay quien lo llama felicidad o tal vez inconsciencia.

Esa sensación zigzagueante que parece generarse en el estómago y desde allí llega a los dedos de los pies y a cada una de las conexiones cerebrales del cerebro. Es ese hormigueo punzante que te arranca carcajadas en momentos inoportunos pero que te permite cerrar los ojos sin mayor preocupación que disfrutar de la voz de Andrea Boccelli al volumen perfecto en el equipo de música.

Otros tal vez lo llamen mera ilusión y algunos, los que menos, se atreven a llamarlo euforia.

Para mí, honestamente, el nombre viene a ser lo de menos. Lo único que se es que me encanta sentirlo en cada latido que nace en mi pecho y en todas las terminaciones nerviosas de mi ser. Que me hace feliz sonreír y guiñarle un ojo a la preciosa chica del espejo antes de salir.



Que por fin me he creído eso de que el mundo es mío si de verdad lo persigo.

13 de mayo de 2014

Por mí

Ya nunca veremos juntos el eclipse de Elia con los soles gemelos. No volveremos a escuchar a escondidas las canciones que tu yanyan le canta a los ancestros. No volveremos a bailar desnudos, tan cerca el uno del otro, celebrando la fiesta de la vida.
¿A quién la cantaré ahora al oído cada segundo amanecer? ¿Quién entrará conmigo en el jardín subacuático de Yanaisi para coger corales de Almir?
Dime, ¿quién?

Distingo tu figura envuelta en enormes hojas de dragul mientras caes cascada abajo. No recuerdo una imagen tuya más triste y a la par tan solemne.

Sigo aquí, donde se supone que tendrías que estar también tú, en lo alto del Árbol Madre a punto de empezar la gran carrera para demostrar todo lo que he aprendido a tu lado.

La desaparición de tu cuerpo genera en mí un grito que no logro saber de dónde sale, pero me dejo caer resbalando por el tronco del inmenso árbol a cuyos pies te besé por última vez.
Con tu imagen grabada a fuego en mi retina, corro como si no hubiera mundo suficiente, siento la tierra bajo mis pies y el viento susurrándome leyendas al oído.

No lloraré.
Lo nuestro valía mucho más que unas cuantas lágrimas al pie de una cascada.
Ahora ya no estás aquí, pero yo sí.
Y aunque pienso en ti casi cada segundo, no viviré a la sombra de un recuerdo.


Lucharé, creceré y avanzaré por mí tal como aprendí de ti.

7 de mayo de 2014

Miedos

Los primeros rayos de sol parecen hacerse hueco en el horizonte cuando Luke se da cuenta de que no ha pegado ojo en toda la noche.
Coge una cerveza fría y sale a la terraza con la esperanza de que el nuevo día traiga las respuestas que no ha podido encontrar a lo largo de demasiadas horas despierto.

¿Por qué seguía allí? ¿Qué le ataba a aquella casa medio derruida en medio de ninguna parte?
No era la primera vez que pensaba en marcharse, ciertamente era un pensamiento muy habitual en él. Hablaba de escapar prácticamente a diario, pero siempre había algo, cualquier cosa, que le impedían hacerlo.
Primero fue su madre, y más tarde la señora Louise que le había cuidado desde niño.
Más tarde fueron las improductivas clases de piano y los talleres que siempre dejaba a medias.
Lo último era ya la propia casa...
¿Qué sucedía? ¿Por qué no hacía más que ponerse trabas y levantarse murallas?

Luke se acabó la cerveza mirando al sol, siendo consciente de que a pesar de lo mucho que hablara de irse, no lo haría jamás.
Del mismo modo que nunca invitó a Jenny a los bailes de verano y que jamás fue a una sola fiesta en el bar de la esquina.

Entrando de nuevo en casa suspiró y pensó:

Ciertamente...
¿Cuánto perdemos por miedo a perder?

1 de mayo de 2014

Dura realidad

Y de pronto, vacío.

El lugar que durante mucho, muchísimo tiempo habías ocupado, se ha quedado frío.
Decidiste marchar sin avisar, dejando la puerta abierta de par en par y cuando he querido darme cuenta…

Nos es tarde. En este sinsentido que es la vida te he perdido y por mucho que lo intento no soy capaz de encontrarte. Grito tu nombre al viento pero este solo me devuelve una imagen efímera de tu recuerdo que yo, ingenua y tonta como siempre fui, trato de retener queriendo creer que sigues aquí.
Nos prometimos mundos imposibles, nos contamos historias impensables. Nos quisimos de esa extraña manera que solo permite la amistad, compartiendo los mejores abrazos y las más ardientes discusiones.

