12 de noviembre de 2012

V - Fin del espectáculo

    _Lía..._ susurro tratando de deshacer el nudo de mi garganta.
    _Yo tratando de llamar la atención y tú siempre superándome_ sonríe. Con esa sonrisa que hace años me robó el corazón_. La lencería fina supera las camisetas cortadas.
Corro hacia ella.
Lloro.
Río.
Me tiro a sus brazos y las dos caemos rodando entre los atónitos invitados a mi falsa fiesta de compromiso.
Me acaricia el oído con los labios.
Me susurra las dos palabras más caras de la historia.
"Te amo".
Busco a tientas sus labios, y los encuentro llamándome a gritos.
Respondo a la llamada.
Devoro esos labios que solo me pertenecen a mí y que encajan perfectamente sobre los míos.
    _ ¿Rose?
Es la voz de Alex.
Alex.
Mi prometido Alex.
Trato de recuperar la compostura aunque es imposible con ella allí.

Alex está alterado.
Muy alterado.
Le acabo de dejar en el mayor de los ridículos. Creo que Regina me invitará a unas cuantas copas por ello.
    _Serás puta... _dice entre dientes con unos ojos que arden y parecen querer matarme.
    _Creo que será mejor que me marche_ respondo con mi voz más suave_. No quiero causar más problemas.
    _Desaparece, zorra_ dice Alex con ademán de levantarme la mano_. No eres más que una sucia puta. No quiero volver a verte.
    _Yo tampoco_ respondo_. No acostumbro a mostrarme amigable con la gente que me insulta.
    _ ¿Y qué debería hacer? ¿Colmarte de regalos por mentirme y jugar conmigo?
    _Me dedico a eso.
    _ ¿A qué exactamente?
    _A romper corazones.

Me doy la vuelta para que Alex no me vea llorar.
No me gusta que me llamen puta.
No delante de Lía.
Y mucho menos delante de mi hermana.

    _Gracias por todo_ susurro ya en la puerta y aferrada con fuerza a la mano de Lía.
    _Gracias por nada_ responde Alex a voces.

Salimos de la casa.
Yo en lencería, mi hermana con harapos y Lía con su particular estilo.
Las tres nos abrazamos.
Ahora que tengo a mi lado todo lo que me importa nada puede salir mal.
Nada.

25 de octubre de 2012

IV - Plan de Escape

Sonrío.
Se me da bien sonreír.
Y después de tanto tiempo en el negocio de Joe puedo llevar conversaciones banales con las amigas de mis prometidos teniendo mi mente lejos de ellas.
Hoy mi mente no puede estar más lejos.
Ni mi sonrisa ser más cálida.
Joe está muerto. Le han asesinado. El mismo hombre que hace siete años mató a mis padres.

    _ ¿Querida?_ distingo la voz de Alex.
    _Dime amor mío_ digo avanzando hacia él.
Le beso en la comisura de los labios.
Le cojo de la mano y sonrío a los invitados.
    _Después de lo de Regina jamás creí que volvería a tener a alguien en mi vida... pero Rose_ me mira, con esa mirada de enamorado perdido, esa que tantas veces he visto_ me ha cambiado la vida. Rose, con su cabello oscuro, rizado y sus ojos verde translúcido. Rose, con su sonrisa...
    _¡Rose con ese cuerpo, hermano mío!_ oigo decir a mi supuesto cuñado, Dave_. Porque madre mía, ¡tienes un gusto exquisito!
La gente se ríe.
Me obligo a ruborizarme.
    _Si, Dave, también eso_ aprieta mi mano_. Mañana me desposaré con esta mujer, mañana...

No le da tiempo a acabar.
La puerta del patio se abre y la gente se aparta mientras una niña andrajosa y pestilente avanza hacia mí.
Dibujo mi  mayor cara de sorpresa y Alex palidece.
    _Mamá... vuelve a casa...
Cogo a mi hermana por la muñeca y la arrastro hacia mí.
La gente cuchichea.
Finjo hablar en susurros pero lo que pretendo es que todos me oigan.
    _Evangeline, ¿qué haces aquí? ¿Qué te dije? Que no me siguieras, que yo te buscaría, que te haría llegar dinero y comida... ¡¡Me has dejado en ridículo, Evangeline!! ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué vamos a hacer?
Rompo a llorar, mi maquillaje se corre.
Mi hermana sonríe durante una milésima de segundo.

