28 de mayo de 2012

Alabanza

"Dioses que gobernáis la inmensidad del Universo: yo, vuestra fiel y firme sierva, os pido por enésima vez el mismo deseo.

Otorgarme, solo por una vez, el honor y privilegio de descender del cielo, de abandonar al menos por un momento este oscuro y triste firmamento.
Este firmamento que me retiene, me acorrala, me encadena a una monotonía amarga y atroz que acabará por colapsar mis sentidos.

Oh, Dioses, dejadme liberar mi esencia y sentir lo que es pisar el suelo, ver desde abajo vuestro majestuoso e infinito reino.
Oh, Diosas, permitirme experimentar el amor que poetas y músicos me profesan, el anhelo que los amantes muestran de mi presencia.

Dioses que gobernáis la inmensidad del Universo: dejad que yo, vuestra niña Luna, escape al mundo torno al que giro y que es lo único por lo que vivo"

9 de mayo de 2012

Carta a las tres de la mañana

Hola mamá:

Hace frío esta noche. Mucho frío.
O quizá soy yo la que esté fría, congelada, incapaz de entrar en calor.
Espero que no te hayas quedado dormida en el sofá otra vez, sabes que es mortal para tu espalda, y cuando no estoy en casa no te puedo convencer para que vayas a la cama.
El pequeñín llevará ya horas dormido, abrazado a la mantita y al osito... mi pequeñín...

Hace frío esta noche, mamá. Mucho frío.
Quisiera tenerte aquí. O estar ahí. No lo se.
Darme un baño largo y caliente y meterme en la cama mientras me secas el pelo como cuando era pequeña. Y que me cantes El Pozo de los Sueños como seguramente le has cantado al pequeñín hace un rato.

Han vuelto las pesadillas, mamá.
Otra vez están aquí. Atormentándome. Impidiéndome descansar.
Las odio.
Las cogería todas, las aplastaría y las haría cachitos para que no volvieran nunca más.
Quiero irme corriendo a tu cama como hace el pequeñín y acurrucarme a tu lado para que me protejas de todo esto que sigue haciéndome daño.

Tengo miedo, mamá.
Lo sigo teniendo.
Tengo miedo de mi misma, de mi memoria y mis recuerdos, de todo lo que me viene a la cabeza cuando me pongo a pensar. Miedo de seguir encerrada en mi misma y no hablar con nadie de esto jamás.
Porque sigue aquí, mamá. No se ha borrado. Ni se borrará nunca.
Él jamás saldrá de mi vida, de mis recuerdos, de mis pesadillas.

Hace frío esta noche, mamá. Mucho mucho frío.
Ven aquí, conmigo, arrópame y cántame una nana.
Y prométeme que las pesadillas se irán y no tendré miedo nunca más.


Te quiero.
Te quiero mucho.