Y de pronto, vacío.

Ahora ni si quiera sé dónde estás. ¿Acaso estás igual que yo? ¿Piensas tal vez como pienso yo en qué es lo que ha pasado? ¿Me echarás de menos? ¿Pensarás en mí? ¿Recordarás las canciones de un casi olvidado musical y los relatos que me inspiraste a inventar?

Pero ya… da igual. Dicen que el tiempo todo lo cura y acabará por curarme una vez más.
Pero dime una cosa...



¿Cómo pasamos de mejores amigos a completos desconocidos?

28 de abril de 2014

La decisión

John solía mirarme con el mismo interés con el que observaba los cuadros de la sala de estar de su madre.
Tenía obsesión por lo bello y yo nunca había dudado de que poseía tan preciada cualidad. Le gustaba exhibirme como un objeto más de su creciente colección y lo cierto es que a mí nunca me molestó. ¿Por qué habría de hacerlo? Siempre he sabido que era hermosa y siempre disfruté con ello.

Pero de pronto, todo cambió.
¡Un hijo! ¡Esperaba un hijo!
Un pequeño ser se removería en mi interior deformando mi figura y maltratando mi belleza.
¿Cómo pretendían que amara a un ser cuya venida al mundo me destrozaría?
Ser madre era... ¡era cruel!
¿Cómo me mantendría esbelta y fina con eso haciéndose paso dentro de mí? Y después... mimarlo, criarlo, educarlo... ¡No! ¡Él se llevaría mis merecidas atenciones!
Entonces el tiempo pasaría y yo me marchitaría.
¿Qué sería de mí cuando la vejez llegara y mi tersa piel se arrugara? ¿Qué sucedería cuando mis ojos verdes se vieran velados por la edad y mi cabello oscuro se tornara gris? ¡No podía ni imaginarlo! Si mi belleza se marchitaba, John me apartaría con los trastos pasados de moda. ¡A mí! ¡A la que en su juventud fue la dama más adorada y envidiada de Inglaterra!
¡Y me sustituirían por esa criatura que pretendía salir de mí!

Tenía que hacer algo, ¡tenía que protegerme!
¿Cuál era el modo más sencillo de que no dejaran de admirarme? ¿Cómo podía conservar por siempre todo lo que era y no quería dejar de ser?

El plan se dibujó en mi mente como si siempre hubiera estado allí.
Tenía que conseguir quedarme tal cual estaba, sin cambiar absolutamente nada. Así sería perfecta para siempre.

Entré al anochecer en los aposentos de mi poco estimada suegra, cogí cuantas pastillas había en su tocador y me las tomé todas acompañadas por la botella de su mejor whisky.
Llegué como flotando a la habitación de John y me dejé caer sobre la cama pensando lo feliz que sería el con la decisión que había tomado. Entendería que quería ser eternamente bella para él y que aquel era el único modo de conseguirlo. Muriendo por y para él. Muriendo por lo que yo era y siempre sería: un bello objeto.

24 de abril de 2014

Vuelta al pasado

El chico de ojos oscuros le quitó el recién abierto botellín de cerveza de entre las manos girándose levemente.
Ella, sorprendida, se quedó mirándole a la espera de una explicación que, intuía, tardaría en llegar.
    _Y ahora estamos aquí_ dijo dando un largo trago_. Tú y yo. Como si el tiempo no hubiera pasado.
    _Pero sí ha pasado_ se atrevió a contestar ella_. Ya nada es lo que fue.
    _Podría serlo, ¿no crees?_ dejó el botellín sobre la barra y la miró fijamente_. Las cosas no son tan diferentes...
    _Todo es diferente_ susurró ella sin perder sus ojos_. Yo soy diferente

Se hizo de nuevo el silencio. Un silencio plagado del ruido de aquella maloliente y sobresaturada discoteca a la que ninguno de los dos sabía muy bien cómo había llegado. Era un silencio empalagoso, tenso, rozando lo insoportable. Un silencio con el que ninguno de los dos se sentía cómodo pero del que era demasiado difícil escapar.

