30 de abril de 2009

Capítulo once

Se que hay cosas muy evidentes (como la interrupción de Kevin en el beso), pero que le voy a hacer, me sale sólo sin que yo me de cuenta.
Seguimos con la historia.


A mí no me hacía falta volverme para saber que aquella voz cálida pertenecía a Kevin, pero Ari si que necesitó darse la vuelta entre mis brazos para fijarse en el demonio que ella creía humano.
_ ¡Kevin! ¿Qué estás haciendo aquí?_ preguntó ella mirando con fijeza sus ojos grises que sólo yo podía ver arder.
_Christian no es el único que te echaba de menos_ susurró con su extraña sonrisa.

Muy a mi pesar, Ari se libró de mis brazos al ver como Kevin se acercaba y la agradable sensación eléctrica desapareció dejando un horrible vacío en mi interior.
Pero no podía pararme a pensar en eso. ¿Qué era lo que quería Kevin?
_ ¿De qué conoces a Christian?_ preguntó con voz temblorosa, pues para ella nadie más me había visto nunca.
_ ¿No te lo ha contado?_ sonrió revolviéndome las entrañas.
_Lo hará algún día_ respondió ella sin ni siquiera mirarme_. Deberías estar en Madrid.
_Él también_ respondió mientras me miraba con sus ojos ardientes_, y no se lo restriegas.

De forma inconsciente Ari me cogió la mano. ¿Tanto miedo tenía a que me fuera de nuevo? ¿De verdad creía que iba a ser capaz de dejarla sola?
_Es distinto… él…

Claro que era distinto. Más de lo que ella podía imaginar. Ella era humana, yo un ángel y el supuesto chico que había frente a nosotros, un demonio. ¡Menuda reunión!
_ ¿Sabes de verdad quién es Christian?_ preguntó mirándome a mí.
Ella se estremeció y por el contacto de nuestras manos sentí como la duda la invadía.
_Tampoco sé quién eres tú_ susurró varios segundos más tarde.
_Y no creo que quieras saberlo_ sonrió volviéndose hacia Ari_. Aún he de robarte un beso.

Y sin más se fue dejándome de nuevo a solas con una Ariadne que no tardaría en pedir respuestas.
_Tengo que volver a clase.
_Te acompaño.

La dejé envolverse en el tumulto de jóvenes que entraban en el gran edificio, y no la perdí de vista hasta que desapareció escaleras arriba.


* * *


Dos horas. Sólo tenía que esperar dos horas y ella saldría de aquel inmenso edificio, y cuando saliera…
Cuando estuviera de nuevo conmigo no tardaría en pedir respuestas y a mí no me iba a quedar otra que explicárselo todo… ¿cómo se lo tomaría? ¿Cómo reaccionaría cuando le contara que yo era un ángel? ¿Y cuándo le explicara quién era ella? ¿Y lo que Kevin, un demonio, buscaba?
Eran demasiadas cosas, demasiado sobrenaturales para un corazón humano…
"Christian"_susurró una profunda voz en mi mente.
Se me erizaron los pelos de la nuca al averiguar a quién pertenecía la voz.
Era el hombre de la capa azul, ¿qué querría de mí?

Como siempre, no veía su rostro, oculto bajo la capucha inmensa que sólo dejaba entrever su plateado cabello.
Me puse en pie aún a sabiendas de que nadie salvo yo podía verle, y mucho menos, oírle.
_Qué quieres_ exigí consciente de las miradas de la gente.
"Sígueme".

Obedecí muy a mi pesar, desobedeciendo la orden de mi corazón de quedarme a la espera de Ari y obligándome a mí mismo a desterrar de mi mente aquella idea de que algo iba mal. Le seguí por las estrechas calles del Casco Antiguo y pronto llegamos a un lugar que me resultaba desconocido hasta a mí.
_No lo hagas, Christian_ dijo hablando por vez primera.
_Que no haga, ¿qué?
_No cometas la estupidez de contarle la verdad a Ariadne. ¿No lo comprendes? Si le explicas la misión, todo se echará a perder.
_No puedo contarle algo que ni yo mismo sé_ repliqué y por primera vez me di cuenta de que no sabía para qué querían ellos a Ari.
_Sólo te lo diré una vez, si no vas a ser capaz de guardarte el Secreto, será mejor que te alejes de ella.
_ ¿Y dejarla en manos de un demonio?
_Por lo menos Kevin no tiene intención de contarle nada…

De repente vi sus ojos brillar y algo me dijo que aquel ente, o lo que fuera, no era de fiar.
_No voy a entregarte a Ari.
Sonrió y se quitó la capucha dejando al descubierto unos ojos cambiantes que variaban del azul al rojo constantemente.
_Claro que lo harás, o ella asumirá las consecuencias.
_ ¿Ella?
_Gabrielle. El arcángel Gabrielle. Tu hermana.
_No te atrevas a acercarte a ella.
_Y quién me lo va a impedir, ¿tú? ¿Un ángel normal y corriente? No me hagas reír.
_Qué eres_ exigí observando cómo sus inmensos ojos cambiantes me miraban de forma mística.
_ ¿De verdad quieres saberlo?
_Sí_ respondí sin apartarle la mirada.
_Soy un experimento que salió mal.
_ ¿Qué quieres decir?
_Pregúntale a tu hermana, si es que tienes tiempo de salvarla.