    _ ¿Rose?
Alex me acaricia el hombro.
No entiende nada de lo que pasa.
Me mira pidiendo a gritos que eso sea una mentira.
Yo le beso la mano y me vuelvo hacia mi público de esa noche.
Me quito la alianza y la envuelvo en las manos de Alex.
    _Me temo que te he mentido_ digo con una media sonrisa_. Y no me ha salido bien.
    _Pero... tú y yo... nuestra boda...
    _No Alex... _mi hermana se acerca_. Esta es Evangeline. Es mi hija. Está enferma y yo no tengo trabajo y no puedo..._ me convulsiono, lloro_. Yo solo quiero sacar adelante a mi hija. Lo siento mucho Alex. Lo siento mucho. Te devolveré todo. Lo prometo.
Cumplo mi palabra quitándome el vestido color crema con broches de oro y quedándome en lencería de encaje y tacones.
Me doy la vuelta y empiezo la cuenta atrás.
Cinco... cuatro... tres... dos...uno...
    _Rose espera_ es la voz de Alex.
Sonrío antes de girarme de nuevo.
    _Me da vergüenza hasta mirarte a la cara_ susurro_. Evangeline, vámonos.
    _Rose... mi amada Rose... mi adorada Rose_ me aparta el pelo de la cara_. Tal vez en otra situación tú y yo...
    _No lo creo_ medio sonrío_. Yo solo pienso en mi hija.
    _¿Y en mí no?_ dice una voz.
Eso no tenía que suceder.

Pelo corto color violeta. Ojos grises, como una tormenta. Pantalones cortos, medias rotas, botas militares, camiseta dejando entrever el sujetador.
No puedo evitar sonreír y llorar de la emoción.
 
    _Creo que no vengo vestida para la ocasión_ sonríe_, una no sabe como ha de vestirse para interrumpir la fiesta de compromiso de su  novia.












pd: perdón por mi prolongada ausencia. He estado sin internet -_-

9 de agosto de 2012

III - Tragedia

    _Joe me va a matar, Kora.
    _Eso es discutible_ dice mi hermana metiéndose en la bañera aún llena_. Una persona muerta no puede matar a nadie.
Me quedo sin habla.
Congelada.
Casi mortalmente pálida.
    _ ¿Qué quieres decir? No es posible...Joe... tiene que...
    _Que venir a dejarte mal, lo se, como siempre_ vuelve a llorar_. Estábamos preparándonos, esta vez yo iba a venir con él, en plan padre e hija buscando a mamá desesperadamente. Pero...
    _ ¿Pero qué?
Las lágrimas apenas la dejan hablar.
Sólo tiene doce años, pero sus ojos, su intensa mirada la hacen parecer dolorosamente más mayor.
    _Alguien entró en la casa. En cuanto oí la puerta me escondí en el armario, como tú me has dicho siempre. Dos hombre entraron en el cuarto. Ni si quiera dijeron nada, Em... Empujaron a Joe contra el suelo, uno de ellos sacó una katana, y le cortó la cabeza.
La seriedad con la que habla me da auténtico pánico.
    _Desmantelaron tu cuarto, pero no se llevaron nada, y se marcharon_ dos lágrimas rodaron de nuevo_. ¿Cómo voy a sacarte de aquí?
    _Con el numerito de hija de madre soltera, pobre, desaliñada, yo me avergonzaré le devolveré todo, me quitaré el caro vestido en público y como le daremos pena, nos dejará todo. Es buen plan, al menos aceptable.
    _Pero yo sola... no puedo... yo...
    _Kora, buscaremos la manera de salir de esta y de seguir adelante. Te lo prometo.

Mi hermana sale de la bañera, se despeina y se rasga la ropa.
Me besa en la frente, como hacía mi padre.
Se acerca a la ventana y antes de salir se gira una vez más hacia mí.