    _Hace cuatro años…_ comenzó ella jugueteando con el botellín_. Yo era una cría aún. Jugueteaba, coqueteaba, tonteaba…
    _Pero te enamoraste_ atacó él con aquella palabra demasiado cara_. Te enamoraste de mí.
    _ ¿Y qué si así fue?_ se defendió_. Yo ya no soy aquella yo.
    _ ¿Tanto sufriste por mí?
Ella se terminó la cerveza y se puso frente a él sujetándole los hombros.
    _Lloré mil noches por ti. Me rompiste el corazón cachito a cachito de una forma que creí que no era posible. Me dolía hasta imaginarte_ se tragó las lágrimas_. Pero se acabó. Lo nuestro, si es que alguna vez tal cosa existió, se murió.
    _Yo lo maté, ¿no es así?_ susurró el sin moverse un solo centímetro_. Fui un cabrón insensible, ¿no? Un niñato. Un gilipollas.
    _Ya hace demasiado tiempo_ ella se dio la vuelta_. ¿Para qué le das vueltas ahora? ¿De qué vale? El tiempo todo lo cura… incluso un corazón con miedo a latir.

    _Quizá el tiempo haya pasado. Quizá hayamos cambiado_  dijo él viéndola caminar hacia la puerta_. Pero una parte de ti siempre me amará. Y una parte de mí siempre se odiará por haberte dejado escapar.

3 de abril de 2014

Quiero

Quizá lo que necesite ahora sea un poco de soledad aderezada con algo de buena música.

Sentarme sobre la mesa y mirar por la ventana, no para disfrutar de las maravillosas vistas como hago de vez en cuando, si no para ver más allá, sólo un poco más allá…

Quiero buscar en la línea del horizonte todos los paisajes que de pequeña me hicieron soñar para más tarde descubrir que no existían, volar sin alas hasta la segunda estrella a la derecha y luego todo recto hasta el amanecer, quiero ver a los personajes mágicos de los cuentos de hadas, encontrarme cara a cara con los dioses griegos y romanos para que me cuenten por sí mismos sus historias, descubrir entre las nubes versos de Keats y en la oscuridad del atardecer todos y cada uno de los cuentos de Poe, quiero descubrir a qué huele la música y cómo se describe con palabras el color azul. 
Y contarle a la luna qué se siente al ser besado con pasión y a qué saben las lágrimas que tiempo atrás bañaron mi almohada.

Quiero salir del mundanal y atroz ruido del día a día para ser capaz, al menos un rato, de disfrutar de todas esas imposibilidades e ideales que me hacen feliz.

1 de abril de 2014

Máquina del tiempo

Jhon McGunn acababa de cumplir diecisiete años cuando construyó la máquina del tiempo.
Y tenía diecisiete  años y tres meses cuando desapareció.

Sus padres, su hermana , sus amigos y todo el mundo en el barrio habían removido cielo y tierra tratando de encontrar el mínimo rastro de su paso.
Pero no había nada que encontrar.
Del pelo rubio y los ojos grises de Jhon solo quedaba el recuerdo.

La máquina del tiempo había funcionado perfectamente y Jhon sonreia mientras bailaba sobre un césped de colores imposibles con una joven de ojos violetas que se había colado una vez en su tiempo.

Jhon McGunn huyó de un presente deprimente y agobiante que no le dejaba ser quien el quería. Y se dejó  enamorar por un futuro que le ofrecía mucho más.

Ahora bien, ¿cual sería el precio que aquella locura le haría pagar?
Pues es de seres inteligentes pensar, que escapar de los problemas nunca lleva a buen lugar.

16 de marzo de 2014

Deseo

Tenerte entre mis brazos y apretar fuerte, arañarte la espalda de arriba a bajo y sentir como te estremeces.
Sentir tus labios repasando hasta la saciedad la curvatura de mi cuello mientras tus manos se enredan en mi pelo y un jadeo inquieto se fuga de mis labios temblorosos, deseosos de uno de tus besos.
Oír tu respiración entrecortada mientras mis manos recorren esa anatomía que tan bien conocen.


Comerte, besarte y hasta el pensamiento devorarte.

26 de febrero de 2014

Palpitar

Hay escarcha sobre los rosales del jardín trasero.
La noche ha sido fría y Liam lo siente hasta en el palpitar ralentizado de su corazón.
Se levanta de la cama y tose un par de veces queriendo forzar la máquina.
Parece que su corazón le oye, porque acomoda su latir a un ritmo más normal.

