22 de noviembre de 2011

Yaniss

El café sabe demasiado amargo. Demasiado fuerte.
Yaniss arruga la nariz cuando el ardiente líquido resbala por su garganta.
Suspira y se pone en pie tirando lo que queda en la taza por el desagüe del fregadero.

Camina lentamente por el pasillo buscando a tientas la puerta del baño.
Se mira en el espejo y éste le devuelve el reflejo de una reina venida a menos, rimel corrido, moño deshecho y ropa perdida. Su pálida piel está cubierta por una camiseta en absoluto suya.
Vuelve sobre sus pasos y se apoya en el marco de la puerta del dormitorio.

En una cama demasiado grande para uno solo, Ulrich aún duerme totalmente desnudo, lejos de los paseos matutinos de Yaniss.
La joven entra en el dormitorio y se viste lentamente. Las medias de rejilla. El vestido rojo. Los zapatos de tacón alto.
Deja la ropa de Ulrich perfectamente doblada a los pies de la cama, sobre el baúl.
Mira al muchacho una última vez y da un portazo.


Abre la puerta del coche negro que la espera en la entrada del edificio.
Idina está al volante, sonriente, pletórica, hermosa. Como una diosa bajada del Paraíso solo para ella.

En el asiento trasero descansan tanto los ahorros como las joyas de la familia de Ulrich.
Yaniss sonríe y cierra los ojos echándose hacia atrás en el asiento.

El pasional beso de Idina le pilla por sorpresa.
A pesar de ello, no tarda en reaccionar y abrazarla como solo se hace con la persona  a la que se ama...



15 de noviembre de 2011

[No tan] Mayor

Los golpes y los gritos provenían del piso de arriba.
Antía se preocupó.
Por primera vez en toda la tarde, levantó la cabeza de la pantalla del portátil y se puso en pie.
Las voces eran cada vez más fuertes.
Subió las escaleras de dos en dos y abrió la puerta del dormitorio de su hermana de par en par.

 _¡¡Sophie!! ¿Estás bien?
La niña de recién cumplidos seis años asomó parte de la cabeza entre unas cajas y sábanas revueltas alrededor del escritorio.
_¡Ssh! ¡No grites! ¡El monstruo podría oírte!
_ ¿El monstruo? ¿...pero qué?
Sophie gritó de nuevo saliendo de entre las gafas con la cara pintada de rojo y verde y una de las baquetas de la batería de Antía en la mano a modo de espada.
_¡Yo soy la caballera Sophie del Reino de los Colores Relucientes! ¡Salvaré la Ciudad de los Destellos de ese horrible monstruo en Blanco y Negro para que el Hada de las Estrellas Fugaces quede liberada!
_Estás como una cabra Sophie...

Antía ya cerraba la puerta de nuevo cuando la voz de su hermana la reclamó.
_Antía... no puedo hacerlo sola... No puedo matar al monstruo yo solita... es demasiado fuerte...
_Estoy ocupada Sophie, tengo que...
_ ¿Que estar pegada al ordenador? ¿Toda toda la tarde? Como todos los días...

Las lágrimas brotaron de los ojos de la pequeña emborronando la pintura de su cara. La tristeza se apoderó de ella y lo que durante varias horas habían sido un Castillo Mágico, un Mundo Irreal y un Monstruo Atroz volvieron a ser mantas, cajas y peluches... La Tristeza vencía a la poderosa Imaginación y deshacía todo lo que había logrado...
_No llores Sophie, por favor_ susurró Antía abrazando a su hermana con un sentimiento de culpa que le daba ganas de llorar también_. Es solo que...
_Que has crecido. Has crecido del todo.
_Es natural, pequeña, yo no puedo decidir si quie...
_¡¡Me prometiste que no te harías mayor nunca!! ¡¡Que serías como Peter Pan!! ¡Que para mí serías niña siempre!
_Yo...
_Me mentiste Antía_ dijo escapando de los brazos de su hermana_. Me juraste que...
_... que nunca sería como el Monstruo en Blanco y Negro, ni como la Bruja Robacolor... que siempre sería... ¿cómo era? ¡¡La Emperatriz de los Colores del Amanecer!!
_Voy a recoger, Antía, total...

Antía sonrió poniéndose en pie sobre la cama de su hermana cogiendo otra de sus baquetas que estaba tirada en el suelo.
_ ¿Como que recoger, caballera Sophie? ¡Tenemos una misión! ¡Debemos vencer a ese Monstruo!

La pequeña sonrió y sus ojos brillaron de nuevo, se abalanzó sobre su hermana y de nuevo el dormitorio cambió convirtiéndose en aquel Universo de Fantasía que era solo de ellas y al que nadie que no fuera invitado podría acceder. Luchar con el monstruo, conquistaron tierras, liberaron prisioneros y celebraron el mayor festín en el mayor Palacio jamás visto.

Al final del día, habiendo recuperado parte de su cordura, Antía durmió entre magia y sonrisas, quizá no era tan mayor como creía, quizá no quería serlo tanto como parecía... Quizá, solo quizá, jamás se es demasiado mayor para ser niña...







¿Crecer? ¿Yo? ¡Jamás!
Seré una niña grande que juega a  ser adulta sin serlo del todo jamás...