    _Emily, el hombre que mató a Joe tenía el pelo rojo. Era él, lo se_ me mira_. Era el hombre de pelo de fuego que mató a papá y a mamá.

31 de julio de 2012

De vuelta

Lo primero LO SIENTO MUCHO.
Mi ausencia ha sido más larga de lo que yo esperaba... terminé el año bien, si ni si quiera necesidad de convocatoria extraordinaria, me fui a la playa con la familia a mis amadísimas tierras gallegas, y cuando he estado de vuelta a casa me he liado a ensayar, a cantar, a tratar de componer, a leer (si, después de mil años, me he vuelto a encerrar más en los libros que en el ordenata) y ahora que ya soy una persona medianamente coherente de nuevo, vuelvo.
Prometo ser más regular en esto del blog, de verdad que si.


Para que no me odiéis mucho os dejo con un trocito de proyecto en el que estoy trabajando con una joven y prometedora artista de las letras.


Cuando le vi se me encogió el corazón.

Siempre había sido guapo. Muy guapo.
Tenía los ojos oscuros, cálidos, hipnóticos, como una enorme piscina de café oscuro en noches que no te apetece en absoluto dormir.

Sonreía, y su sonrisa detenía mundos y calmaba tempestades.



Me gusta estar de vuelta.
Echaba esto de menos.
Mucho.

12 de junio de 2012

II - Preparativos


Mañana me caso.
Al menos, eso es lo que mi queridísimo prometido, Alex, cree.
Pobrecito, sus ilusiones se harán añicos en cuestión de horas.


Sonrío mientras pienso en la historia que inventará Joe esta vez.
¿Una fugada de la cárcel? ¿De un psiquiátrico? ¿Vendrá con su uniforme de policía y me acusará de ladrona de lujo? ¿O de contrabando?
¿Fingirá ser mi marido trayendo niños y todo a la casa?

 Cierro los ojos y me sumerjo en la enorme bañera blanca rebosante de espuma que me espera impaciente.
El baño – mi baño, solo mío, ¡increíble!- es más grande que el apartamento en el que vivo cuando no estoy trabajando, tallado en mármol blanco con adornos de oro puro, con suaves toallas de colores pastel y un permanente aroma a lavanda.
Creo que no tardaré en dormirme.

Unos golpes en la puerta me hacen despertar. ¿Quién llama? ¿Y por qué?
    _Señorita Rose, tiene visita_ susurra la voz de Luise, la sirvienta, desde el otro lado.
    _ ¿De verdad crees que voy a recibirla en la bañera, Lu?
    _Yo no quería molestarla, señorita, de verdad que no. Pero la muchacha ha insistido, dice que es urgente, que tiene que verla ya mismo.
¿Muchacha? ¿Una muchacha?
No.
Eso es malo.
Ella no puede estar aquí. No debe. Bajo ninguna circunstancia.
    _ ¿Qué muchacha, Lu?
    _Una jovencita de ojos verde esmeralda y cabellos oscuros. Señorita, dice que es su hermana.
Definitivamente es muy, muy malo
    _Hazla pasar.

Salgo de la bañera y me envuelvo en una toalla de color crema justo cuando se abre la puerta.
Unos ojos verdes me piden ayuda a gritos.
Una ayuda que jamás podría negar.

Abro los brazos para esconder en ellos a mi hermana mientras se echa a llorar.
Esto trastocará mis planes.
Quizá demasiado.

28 de mayo de 2012

Alabanza

"Dioses que gobernáis la inmensidad del Universo: yo, vuestra fiel y firme sierva, os pido por enésima vez el mismo deseo.

Otorgarme, solo por una vez, el honor y privilegio de descender del cielo, de abandonar al menos por un momento este oscuro y triste firmamento.
Este firmamento que me retiene, me acorrala, me encadena a una monotonía amarga y atroz que acabará por colapsar mis sentidos.

Oh, Dioses, dejadme liberar mi esencia y sentir lo que es pisar el suelo, ver desde abajo vuestro majestuoso e infinito reino.
Oh, Diosas, permitirme experimentar el amor que poetas y músicos me profesan, el anhelo que los amantes muestran de mi presencia.