El desayuno está sobre la mesa.
Un té recién hecho y dos tostadas con mermelada de arándanos.
Louise ha debido levantarse ya y no le ha despertado.
Condenadamente dulce muchacha, Louise… una nieta que Liam duda merecer.

Cubre su pelo blanco con un gorro de lana y se pone los guantes para salir al jardín.
Vuelve a toser al encontrarse con la nieve y su corazón se queja.
Gruñe un insulto y avanza hacia los congelados rosales.

Liam llora en silencio mientras avanza por su amado jardín quemado por el hielo.
Una lágrima por cada rosa inmortalizada que su amada Eleine no volverá a ver.
Hace ya un año que ella se fue y hace un año que Liam sintió morir con ella.

Escucha los pasos de Louise en la nieve y se gira para abrazar a su nieta.
Ese enigma entre niña y mujer que tanto se parece a su difunta abuela.
La muchacha lo lleva de nuevo a casa y lo mete en la cama.

    _Yo también la echo en falta, abuelo_ susurra ella acariciándole el pelo_. A todas horas, a cada momento.
    _Niña…
    _Shh… calla, viejo loco_ trata de sonreír ella_. No me vengas diciendo que estas mayor, esa retahíla ya cansa… Regálame una sonrisa, una aunque sea pequeña… por favor abuelo…

El viejo sonríe apartando un mechón de pelo oscuro del rostro de ella.
La joven deja escapar el llanto y deja que su abuelo la acaricie con dulzura mientras canta una casi olvidada canción.

Cuando ella se marcha, Liam respira hondo y cierra los ojos para pensar en Eleine.

“Perdóname querida, quiero más que nada reunirme contigo, pero tengo que quedarme con ella. Tengo que cuidarla mientras pueda. Tengo que seguir obligándome a latir al menos un poco más. ¿Me esperarás?”

20 de febrero de 2014

Esta es la historia de un amor

Recuerdo la primera vez que te vi, apoyada contra la barandilla de madera de aquella enorme casa en la que tus compañeras y mis conocidos parecían pasárselo tan bien.
Tenías un botellín de cerveza vacío entre las manos y mirabas las estrellas queriendo contarlas todas.
Me detuve varios minutos en el marco de la puerta de cristal, pensando cual era la mejor manera de acercarme a la chica más bonita que había visto en mi vida.
Pero no hizo falta.
Fuiste tú la que te giraste y me invitaste a acercarme, y desde aquella sonrisa supe que no quería disfrutar de ninguna otra.

Yo volví a mi ciudad y creí que te olvidarías de mí, pero como tantas otras veces me equivoqué.
Tus cartas comenzaron a llegar y luego las citas, las llamadas, las fiestas que ya no me parecían tan aburridas…
Hiciste del mundo un lugar en el que merecía la pena estar, conseguías que el aire fuera más puro o al menos, parecía ser así para mí, pues respiraba mucho mejor cuando te tenía cerca.

Me gustaba empujarte en los columpios del parque a medianoche antes de escaparnos a la playa hasta el amanecer, la manera en que sonreías con los labios manchados de espuma de capuccino, el olor a libros y azahar de tu pelo oscuro, los desayunos con mis sudokus y tus crucigramas.
Adoraba la curva de tu cintura entallada por alguno de aquellos vestidos blancos y azules que te ponías para ir a ensayar, tus ojos entrecerrados cuando me dejabas ganar al ajedrez para hacerme jaque mate justo en el último minuto, la manera en que me decías adiós desde tu moto destartalada mandándome besos…



Pero entonces los médicos dijeron que no eras real, que nunca habías existido y ahora…
Ahora todo me parece horriblemente gris y vacío.

¿Qué voy a hacer si no estás aquí conmigo?

16 de febrero de 2014

Pequeñas cosas

Son… pequeñas cosas.

Pequeñas cosas que a veces son GIGANTES.  
Como un cielo estrellado una noche de verano o un amanecer en la playa mientras el agua te empapa los pies y entierras las manos en la arena. Como un concierto de tu grupo favorito seguido a pie de escenario dejándote la voz y la pasión.

Pequeñas cosas tan, tan pequeñas que son invisibles.
El olor a croissants un domingo por la mañana, el sonido intangible de la risa de un niño pequeño al que hacen cosquillas, la vibración en el estómago que produce el ritmo de bajo de una canción a un volumen que muchos tacharían de demasiado alto, la sensación eléctrica de una caricia en la espalda o de unos labios cerca del oído.

