28 de junio de 2011

Broken Heart

Tranquilo.
No sufras por mí.
Es la historia de mi vida.
Estoy acostumbrada a que, una y otra vez, me hagan añicos el corazón.
Puedes relajarte, estaré bien.
Siempre lo estoy.
A dura y fuerte no hay quien me gane... Puedes haber roto un cachito de mi corazón, pero él va a seguir latiendo.





Y lo peor, es que lo seguirá haciendo por ti...

22 de junio de 2011

[No] Quiero

[No]Quiero volverme mas adicta a tus besos que a los regalices rojos.
[No]Quiero despertarme en sueños pensando en ti.
[No]Quiero que la luna creciente me recuerde tu sonrisa y las estrellas el extraño brillo de tus ojos.
[No]Quiero que tu perfume se convierta en mi oxígeno diario necesario para subsistir.
[No]Quiero acostumbrarme a delirar palabras en tu oído en lugar de en mi desgastado papel.
[No]Quiero electrizarme con tus extravagantemente dulces besos en el ombligo.
[No]Quiero sonreír por el mero hecho de pensar en ti.
[No]Quiero cambiarte besos por canciones susurradas a las tres de la mañana.
[No]Quiero recitarte de memoria versos de Keats que consideras demasiado empalagosos.
[No]Quiero que me abraces y consigas acelerar y para mi corazón todo a la vez.
[No]Quiero que te vengues de mis mordiscos en en el cuello con mordiscos en la nuca.
[No]Quiero no ver los finales de las películas que tratamos de ver juntos.
[No]Quiero tus piques, tus manías, tus ralladas, tus paridas, tus locuras, tus canciones, tu estilo...
[No]Quiero [nada]todo de ti.

Y ante todo... [No]Quiero quererte aunque sea tan sencillo como pestañear....

15 de junio de 2011

La gran actriz

Nora se mira  en el espejo con todo el maquillaje que tiene por casa desparramado sobre el lavabo.
Está prácticamente sin estrenar porque normalmente odia maquillarse, pero hoy necesita sentirse guapa.

Se echa el rimel una y otra aguantando las lágrimas que le quieren emborronar los ojos y lo único que logra es que su extraño color verde se vuelva más intenso y brillante.
Se apodera del pintalabios.
Color carmín a juego con sus ojos anegados en lágrimas que no puede dejar salir
Se pinta los labios despacio, muy lentamente.

Nora se suelta el pelo y observa a su yo del espejo.
Aquella chica es una completa desconocida.
Lleva un ceñido vestido negro y unos tacones antinaturales, unos rizos perfectos que enmarcan un rostro perfectamente maquillado.

Viendo a aquella chica, por un momento ha olvidado el motivo que la llevó a acicalarse tanto.
Sólo necesitaba... sentirse guapa. Sentirse atractiva. E incluso deseada.
Una vez más el corazón de Nora parecía hecho añicos y necesitaba reconstruir su muralla.


Como siempre,aquella noche sonreiría a todos (sobre todo a él), tendría palabras de aliento y ánimo para quien las necesitara. Reiría y bailaría toda la noche con la mejor y más brillante sonrisa.
Nadie tenía que darse cuenta de que estaba triste, y mal, y dolida.
Nadie tenía que enterarse de lo mucho que estaba sufriendo por él, de lo mucho que le dolía la situación en la que sin querer se había involucrado.
Nadie, NADIE, y mucho menos él, debía darse cuenta de lo mucho que le dolía aquello, de que había estado llorando varias noches seguidas, de que sentía cosas que era mejor mantener bajo llave en su palpitante corazón.

Como Cenicienta, la  Nora segura, atractiva y dispuesta a todo, era mera apariencia... y si no era a las doce, en algún momento el hechizo re rompería y alguien vería la verdad que había tras su aparente perfección.

8 de junio de 2011

Claudine

Claudine tiene el rimel corrido y el pintalabios se ha quedad marcado en el vaso de vodka-limón. Su melena rubia perfecta al principio de la noche cae ahora sobre la barra del bar haciendo de barrera contra el mundo.
No puede dejar que NADIE la vea así, no a ella. Derrumbada. Caída.
Sola.


¿Qué había pasado? ¿Cómo era posible?
La noche había empezado bien, como cada sábado. Se había puesto tan hermosa como sabía que podía ponerse, tan provocativa como era capaz.
Las chicas la miraban con envidia.
Los chicos con deseo.
Y ella disfrutaba alimentándose de todas y cada una de aquellas miradas.