Dioses que gobernáis la inmensidad del Universo: dejad que yo, vuestra niña Luna, escape al mundo torno al que giro y que es lo único por lo que vivo"

9 de mayo de 2012

Carta a las tres de la mañana

Hola mamá:

Hace frío esta noche. Mucho frío.
O quizá soy yo la que esté fría, congelada, incapaz de entrar en calor.
Espero que no te hayas quedado dormida en el sofá otra vez, sabes que es mortal para tu espalda, y cuando no estoy en casa no te puedo convencer para que vayas a la cama.
El pequeñín llevará ya horas dormido, abrazado a la mantita y al osito... mi pequeñín...

Hace frío esta noche, mamá. Mucho frío.
Quisiera tenerte aquí. O estar ahí. No lo se.
Darme un baño largo y caliente y meterme en la cama mientras me secas el pelo como cuando era pequeña. Y que me cantes El Pozo de los Sueños como seguramente le has cantado al pequeñín hace un rato.

Han vuelto las pesadillas, mamá.
Otra vez están aquí. Atormentándome. Impidiéndome descansar.
Las odio.
Las cogería todas, las aplastaría y las haría cachitos para que no volvieran nunca más.
Quiero irme corriendo a tu cama como hace el pequeñín y acurrucarme a tu lado para que me protejas de todo esto que sigue haciéndome daño.

Tengo miedo, mamá.
Lo sigo teniendo.
Tengo miedo de mi misma, de mi memoria y mis recuerdos, de todo lo que me viene a la cabeza cuando me pongo a pensar. Miedo de seguir encerrada en mi misma y no hablar con nadie de esto jamás.
Porque sigue aquí, mamá. No se ha borrado. Ni se borrará nunca.
Él jamás saldrá de mi vida, de mis recuerdos, de mis pesadillas.

Hace frío esta noche, mamá. Mucho mucho frío.
Ven aquí, conmigo, arrópame y cántame una nana.
Y prométeme que las pesadillas se irán y no tendré miedo nunca más.


Te quiero.
Te quiero mucho.

16 de abril de 2012

I - Rose


Me llamo Rose.
Al menos, así es como me llamo esta noche.
Así es como mi contratante decidió que me llamara.
Me gusta Rose.
Es elegante, distinguido, con clase.
Todas esas cosas que no soy en absoluto.
¿Qué cual es mi auténtico nombre?
No lo recuerdo.
No acostumbro a poner nombres.
Las personas cambian demasiado a lo largo de la vida como para que sean siempre llamadas de la misma manera.

Este local es agradable, música suave en directo, hombres con traje, mujeres peinadas y entalladamente vestidas con ropas estrepitosamente caras.
Me gustan estos locales. Huelen a dinero.
Y a mí me encanta el dinero.
Por eso estoy aquí, esperando para comenzar a trabajar.
¿A qué me dedico?
Es muy sencillo.
Conquisto hombres.
Así de simple.
Mujeres ricas y despechadas, dolidas por un hombre que las ha dañado, buscan venganza.
Y yo se la doy.
Cortejo a esos hombres. Los seduzco. Los vuelvo locos. Los enamoro. Los cautivo. Los hago míos.
Y al final, me piden que me case con ellos.
Yo sonrío y les digo que sí, acepto sus anillos, sus joyas, sus vestidos, sus cenas.
Soy la perfecta prometida.
En los últimos tres meses me he prometido once veces.
Y el día antes de la ansiada boda –o incluso el día mismo alguna vez- se desvela un falso hecho de mi pasado que hace que al pobre hombre se le rompa el corazón.

Y de eso, señores míos, es de lo que se encarga mi jefe.
Me gusta llamarle Joe.
El día señalado, él aparece en escena. Saca trapos sucios de mí y nos vamos los dos con los regalos del hombre desencantado y los dólares de la señora despechada.
Me encanta Joe.
Tiene una nueva historia para cada hombre, y cada cual más retorcida y más perfecta. Sabe donde tiene que tocar para que me mande a freír espárragos.
A Joe le gusta llamarme Emily.
A mí no me disgusta.
Dice que le recuerdo a la eterna prometida nunca desposada, la novia cadáver de Tim Burton.
Quizá tenga razón y ese sea un buen nombre para mí.

