18 de febrero de 2010

XI

_¿Vuelves a casa, Hyrca?
_¿Puedo llamar casa a esto, Iolly?
_Hombre, cuatro paredes, tres camas y un fuego encendido da una idea parecida a una casa, si.
_ ¿Cuantos años tienes ya, Iolly?
_Apuesta, ¿cuánto me echas?
_No puedes tener más de quince.
La joven de cabello rojo fuego rió.
_Cumplo dieciocho esta semana, joven sadi.
_ ¿Tan mayor soy? Si tú tienes dieciocho, yo debo rondar los veintitrés.
_Y yo los veinte_ irrumpió otra voz.
_Buenas noches, Klaiss.
_Iolly, Hyrca.

El joven se sentó frente a su hermano en uno de los jergones que simulaban camas.
_Voy a matar a esa niña de ojos plateados, ¿sabes?
_Inténtalo Klaiss_ rió Hyrca_. Tal vez aprendas algo cuando luches con ella.
_Yeshenn quiere su cabeza. Y yo se la voy a llevar.
_Yeshenn nunca te querrá Klaiss, métetelo en la cabeza. Sólo juega contigo porque le recuerdas a mí. Aunque yo sea mucho más guapo, claro.
_¡Tú nunca te has acostado con ella!
_Nunca he querido hacerlo. ¿Tú si? ¿Has caído tan bajo?
Klaiss sacó su espada y la puso en el cuello de su hermano.
_No hables así de ella.
_Klaiss, Yeshenn no tiene corazón. ¡Mató a su propia madre! ¡Nunca podrá amar a nadie quie no sea ella misma!
_Lo mismo decían de ti, y mira.
_Si, fue llegar mi hermana y que el sadi cayera rendido a sus pies_ dijo una cuarta voz.

A Iolly le cayeron unos vasos al suelo, la espada de Klaiss tembló y en la extraña boca de Hyrca se diubujó una media sonrisa que nisi quiera su hermano supo interpretar

11 de febrero de 2010

X

El ente transparente tenía los cabellos blancos y los ojos de un azul traslúcido que un pasado habían desprendido calor. Sus labios aún conservaban su color rojo sangre que destacaban sobre su piel intangible.
_ ¿Quién sois?
_Mi nombre es Laiia y hasta que mi hija me mató, era la reina de Kinassh.
_ ¿Yeshenn?
_La misma.
_ ¿Por qué? ¿Cómo? Yo, no entiendo como...
_ ¿Como pudo matarme? Es sencillo Naedra. Yeshenn no tiene corazón.
_Eso no es posible. Todo el mundo tiene. Incluso...
_Incluso Hyrca, ¿verdad?
Naedra enrojeció.
_No puedo matarla, Laiia. No puedo arriesgarme a que le pase algo a Aron. Me moriría antes de permitir que le hicieran daño.
_Pero...
_No pretendo que lo entiendas, pero no puedo arriesgar a Aron. Y no podré jamás.
_ ¿Quién es en verdad Aron, Naedra? ¿Qué es lo que escondéis?
Los ojos plateados de la joven ensombrecieron de pronto y al mirar a la difunta reina, su cuerpo intangible tembló.
_Moriré antes que contar el secreto de Aron.
_Está bien, Naedra, tranquila. Pero tienes que hacer algo.

El fantasma desapareció y Naedra cayó al helado suelo de Kinassh bañada en lágrimas que se congelaban nada más salir de sus ojos.
Tras ella, el palacio de hielo se alzaba majestuoso e imponente haciéndola sentir pequeña e indefensa.
Aron gritó de nuevo y su voz llegó incluso al exterior del palacio.
Como movida por un resorte, Naedra se puso en pie y la plata de sus ojos se transformó en duro acero.
_" Voy a sacarte de ahí, Aron. Aunque me cueste la vida"