Recuerda haber entrado en la discoteca mientras sonaba su canción, y como cada sábado sonriendo desde la puerta buscó al pobre chico que sucumbiría a sus encantos esa noche.
No tardó en verlo.
Estaba apoyado contra la pared del fondo, muy serio. Mechones de engominado pelo negro cayendo ante unos insondables ojos azules que parecían estar muy lejos de allí.
Claudine se acercó a él sintiendo como todas las miradas se posaban en ella y disfrutando de la sensación.
Él no se sorprendió cuando la tuvo en frente, debía ser el único que no se había visto afectado por el desorbitado escote de la camiseta blanca ni por la minifalda de cuero que dejaba ver unas piernas interminables que seguramente terminaban en unos zapatos de tacón.
Ella sonrió acercando sus labios a su oído. "Me llamo Claudine, y esta noche serás mío".

Contrariamente a lo esperado, el joven se apartó de ella y se marchó a la barra.
¿Cómo? ¿Por qué? ¿La ignoraba? ¿A ella?
Por unos instantes se sintió inquieta y no perdió detalle de como aquel individuo que no se había interesado por ella mantenía una conversación en susurros con la pelirroja camarera.
Le molestó.
Le molestó mucho pero ninguno de sus amigos lo notó.  La discoteca estaba llena de chicos guapos que darían lo que fuera por tenerla a ella, y si aquel idiota pasaba, él se lo perdía.
Claudine pronto localizó a su nueva víctima.
También moreno, de ojos color miel y aspecto de deportista. Dijo que se llamaba Michael, o Míkel, o Miguel... O algo parecido. Tampoco importaba mucho, la verdad. Y él si que no se resistió a los encantos de Claudine.

Tras unos cuantos cubatas y unos cuantos chupitos, Claudine le arrastró al insalubre baño de los chicos. Allí acarició y se dejó acariciar. Besó, mordió y arañó. Perdió las medias rotas y noto las manos temblorosas de su ligue acariciando su entrepierna desgastada. Ingenuo, ¿creería que era el primero?
El tiempo pasó demasiado rápido para ella, había acabado antes de lo que esperaba. Se colocó la falda y besó al chaval en los labios una última vez. Lo miró a través del espejo cuando ya salía.
"Ha sido divertido, encanto. Quizá nos volvamos a ver"

La noche hubiera seguido como cualquier otra si aquellos malditos ojos azules no la hubieran estado esperando desde la otra punta del local cuando salió del baño. La forma de mirar de aquel chico hizo que por primera vez se sintiera sucia tras haber hecho lo que acababa de hacer. Aquel desconocido la miraba con asco, y esa mirada la hizo sentirse como una auténtica zorra.
Tras largo tiempo sosteniendo la mirada, él se dio la vuelta una vez más hacia la barra. De la sala de los empleados salió la chica pelirroja con una coleta mal hecha y una desgastada camiseta de los Maiden. Ella le miró azorada y él le devolvió una sonrisa pícara antes de abrazarla y besarla dulcemente en los labios.

En el momento en que la extraña pareja salió del local fue cuando Claudine empezó a llorar, se le corrió el rimel y se sentó a la barra pidiendo otro vodka-limón.
¿Y sus amigos? Habían desaparecido ¿Y el chico al que se acababa de tirar? Ni lo había visto salir del baño. Dejó caer la melena sobre la barra y se sintió una auténtica desgraciada.


Y ahí está, sentada en la barra.
Bebiendo.
Ahogando en alcohol sus recuerdos.
Tratando de averiguar en qué momento cambió los versos de Keats por el pintalabios rojo y las canciones de los Beatles por los zapatos de tacón... Intentando descubrir cuando se convirtió en una puta como tantas otras y perdió cualquier vestigio de personalidad...

6 de junio de 2011

Èvole

Los ojos de Èvole pueden calificarse de cualquier manera exceptuando el adjetivo "humanos". Es imposible que esa forma de mirar pertenezca a este planeta y a esta especie, es imposible que eso sea natural.

Y es que los ojos de Èvole tienen un poder que supera mi entendimiento, actúan conmigo y con todo el mundo como un perfecto imán, no existe nada tan adictivo ni atractivo como ese extraño e hipnótico mirar. Ese azul cristalizado semejante al hielo glacial te congela las ideas, los pensamientos y si ella quiere puede hacer que hasta olvides respirar.

