15 de octubre de 2009

VII

_Klaiss, mira que eres imbécil_ susurró alguien_. Te dije que me trajeras a la chica, no que lucharas con Hyrca.

Ambos hermanos permanecían en guardia mientras la Reina de Hielo los miraba a ambos comiéndoselos con los ojos.

_Dejar las armas, hablemos_ rió_. ¿Cuánto hace que no os sentáis a hablar?
_Desde que Hyrca mató al Maestro_ susurró Klaiss bajando su arma ante la Reina_. Y huyó.
_No tienes ni idea de lo hablas. Tenía trabajo y marché.
_La famosa Naedra, ¿no?_ rió más fuerte y sus ojos únicamente negros se clavaron en Hyrca_. Voy a matarla, ¿sabes?
_Ni lo sueñes.
_Y voy a hacerlo muy, muy despacio. Lentamente. Haré que grite, que llore, que suplique, haré que pida clemencia y que te llame. Que te llame y te pida ayuda y tu no puedas ir. Soy muy mala, Hyrca, no sabes cuanto. Y peor cuando quiero hacer sufrir a alguien, a alguien que me cae especialmente mal.
_Ella no te ha hecho nada.
_Te ha encandilado a ti, ¿te parece poco? Tú tenías que ser mío.
_Tienes a mi hermano.
_Él no es tú.
_ ¡Eh! ¡Qué sigo aquí!
_ ¡¡Cállate!!_ dijeron los dos al tiempo

La Reina de Hielo se puso en pie y miró fijamente a los hermanos, en especial a Hyrca.

_ Únete a mi, y no la mataré.
_Jamás.
_Bien, entonces muere_ sonrió_. Klaiss, ya sabes lo que tienes que hacer. Quiero su cabeza para mi habitación.


Y se fue dejando a los hermanos en la misma situación en la que los encontró.







Cerca de allí, Naedra lloraba al ver luchar a Hyrca contra su hermano y al saber lo que la Reina de Hielo quería hacer con ella.

11 de octubre de 2009

VI

_ ¿Para qué la queréis viva, majestad?
_Hay que ver lo imbécil que eres_ susurró la reina_. Muerta no me sirve de nada.
_Tiene que ver con Hyrca, ¿no es cierto?
_Así es.
_No entiendo esa obsesión que tenéis con él. Es sólo un asesino.
Yesshen sonrió y acarició el pétreo pecho desnudo del guerrero que estaba ante ella. Subió su mano helada muy despacio hacia su cabello rubio sujeto con una cinta negra sobre sus ojos marrón rojizo.
_Los celos te sientan muy bien, Klaiss.

La mano de la Reina de Hielo apretó la garganta del joven cortándole la respiración durante varios minutos. Luego lo soltó y se puso de puntillas para besarle apasionadamente en los labios durante incluso más tiempo.

_Si quieres más ya sabes lo que has de traerme_ susurró a su oído_. La quiero aquí y la quiero viva.
Su mano había bajado con sigilo hasta llegar a su entrepierna, pero una vez allí, no tocó nada si no que permaneció en el muslo del muchacho que a duras penas conservaba la calma.
_Tráemela.

Por toda respuesta Klaiss giró sobre sus pies y desapareció del palacio de hielo.
Tras avanzar un largo trecho en dirección a las montañas del este donde por última vez se había visto el cuerpo de uno de los guardias de blanco con una extraña flor plateada sobre el corazón, una Sombra se acercó sigilosamente a Klaiss.
_Hyrca_ susurró.
_Cuanto tiempo, Klaiss. ¿Buscas a la Chica?
_Eso mismo.
_No la encontrarás.
_Oh, ya lo creo que si. Va dejando un hermoso rastro de cadaveres con flores plateadas.
_ ¿Sabes por qué está aquí?
_No me importa.
_Está aquí por mí. Ha venido a buscarme.
_Pobrecita_ susurró_. A venido a su funeral.

Hyrca sonrió y desenvainó su espada.

_No la encontraras. Yo no te voy a dejar.
_ ¡Que ven mis ojos! ¡El frío sadi enamorado!
_¡Quién lo iba a decir! ¡El que no llegó a sadi tratando de serlo!
_Hazme un favor, Hyrca_ dijo Klaiss con su espada en alto_. Muérete.
_ ¿Es esa forma de tratar a tu hermano mayor?

7 de octubre de 2009

V

_No puede haber salido de Kinassh_ susurró la reina_. ¡Es imposible!
_Pero señora, hemos revisado cada lugar, cada...

El mensajero no terminó de hablar con la reina, una mirada suya congeló sus organos internos matándole al instante.

_Espero que tú me traigas mejores noticias_ replicó Yeshenn con sus ojos fijos en el joven de blanco que había frente a ella.
_Mi Señora, tal y como pensábais, la Dama Gris se acerca_ sonrió_. Mis hombres la tienen vigilada, no tardara en cruzar la frontera de las Tierras Frías.
_La quiero viva_ sonrió.

El mensajero de blanco salió de la habitación del palacio de hielo dejando sola a la reina, que miraba por sus desproporcionados ventanales, cada punto cardinal de su reino.
_ ¿Lo ves, Madre?_ preguntó al vacío_. Yo soy mejor reina que tú, tengo más poder y más subditos, y no me hace falta nada de ese amor del pueblo que tu adorabas.
_No deberías hablar así, Yeshenn. Eres una reina.
_ ¿Cuándo vas a desaparecer?
_ Cuando mi reino vuelva a ser armónico.
_Estás muerta madre, vete al Infierno.
_Nos encontraremos allí, no te queda duda.

El fantasma desapareció y Yeshenn mandó llamar a algunos hombres que sacaran aquel cadaver de la habitación del trono.





El monte Shaiss era el pico más alto de las montañas de Kinassh, pero Hyrca lo había escalado demasiadas veces. Ninguno de los guardianes de Yeshenn podría encontrarle allí al menos en un par de días, y así el podría pensar con claridad.
Oteó las fronteras en busca de posibles atacantes y distingió a la Guardia Blanca, los mejores guerreros de la reina, imperceptibles en la nieve, pero no para Hyrca, que conocía aquellos lugares como la palma de su mano.
A lo lejos, todavía fuera de Kinassh, alguien se acercaba.
Iba armado y parecía serio y preocupado.
En pocos segundos Hyrca supo que aquella era Naedra, y que en el momento que atravesara la frontera, su vida corría peligro.
Y él no podía permitirlo.



La daga de plata se clavó en el corazón del Guardián del Paso que le impedía acceder a Kinassh. Naedra deseaba no cruzarse con más guardias o tendría que matarlos. Era su única posibilidad de llegar hasta Hyrca y descubrir el por qué de aquella matanza.
Se escondió en uno de los túneles de las montañas y nadie la vio ni supo de su presencia. Nadie salvo Hyrca, y seguramente, Yeshenn.