Pequeñas cosas que dejan de ser cosas para ser mucho más.
Una caja de cartón en manos de dos niños inquietos. Un folio en blanco ante un aspirante a escritor. Un libro. Una guitarra. Un pincel. Un pentagrama. Un bol de nata vacío. Una cama desecha.

Pequeñas cosas que se convirtieron en pequeñas cosas sin darse cuenta.
La palabra idiota. Una canción tonta de la fiesta del pueblo. Una retahíla que le repites a tu hermano cuando estás lejos. La pasión por cantar. El hecho de escribir. El subir a un escenario. Un beso en los labios y un darse la mano al pasear.

Son… pequeñas cosas.
Quizá no tan pequeñas y quizá no solo cosas.




Pero… ¿qué son si no?

11 de febrero de 2014

Búsqueda completada

Después de mucho tiempo buscando, fue la Felicidad quien me encontró a mí y no al revés. Llamó una y mil veces a mi puerta y trató en vano de colarse por mi ventana.
Pero yo, cansada y desencantada, ni si quiera me di cuenta de que estaba allí.

Aun así la Felicidad no quería darse por vencida y de verdad quería llegar a mí, y al no alcanzarme se dirigió volando como solo ella sabe al edificio de al lado, donde un joven guitarrista con alma de blues y rock n’ roll componía sus primeras obras de arte y deliraba las primeras letras de un sinfín de canciones.

Fue a Él a quien la Felicidad escogió para llegar a mí, y por supuesto lo consiguió.

Lo consiguió con conversaciones hasta horas intempestivas de la madrugada hablando en un rellano o en un altillo, lo consiguió buscando desdobles a cierta canción de los Beatles, lo consiguió dedicándome alguna que otra mirada desde algún que otro escenario…

Y lo mejor de todo, es que aún hoy, lo sigue consiguiendo día tras día, con más canciones y versos, con besos, sonrisas y reencuentros, con cervezas y copas en noches de viernes que duran hasta casi el amanecer…

Con promesas que se van cumpliendo y la fuerza que ambos ponemos por ser, y seguir siendo, felices.

2 de febrero de 2014

Mi Diosa

Volvieron la noche y su séquito de estrellas a llamarme a gritos desde el el alfeizar de la ventana.
Traté, tonto de mí, de ignorarlas.
Pero fue imposible.

Respondí a su llamada a través del cristal y dejé que aquella diosa llamada Luna me sedujera como hacía cada noche desde el día que nací.

La ventana se abrió para mí y cerré los ojos para dejarme arrastrar a mi cielo añil que me añoraba tanto como yo a él.

Ingoré las llamadas desde demasiados kilómetros bajo mies pies de las personas que decían quererme y volé sobre mis hermanas las estrellas hasta abrazar a mi amada diosa, dueña única y verdadera del loco corazón de este viejo poeta que solo vive por ella.

24 de enero de 2014

Narine

Narine devoraba palabras de Chéjov envuelta en una manta azul cobalto con una humeante taza de chocolate al alcance de la mano.
Tímidos rayos de un sol de Noviembre caldeaban sus hombros agarrotados queriendo sacarla de la ensoñación en la que el autor ruso la tenía envuelta, pero no lo lograban.

Narine era más feliz escondida en las páginas de los libros.

El timbre sonó tres veces antes de que Narine se dignara a levantarse a abrir la puerta.
Suspiró tres veces arrugando la nariz y caminó por el largo pasillo hasta la puerta principal.

Se asomó lo suficiente para descubrir quién la interrumpía y un escalofrío recorrió su espalda cuando se encontró con los ojos marrón chocolate de Tony.

    _Venía a buscar mi camisa, pero por lo que se ve tiene nueva dueña.
Narine enrojeció sin abrir un milímetro más la puerta, siendo consciente de que llevaba puesta la camisa de cuadros de Tony sin absolutamente nada más debajo.
    _ ¿No me invitas a pasar?

La puerta  se abrió mientras Narine corría hacia la desordenada habitación.
Antes de que encontrara algo con lo que vestirse, Tony se acercó y la abrazó por la espalda.

    _Estaba leyendo_ susurró ella dándose la vuelta entre sus brazos.
    _Prometo regalarte universos más hermosos que el Jardín de los Cerezos.


La puerta se cerró con un golpe secó y la taza de chocolate se congeló igual que se congelaron las palabras de Chéjov en el libro que durante las horas siguientes Narine olvidó.