En fin, tengo que dejaros.
Alex acaba de entrar y tengo que hacerlo mío.
No creo que sea difícil, no ha dejado de mirarme las tetas desde que ha entrado.
Bien, invirtamos el dinero de la pobre Regina.
Vamos pequeña Rose, camina hacia tu duodécimo compromiso.

30 de marzo de 2012

Teatro

Hoy es día de focos. Y público. Y aplausos.
Es día de maquillaje y peinado.
Es día de camerinos, de músicos afinando, de cambios de escena.
Es día de baile, de cante, de diálogo.

Hoy es día de caos, de escaleras, de telones, de cuatro cambios de vestuario.
Es día de afinar, de entrar a tiempo, de actuar, de improvisar, de no fallar.
Es día de aparentar, de actuar, de darlo todo y más, de meterse en otra piel.


Señoras y señores, hoy es día de Zarzuela


http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/zarzuela-con-solera-berciana_678562.html

Hoy a darlo todo y más en el Teatro Bérgidum con mi queridísima coral Solera Berciana y la Escuela de Música Ciudad de Ponferrada.
Vamos allá
(:

14 de marzo de 2012

Dieciocho de Enero de 1912


El capitán Scott, acompañado de Evans, Wilson, Bowers y Oates, alcanza el Polo Sur. El cansancio y el frío hacen mella en sus cuerpos. Sus dedos agrietados, sus labios cuarteados, sus pies comidos por el hielo. Exhaustos y sin aire pisan el que llaman el punto de latitud cero.
Scott no sonríe. Evans y Wilson callan. Bowers y Oates miran deprimidos al capitán.
Todos la ven.
Los cinco contemplan abatidos el ondear de la roja bandera noruega. Roja como la sangre que hierve en el interior de Scott al pensar que Amudsen se le ha adelantado. ¿Cuánto tiempo haría? ¿Una semana? ¿Un mes?
Oates suspira y carga con su mochila, con un gesto impulsa a Wilson a ponerse en pie, a comenzar el triste y largo regreso a casa, donde quizá algún día puedan recordar aquello sin sentirse tan decepcionados y humillados.

Son cinco. Cinco tristes ingleses con miedo a perderse en un desierto de hielo continúan su andadura, en fila de a uno, un pie tras otro. Un mes después, Evans camina el último, agotado, desvalido, horriblemente desolado. Y la muerte no tiene piedad. Se ríe de él demostrando su superioridad.
Las lágrimas se congelan en los rostros de sus compañeros, que, impotentes, dejan a su amigo bajo una tumba de hielo.
Oates no puede más. Sus pies han muerto y lo único que existe es hielo. Hielo que se ha adueñado de sus manos al arrastrarse, tratando en vano de encarar lo que se le viene encima. Pero nadie se atreve a dejarle atrás, Scott jamás se lo perdonaría. Ya ha pasado otro mes y la noche fría y sin luna se lleva con ella a Oates que no volverá a despertar jamás.
Scott no dice nada. Coge el diario de su compañero y se pone en pie. Wilson y Bowers le siguen, inamovibles, deseando volver a su querido Londres y así ensalzar la figura de sus compañeros perdidos. Los tres en silencio, arduo y duro silencio pensando en sus hijos, en sus mujeres, en una vuelta a casa que no llega nunca.

Y así, el treinta de marzo, el diario de Scott finaliza junto con él y sus compañeros. La muerte disfrazada de hielo termina con ellos.


Ya nunca volverán a abrazar a sus hijos, ni a besar a sus mujeres. No volverán a ver el sol ni a escuchar lo que de ellos se dirá.
Los cinco héroes ingleses caen inertes sobre el Fin del Mundo, esperando unas ayudas que jamás llegaron y unas palabras de aliento que nadie pudo decirles.


