22 de junio de 2009

Capítulo dieciseis

Volví después de un mes repleto de exámenes y actuaciones y mil cosas más.
En cuanto a las clases, todo bien, no me queda ninguna. Así que intentaré poner esto al día y volver a escribir y a firmar y esas cosas.
Perdón por la tardanza.
Gracias por la paciencia.




Los días siguientes Kevin no se dignó a aparecer por la habitación, y cada minuto que pasaba lejos de él, me odiaba más a mi misma por haberle besado y por haber caído bajo sus extraños encantos demoníacos.
Yo amaba a Chris, le amaba con tal fuerza que me sentía vacía desde que él no estaba conmigo y cada poro de mi piel me pedía a gritos su contacto y su aroma. Le amaba hasta el extremo, hasta el punto de que sería capaz de dar mi vida por él.

Por eso no entendía por qué había besado a Kevin ni por qué tenía la certeza de que volvería a hacerlo cuando se me presentara la ocasión.
Él iba a matar a Chris, me había dicho que iba a hacerlo y yo sabía que no mentía, y a pesar de eso, yo ansiaba que entrara de nuevo en la suite para tenerle de nuevo conmigo. A él, a sus ojos grises y al indescreptible y atrayente calor de su cuerpo.


La puerta se abrió en medio de la noche, despertándome de un sueño repleto de Luces y Sombras que me atormentába desde muy niña.
Distinguí unos ojos azules en la oscura habitación y mi corazón se aceleró irremediablemente.
_ ¿Chris?_ susurré.
_Sería demasiado bonito que fuera Chris, ¿verdad?

Los ojos cambiaron, esta vez eran rojos y brillantes y llenos de maldad. Me estremecí.

_¿Quién eres?
_Alguien a quien no querrías haber conocido.
_¿Qué... qué quiere de mi?
_Todo lo que puedas darme.

El hombre de ojos cambiantes que tan pronto eran azules como rojos me cogió en volandas. Su piel era aún más caliente que la de Kevin, en cambio su voz y su aliento eran máa gélidos que Chris.
No pude gritar, ni si quiera cerrar los ojos, el temor me tenía paralizada y temí que fuera a desmayarme de un momento a otro.
El hombre caminó conmigo a cuestas hasta la planta más baja del supuesto hotel parisino, y cuando llegué a una sala llena de espejos me vi a mi misma llorando inmovil en aquellos fuertes brazos desconocidos.
Me sentó en una silla y pronto unos grilletes sujetaron mis tobillos y muñecas con demasiada fuerza.

Cinco pares de ojos rojos como la sangre estaban fijos en mi, ocultos entre los espejos de la habitación, y no tardé en reconocer los ojos de Kevin.
_ ¿Kevin?_ susurré.
_Él no va a ayudarte_ dijo el hombre de ojos cambiantes_. No le mereces tanto la pena.
No le miré, si no que me centré en los ojos de Kevin, que como de costumbre, no decían nada.
_ ¿Qué se supone que vais a hacerme?
_Como ya supones no eres una chica normal_ dijo el hombre_. ¿Cómo si no ibas a enamorar a un ángel? ¿Y a un demonio? ¿Cómo ibas a amarles tú a ambos?
_Yo amo a Chris...
_Y también a Kevin, aunque no te lo admitas.

Lloré de rabia, y las lágrimas cayeron sobre mi ropa desgastada.

_Sólo te dolerá un poco_ sonrió de forma extraña_. Lo prometo. Morirás antes de sufrir todo lo que deberías.
Sentí que mi cuerpo se ponía a temblar, y sólo me bastaba ver aquellos ojos cambiantes para tener la certeza de que aquel era mi final.
_ ¿Por qué?_ pregunté sollozando.
_Pequeña Protegida de los Ángeles_ susurró_. Sólo tu muerte podrá darme la vida.
No entendí lo que decía, y tampoco quería entenderlo.
_Voy a contarte una historia, Ariadne, al fina y al cabo, tenemos tiempo, ¿verdad?
_Chris vendrá a salvarte.
_Ingenua_ sonrió_. A estas alturas, Christian ya debe haber muerto.

Sus palabras se clavaron en lo más profundo de mi ser, me helaron el corazón realintizando su latir y fue entonces cuando me desmayé.