19 de enero de 2014

Recuerdos

No recuerdo muy bien qué día era.
Tampoco la hora.

Pero sí recuerdo la lluvia.
Recuerdo casi cada gota queriendo atravesar el cristal de mi ventana, un universo acuoso que bajo la tenue luz de la lámpara parecía adoptar mil cambios en un micro-segundo.

También recuerdo el sutil aroma de un perfume que aún hoy consigue erizarme el vello de la nunca y me obliga a morderme los labios.
Una mezcla de menta, limón y calor que me persigue en sueños.

Recuerdo un suspiro lento de  mis agotados pulmones atravesando mi garganta con sabor a ron y regalices rojos.
Una mezcla tan explosiva como explosivo es mi corazón.


Y recuerdo cerrar los ojos, tirarme en la cama y susurrarle a la almohada tu nombre deseando que fueras tú.

15 de enero de 2014

¡BANG!

Nadie te dice nunca, ni en las películas ni en las novelas, lo que quema el cañón de un revolver cuando acabas de disparar.
Tampoco te cuentan que te pitan los oídos por el ensordecedor estruendo y que por un momento te viene a la cabeza que el recién fallecido podría despertar con semejante ruido.

Suspiro con un amago de sonrisa.

Contemplo la escena asegurándome que todo está como debe estar, ni un rasguño en mis guantes que haya podido dar lugar a huella alguna, nada de pintalabios en una copa o unas pisadas justo bajo la ventana.
Llevo demasiado tiempo dedicándome a esto como para cometer semejantes errores de telenovela barata.

Me reúno con la noche guardando mi humeante revolver huyendo lejos de allí, tengo los billetes de avión sacados desde hace mucho tiempo.


Para cuando encuentren a mi pobre víctima, yo ya estaré muy lejos de aquí.

10 de enero de 2014

Noches insomnes

Camino a tientas entre la oscuridad, busco tu mano casi desesperedamente.
Pero no la encuentro.

Ahora el miedo me ha cegado de nuevo y me cuesta demasiado encontrarte.

El miedo a que ya no estes ahí para arroparme entre tus brazos y decirme muy bajito al oído que sigues conmigo, que seguimos juntos en este camino.

El miedo a que desaparezcas y una vez más, me quede sola y perdida en esta oscuridad que me aprisiona el corazón y me corta la respiración.

Pero creo, o al menos quiero creer, que tú también me buscas en este sinsentido, que sigues aquí necesitándome como yo a ti, que no te has ido y aunque ahora estemos perdidos, luchas igual que yo por volver a estar unidos.

7 de enero de 2014

María

María abrió la ventana y las estrellas parecieron sonreírle, la luz de la luna se filtraba por entre las cortinas sacando brillos caleidoscópicos a cada rincón de la habitación.

Una media sonrisa se dibujó en sus labios y corrió hacia la puerta sin hacer el más mínimo ruido.

Bajó las escaleras de puntillas y salió al inmenso patio trasero que la acogió como si llevara mucho tiempo esperándola. Los floridos rosales y los despampanantes árboles frutales parecían susurrar su nombre, y ella, fiel a su llamada, caminó entre ellos hasta llegar a la fuente de plata con forma de reloj de arena en la que tantas veces había disfrutado de una tranquila lectura, un helado café o la cálida compañía de alguno de sus amantes.

4 de enero de 2014

Deseos

-Vale, sí, ¿y qué más?

+ Coger las olas del mar con las manos, colocar las estrellas con la punta de los dedos, bailar en medio de una barrera de fuego, volar con los brazos extendidos y luchar contra el Capitán Garfio en el país de Nunca Jamás. Subir a un escenario y cantar. Bailar toda la noche, gritar con el viento en contra, dar volteretas al amanecer y regalar sonrisas. Y dar abrazos. Y besos. Muchos besos. A todo el mundo.

- ¿A todo el mundo?

+ Exacto. A todo el mundo. ¿A quién le amarga un dulce?

1 de enero de 2014

Volver

Nora abrió el baúl cubierto de polvo desde hacía demasiado tiempo.
Casi se le saltan las lágrimas al coger la estilográfica gris y los papeles ya amarillentos de la máquina de escribir que la llamaba a voces desde el ático.
Sonrió mientras corría escaleras arriba y una vez que se sentó en el demacrado escritorio, suspiró y comenzó a escribir.
Era hora de volver.

Había estado perdida demasiado tiempo.