Acompaña al texto, Héroes de la Antártida, Mecano http://www.youtube.com/watch?v=QlG-9rl7H4w

23 de febrero de 2012

Baila una vez más

Bueno... hoy os dejo con otra faceta artística de aquí la señorita Anaíd, es una canción mía a ver que os parece.

A la voz: Una servidora, Anaíd
A la guitarra: Mi queridísimo idiota, Gabriel





Y avanza, arrastrando la Muerte en sus pies
jugando con ella a su merced
siendo la reina del hielo
mi adorada diosa del Edén

3 de febrero de 2012

Un Regalo para Jeremy


ATENCIÓN: Este texto no es apto para cardíacos ni personitas especialmente sensibles.

La puerta metálica se cerró tras él con un golpe seco y escuchó en la oscuridad como tres pestillos le encerraban en aquel lugar.
_Gracias por venir, Jeremy
_ ¿A qué estás jugando, Sophie?
_Tengo un regalo para ti.
Sophie se dio la vuelta mientras los fluorescentes parpadeantes se encendían. Llevaba una bata blanca llena de manchas, la melena oscura que tiempo atrás había brillado con luz propia trataba inútilmente de permanecer recogida en un moño del que se escapaban varios mechones los cuales caían sobre unos ojos color chocolate inyectados en sangre.
Se acercó más a él y le ofreció la copa de Bourbon que tenía entre las manos y por la cual resbalaban pequeñas gotas de sangre.
Jeremy la rechazó y ella se la bebió de golpe.
Sin preguntar, le cogió la mano y lo arrastró por el almacén entre tubos de ensayo, camillas metálicas y toda clase de cuchillos hasta llegar a los pies de una cama que estaba completamente a oscuras.
_Ahí la tienes, Jeremy. Toda para ti.
Una luz cegadoramente blanca iluminó la cama y a Jéremy se le detuvo el corazón mientras notaba las arcadas que subían por su garganta.
_Es perfecta, ¿no crees? Tal y como a ti te gusta.
_Sophie..._ susurró a duras penas con sabor a vómito en la boca.
_Fíjate bien, Jeremy, mírala muy despacio. ¿Ves esas piernas? Son las de Maddi, la chica a la que tanto mirabas en atletismo. El torso y los pechos son lo de tu adorada Miranda, la barbie animadora. Los brazos son los de Odette, la bailarina de tus vídeos. ¡Ah! Y también los pies. Las manos son de Judy, la pianista del grupo de mi hermano, ¿te acuerdas? y la cabeza y el pelo son de María, la modelo de la revista de tu padre. Los labios... me han dado trabajo, no creas, no ha sido nada fácil encontrar a Charlotte. Se que te gustaba más su voz que sus labios así que...
De uno de los bolsillos de la bata sacó una pequeña grabadora que activó con rapidez.
"Canta para mí Charlotte" "Por favor Sophie, basta" "¡Canta! ¡He dicho que cantes!"
La melodiosa voz de Charlotte seguía siendo hermosa a pesar del miedo y de la manera que tenía de llorar.
La canción de Charlotte seguía sonando cuando Sophie volvió a hablar.
_... la nariz es de la pequeña Eli, según tú, la mejor proporcionada y las orejas son las de Daniela, esas las he elegido por ti. Con los ojos... me costó decidir que hacer, te gustaban los aguamarina de Diana pero también los verde acero de Beli. Así que le he puesto uno de cada.
> ¿Verdad que es hermosa?
Sobre la cama, en unas sábanas teñidas de rojo con olor a descomposición, descansaba un cuerpo cubierto de sangre. Grapas, costuras, imperdibles y alfileres mantenían unida aquella macabra muñeca de carne y hueso.
Los ojos, uno verde y otro azul, estaban abiertos de par en par, incrustados en unas sangrantes cuencas oculares cuyo resultado era una mirada de auténtico pánico y horror.
Los labios estaban raídos, agrietados, delicadamente cosidos a la piel morena del rostro, tensada por tanta costura.
Asqueado y aterrorizado, Jeremy trató de alejarse de la cama, pero Sophie se lo impidió sacando un revolver de la bata y apuntando a su cabeza.
_ ¿Esta es la forma que tienes de agradecer un regalo?
_Estás... estás loca, completamente loca.
_Eso ya lo se.
_Eres un monstruo, Sophie. ¡Has matado a diez chicas! ¡¿Cómo has podido?!
_Mientes. Sólo han muerto cinco.
_Eso es aún más cruel.
_¡¡Era necesario!! ¡Tenía que hacerlo para crearla a ella!
_Voy a llamar a la policía, Sophie. Estás para encerrar.
_¡Eres un maldito desagradecido! ¡Hago todo esto por ti y no eres capaz de darme las gracias! ¡Cómo en el instituto! ¡Yo hacía todo por ti y tu nunca me lo agradecías! Pero ahora lo harás... ahora me agradecerás todo lo que he hecho y sigo haciendo por ti...
Jeremy trató de alejarse de la cama, pero Sophie, hirviendo de ira, le asestó un golpe con la culata del revolver y lo hizo caer sobre la cama, al lado del cuerpo.
El labio le empezó a sangrar y Sophie se acercó para retirarla con los dedos.
Con el revolver en la otra mano le apuntó de nuevo a la cabeza mientras se desabrochaba la bata y se sentaba en una vieja silla de mimbre.
Estaba completamente desnuda. Su cuerpo extremadamente blanco estaba cubierto por varias cicatrices, todas ellas resultado de haberse grabado la misma palabra con cuchillas varias veces.
JEREMY.
_Bésala
_ ¿Qué?
_Es tu chica_ sonrió_ Bésala.
_No.
Un disparo sonó en el aire y Jeremey vomitó al fin a los pies de la cama.
_Hazlo. O te mataré.
_Estas completamente chiflada.
Sophie cargó el revolver y apuntó de nuevo
_Hazlo.
Entre arcadas y lágrimas de terror, Jeremy se inclinó sobre el cuerpo macabro que reposaba a su lado.
Y mientras tanto, Sophie le observaba llevando su manao manchada de sangre a su entrepierna y se empezaba a masturbar.


