15 de septiembre de 2009

La Chica de Enfrente

Anelisse llevaba un vestido blanco.

Blanco e inmaculado a pesar de las vueltas que daba por la hierba riendo sin cesar como sólo saben hacer las niñas pequeñas.
Con esa inocencia que regalan los siete años.



Yo la observaba desde el jardín de mi casa, desde el balancín gris envejecido en el que la Nana me contaba cuentos cuando era niña y donde esperaba a Anelisse como cada tarde de miércoles, no tardaría en llegar.



Se puso en pie otra vez, haciendo equilibrio con su brillantes zapatos de charol blanco, aún sonriendo y con su pelo dorado reflejando el brillante sol que se hacía sitio entre carpichosas nubes viajeras. Su vestido blanca parecía bailar sobre su piel mientras se acercaba cada vez a mi columpio donde yo esperaba quieta. Muy quieta. Casi sin respirar.

Entonces se detuvo. Se quedó inmovil como una estatua de hielo y la pude ver de frente, en detalle.
Parecía una muñeca de porcelana de las que coleccionaba la Nana, con aquella piel tan blanca casi transparente y el pelo recogido hacia atrás con orquillas plateadas. Sus labios del color de la sangre permanecían cerrados y su respiración no se oía en absoluto. Sus ojos, azules como cristales estaban vacíos, perdidos en el infinito, y entonces una sombra apareció tras ella, silenciosa y ágil, imperceptible.
Y ella se dio la vuelta.
¿Cómo era posible que le hubiera oído si no había hecho el más mínimo ruido?

Pronto identifiqué la sombra vestida de negro, pues su cabello rubio blanquecino brillaba al tiempo que su perfecta sonrisa.
Era Damon.

Anelisse sonrió también y cogió la mano que le tendía el muchacho. Bailaron sobre el cesped durante largo rato, bailaron cogidos de las manos, ella sobre los pies de él que marcaba un ritmo que nadie escuchaba, bailaron dando vueltas y más vueltas, sintiendo el aire y los aromas del jardín, bailaron como si nadie los viera, como les gustaba hacer y como nadie les permitía hacerlo.
Bailaron como si se tratara de una danza prohibida que realizaban a escondidas de adultos con mucho que aprender que no entenderían la belleza de aquello.


Damon llegó primero ante mi balancín, me miró con aquellos ojos verdes mezcla de malaquita y verde acero y sonrió. Alcé mi mano y dibujé en el aire los símbolos que él comprendería como un "Sencillamente precioso" ante la imposibilidad de oir cualquier sonido.
Anelisse estaba a su lado y a ella se lo susurré al oído, pues su ojos de cristal estaban tan vacíos que no veían absolutamente nada, y por tanto los signos que utilizaba con Damon, a ella no le servían.


Damon marchó poco después y Anelisse se sentó a mi lado a escuchar el cuento.
Como cada miercoles en el que el cielo brillaba tras juguetonas nubes grises.

5 comentarios:

  1. Anelisse no es una muñeca aunque a Damon se lo parece por lo perfecta que es. Bonita historia, que no es un cuento, porque sé que es una realidad. Hay muchas Anelisses y muchos Damon en el mundo real bailando como adultos a son que les tocan.

    Un beso para tí, otro para Anelisse y fialmente otro para Daamon.

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  2. Qué fantástico texto, Princesa mía.
    Aunque, ahora que lo pienso, no entiendo por qué me sorprendo. Tus palabras siempre consiguen engancharme y hacer que quiera más y más.
    Muy tierno, y tiene razón "espronceda", en este mundo hay muchas Anelisses y Damons, pero por suerte también hay gente como la chica del balancín.
    Un beso enorme, y me alegro muchísimo de tu regreso a estos fantásticos mundos de fantasía, alegrías y penas.
    Carlos

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  3. Muchísimas gracias, pero no nos engañemos, no soy tan bueno como defiendes, aunque reconozco que esa historia la empecé con ganas y me la curré bastante xD
    Supongo que la continuaré hoy (es lo que tiene que el MSN siga sin funcionar, que tiempo para actualizar no me falta xD).
    Un beso enorme, Princesa
    Carlos

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  4. me alegro que empezaras una nueva historia =) la seguiré leyendo, seguro que esta llena de sorpresas.


    Gracias por creer en mi, por seguirme alla donde acabe (seguramente hacia un nuevo blog), tus palabras me dan fuerzas para esforzarme y alcanzar el ritmo antes de que se vuelva demasiado rapido.

    un beso

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  5. Me ha encantado.
    Es precioso, pero no debería extrañarme ^^
    A ver para cuando el próximo.
    Un besooo ^^

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