27 de diciembre de 2011

El cumpleaños de Jack

Solo se oye el ulular de los búhos.
Allí, en esa lejana casa perdida en un monte olvidado ni la creciente civilización resulta una amenaza.
Jack abre los ojos. Dos enorme iris color chocolate que observan la habitación escrutando cada centímetro. Observando que todo sigue donde debe estar.
Salta sigilosamente de la litera y comprueba que su hermano Aarón sigue durmiendo a pierna suelta en la cama de abajo. Pelo rubio enmarañado y ojos verdes cerrados.
Jack se mira al espejo.
Su corto pelo moreno a juego con sus ojos, su media sonrisa torcida. Su impecable ropa negra.
¿Cómo podían ser tan distintos cuando apenas los separaban cinco minutos en edad?

Sobre la mesa de la cocina, dos desvaídas magdalenas con una tímida vela incandescente esperaban su despertar.
Felicidades, chicos.
Tenéis vuestros regalos en la chimenea.

Especialista

El Abuelo tan cariñoso como de costumbre.
Jack sonrió con ganas.
¿Qué esperar de una familia como la suya? ¿Una familia que vivía de mentiras, engaños, robos y demás menesteres?
Y Él era tan farsante y mentiroso como cualquiera en aquella familia.
Y lo sería siempre.
De nada valía que Andrea le hubiese perdonado...
Andrea...
El mero recuerdo de su nombre le hacía sangrar el alma.

Se acercó a la chimenea y sacó de ella su añorada magnum 44, aquella preciosa pistola empuñada por primera vez a los dieciséis años y de la que no solía desprenderse.
La ballesta de Aarón brillaba a su lado.
Aquella pistola... demasiados recuerdos que había que olvidar.

Debía olvidar toda aquella vida que había fingido durante años por orden de su abuelo. Debía olvidar a las gemelas que tenía por sus hermanas, al matrimonio que le había criado como hijo y le había dado un hogar. Y sobretodo, debía olvidarla a ella, a Andrea, a su mejor amiga. A la que durante años mintió fingiendo ser quien no había sido jamás.
Sacó del bolsillo una desgastada hoja de papel, arrancada del Diario de Andrea, con marcas de haber sido doblada y desdoblada cientos de veces.

    _No hace falta que me sigas mintiendo, me lo has puesto en bandeja. La fecha de nacimiento de Aarón coincide con la tuya, me conoces, has faltado bastante a clase la última semana, fuiste a buscar a tu hermano mi ático justo después de llamarme, fijo que tras oír  su grito… Se perfectamente quien eres de verdad o quien has fingido ser estos años.
    _De verdad que lo siento, Andy_ dijo con su tono de voz normal, el que yo había oído una y otra vez en las interminables horas de clase_ No pretendía haceros daño pero... ¿estás enfadada, verdad?
    _No, enfadada no es la palabra más adecuada… Más bien engañada.
    _Me duele más que digas eso.
    _ ¿Pero tú puedes sentir algo?
    _Una cosa es cerrarse a los sentimientos y otra muy distinta no tenerlos. Yo los cierro cuando tengo la necesidad de hacerlo y no me cuesta. Pero con vosotros, contigo, me siento a gusto y me abro. Te he dicho mentiras, si, mis padres no son mis padres y tengo un hermano mellizo, pero ya lo sabes, y es en lo único que te he mentido. Todas las risas que me he echado contigo y todas las horas de clase no han sido mentira, Andy.
Yo me puse a llorar como una tonta sin saber por qué. Todo lo que estaba diciendo Jack, o Israel, o como quiera que se llamara, me estaba llegando muy hondo.
    _ ¿Y por  qué debería creerte?_ pregunté aún llorando.
    _ Porque soy tu amigo.
   
Claro.
La clase de amigo que secuestra a su hermanastro y casi si carga a sus amigos.
El mejor amigo del mundo.

Aarón entró en el salón, taza de café en mano.
    _Tienes visita Jack. No sé como cojones ha llegado aquí, a este pedazo helado del Infierno, pero tienes visita.

Jack se acercó a la puerta, y ella estaba allí.
Había ido al fin del mundo solo para encontrarle.
Tenía los rizos enmarañados, los dedos congelados y un paquete de colores brillantes entre las manos.
    _ ¿Andrea? ¿Cómo has llegado aquí?
    _No iba a dejar solo a mi mejor amigo el día de su cumpleaños, ¿no crees?
    _Pero tú... yo...
    _Jack...Isra... Seas quien seas, seas lo que seas... Yo siempre voy a estar a tu lado, porque un nombre solo tiene la importancia que quieras darle. Me has echado de menos, lo se, son demasiados años, demasiadas cosas juntos. Y a pesar de todo, se que lo que hemos compartido ha sido real. Y mientras eso siga siendo así y sigas a mi lado, apoyándome y luchando por mí, siempre me tendrás aquí.



Muchísisisisisisisisisisisisisisisisisimas felicidades  @jisraa, Jack, Isra, mejoramigo

9 comentarios:

  1. pf, que bonita historia.... me saltan las lagrimas y todo! me llego.. me enamoré de ella:)
    A veces, lo mas importante no es tu nombre, ni de donde venga tu sangre, ni tu familia, ni religión ni toda esa mierda, lo más importante es como sea el de amigo contigo, los momentos que habéis pasado juntos. Lo más importante es el interior de una persona. No se tiene que fijar en el exterior.

    Un beso Anaid:)

    ResponderEliminar
  2. Joooo ya me gustaria que a mi me felicitaran el cumpleaños con semejante relato */////////* que maravilla!

    Saludos Anaid :)
    Y Felicidades a @jisraa!

    ResponderEliminar
  3. Lo que más me ha gustado ha sido el final, descubrir que lo has dedicado a un amigo real!

    ResponderEliminar
  4. ¡Azul! Conozco a una persona que se acaba de teñir de rojo fuego :)
    Me alegra volver a leerte, ojalá la inspiración para las historias me salieran tan rápido como a ti, ¡yo también le quiero hacer un regalo así a una amiga! Pero me bloqueo demasiado.

    Un beso grande (:

    ResponderEliminar
  5. Impresionante, con esa sutancia precisa para hacernos sentir en otro mundo leyendote! :D

    ResponderEliminar
  6. Muy bonito, Anaid. Me gusta mucho como transformas cosas cotidianas en relatos fantásticos y hermosos, me parece que es algo que tenemos en común ^^
    Muchísimos besos amiga, y feliz año nuevo ^^

    ResponderEliminar
  7. Muchisismas gracias por tu visita como siempre:D

    un beso guapa!:D

    ResponderEliminar