---> Si queréis "disfrutar" de un poco más de sadismo made in @AndreaAnaid no dudéis en pasaros por aquí y decirme qué os parece

22 de enero de 2012

Agridulce Diosa


Oh tú, si tú.
Hada, duende o ninfa que vagas por el mundo incansable, inagotable, imparable.
Tú, como un ciclón, arrasando con todo a tu paso.
Tú, maldita diosa de mis noches, reina etérea de mis pensamientos.
Tú…
Te odio, te odio tanto como te amo, como te necesito.
Porque no existo sin ti.
Sin tu esencia mágica, endiablada bruja del Averno, que osas jugar conmigo y con otros tantos semejantes a mí.
Tú, que en ocasiones me permites rozarte con los dedos, acariciarte, hacerte mía…
Con la misma facilidad que te tengo abrazada alrededor de mí, te escabulles con esa risa que tan pronto me enamora como me mata.
Disfruto con tu presencia tanto como tú disfrutas cuando me abandonas.
Tú vieja Bruja, adorada Hada.

Tú, danzante ser indefinible, único e irrepetible.


Dime, Inspiración,
¿por qué?



Haciéndome un huequecito en Amateur Hotel...No tan extraños es con el que comencé y ahora trato de hacerme notar rememorando la Ausencia de su piel

11 de enero de 2012

En sus ojos

Ella tenía unos ojos marcados por el daño que hace la Soledad.
Desteñidos por el Miedo que durante años había tratado de acabar con ella.
Unos ojos cansados de Llorar una y mil noches a escondidas bajo las sábanas.
Pero esos ojos... ah, en esos ojos había más
Mucho más. 
Muchísimo más.
En esos ojos había Fuerza, tanta como en las manos del más bravo guerrero. Había Valor y Fortaleza como la de los antiguos Caballeros del Medievo.

Y había Esperanza
Mucha mucha Esperanza.                                                                                                                                                                             A pinceladas verdes que daban Alegría a esos ojos que debieran estar cansados de mirar y sufrir.

Había Felicidad, Amor, Locura, Imaginación, Euforia. 
En sus ojos se escondía su enorme, gigante, personalidad.
 Anaid green eyes