Yo conozco bien los ojos de Èvole, mejor que nadie, porque he caído bajo su influjo y poder, y sigo teniendo pleno uso de mi conciencia, o al menos eso creo.
Los ojos azules de Èvole me envolvieron en un manto frío pero placentero, me enredaron en un hechizo de suave adicción del que nadie en su sano juicio querría liberarse. Èvole me desnudaba con la mirada, me robaba pensamientos y recuerdos, se mordía el labio cuando algo de mí le gustaba y torcía la comisura izquierda cuando algo no era de su agrado.

Con todos los demás, que no han sido poco, eso era todo. Llegaba un momento en el que Èvole lo había visto todo, y se cansaba.
Y como toda niña que se cansa de un juguete nuevo, lo tira o lo rompe.
Cuando eso pasa, cuando Èvole se aburre, sus ojos congelados se inyectan en sangre y sus labios de un perfecto rojo rubí sonríen de una forma hermosa y macabra que muestra a un ser despiadado y cruel. Y entonces, con una sola mirada y un gesto de sus labios carmesí, el pobre individuo que ha tratado de conquistar su helado corazón pierde la razón y se vuelve completamente loco.
Pero extrañamente, no se por qué, nada de eso ha pasado conmigo, se ve que Èvole no se ha cansado de mí... aún.

Èvole no quiere hipnotizarnos y volvernos locos a todos, no.
Creo que Èvole quiere encontrar a alguien que sea capaz de sostenerle la mirada sin perder la conciencia plena de su ser, quiere a alguien tan fuerte que sea capaz de enfrentarse a ella y leerla como ella hace con todos los demás.
Y creo que ese al que busca soy yo, porque si no ya estaría loco, muerto o catatónico como todos los que han pasado por su influjo antes que yo.

Y lo peor de todo es que, aunque me aterra la idea, deseo más que otra cosa en el mundo que su Elegido sea Yo. Aunque ello me lleve a la muerte o a la locura.
Aunque pensándolo bien... creo que la locura ha llegado ya, ¿cómo si no querría seguir embelesado por una mente tan peligrosa y letal como la suya?

3 de junio de 2011

Vosotros...

Normalmente a cualquier cosa que encuentre a mi alrededor puedo sacarle la magia, puedo encontrarle algo diferente y a partir de ello escribir y contar un pedacito de historia, pero hoy, no se por qué, no me sale.
Quizá sea esta fría noche que al igual que se ha llevado la luna se ha llevado mi inspiración.
Hoy no soy capaz de convertir la realidad en ficción y subir el telón de ese extraño teatro que suele ser mi cabeza cuando me pongo a escribir.
Esta noche no oigo las discusiones de mis personajes en la cabeza, no veo diosas de ojos violáceos que quieran bajar a este mundo triste para hacerlo sonreír, no huelo a amor en cada esquina de mi cuarto y de esta amarga ciudad.

Y es que hoy, hoy... os echo de menos. Os echo tontamente de menos.
Precisamente hoy y ahora echo de menos las charlas de sábado por la mañana tomando algo con Javi Index y sus respectivas noches en el Multi riéndonos de todo, los largos paseos veraniegos con David de la Torre por el paseo del río contándole todo lo que él ya sabe que me pasa. Hoy extraño la sonrisa y los enormes ojos de Andrea Ares que me ayudan a escapar del mundo, las charlas filosóficas a horas indecentes con Ales y las conversaciones insustanciales y sinsentido con Claudio. Hoy añoro la presencia de Carmen Márquez, sus abrazos que sólo he tenido una vez y esa complicidad que existe entre ambas sin apenas conocernos pero que es tan fuerte que ni yo misma soy capaz de entenderla. En una noche fría y sin luna como esta echo de menos los abrazos, las cosquillas, los mordiscos y los coches amarillos de Isidro...

Y lo se, soy una sentimentaloide, y una sensiblona, y bastante dada a la exageración literaria... pero de verdad hoy necesitaba sentiros aquí, cerquita de mí... porque no sabéis hasta qué punto os habéis vuelto vitales en mi vida.
Mentiría si dijera que no me gusta ponerme melosa, porque si que me gusta, porque soy así y necesito, al menos de cuando en vez, sacar todo esto que llevo dentro.
Y aunque parezca una imbécil... necesitaba dejarlo plasmado por aquí.
Sois de lo mejor que tengo.
No me faltéis nunca.