28 de abril de 2009

Capítulo diez

Siento no poder escribir con la continuidad del principio, pero es que estoy de exámenes y de ensayos y no doy hecho. Lo siento por el retraso entre los capítulos.



Dejé la foto encima de la mesa y me puse a buscar información sobre el posible paradero de Ari. Al fin y al cabo, no necesitaba dormir y no era muy buena idea salir en su busca a las tres de la madrugada.

Me infiltré en los registros de todos los institutos buscando su nombre, hasta que finalmente, la encontré cursando primero de bachillerato en el Gil y Carrasco.
Por lo que sabía, los recreos en ese instituto era a las diez y diez y a las doce y veinte más o menos, y precisamente por eso, a las diez en punto ya estaba yo en la plaza del Ayuntamiento, frente al instituto.

No dudaba en que me vería, apoyado en la farola central de la Plaza, con la mirada fija en la puerta que no parecía dispuesta a abrirse… pero, ¿y si Kevin había tenido la misma idea? ¿Estaría él también allí? Y lo que era peor, ¿le vería a él primero?

Todos esos pensamientos desparecieron cuando mi ahora existente corazón se aceleró irremediablemente al verla.
Aquellos vaqueros gastados y una camiseta azul que yo ya le había visto más de una vez… pero lo que en verdad llamó mi atención fue su cuello. Bueno, más bien, la joya que lucía en él. ¿Llevaba puesta la otra mitad del corazón que yo mismo lucía? ¿Se lo había puesto? ¿Qué quería decir aquello? ¿Qué me seguía queriendo?

Estoy completamente seguro de que si no fuera un ángel, mi cara se habría teñido de un rojo encendido y mis piernas temblarían de forma irremediable.
Pero sí que lo soy, y por tanto no tuve ningún problema para moverme entre el tumulto de jóvenes que aparecía por todas partes hasta llegar a ella.

Le rocé el hombro con mi mano corpórea por primera vez. ¡Vaya sensación! ¡Menuda descarga eléctrica que me provocaba su piel tan suave y magnética! ¡Lo que me había perdido siendo inmaterial!
_ ¿Ari?
Y entonces ella se dio la vuelta.

Sentí sus ojos violáceos clavarse en mí al mismo tiempo que las miradas de varias chicas que la acompañaban.
_Está muy bueno_ susurró una de ellas creyendo que yo no la oiría.

Sonreí acercando una de mis manos materiales a su rostro y aparté de él un caprichoso mechón negro azabache.
_Chris…_ susurró.
¡Su voz! ¡Cómo la había echado de menos!
_Hola.

Nada tenía importancia para mí en ese momento, nada salvo ella. No me daba cuenta de las miradas de la gente y tampoco me importaba mucho, porque ella estaba allí, frente a mí, a escasos centímetros.
_ ¿Pueden verte?_ susurró con miedo.
_Si.
Entonces sonrió y para mi sorpresa, cogió mi mano provocando una nueva serie de descargas eléctricas y me arrastró más allá de la Calle del Reloj hasta llegar a la plaza de la Encina. Precisamente la plaza de la Encina. Donde por primera vez yo había sabido de ella.
_Christian…_ susurró ella con suavidad convirtiendo mi nombre en la más bella palabra.
_Qué.
_Yo… Tú…_ se sonrojó de esa manera que tanto me gustaba_. Estás aquí de verdad.
_ ¿Me has echado de menos?
Apartó la mirada de mí, cubriéndose con la barrera de su melena, pero a pesar de que no podía leer su mente, sabía de sobra lo que rondaba en ella.
_Sigues pensando que no existo, ¿cierto?
_Me da igual_ respondió sorprendiéndome.

Algo en mi expresión debió decirle que su respuesta me había chocado, pues me acarició el rostro con una dulzura que yo creía incapaz para un ser humano.
Se acercó a mí hasta que sentí su respiración acompasada chocar contra mi nariz.
No podía hacer nada, sus ojos me atraían como imanes y su aroma inconfundible me volvía loco.
_Me da lo mismo_ repitió ella a la mínima distancia posible_. Mientras existas para mí, todo lo demás no importa.

Entonces conseguí reaccionar y mis manos heladas rodearon su cintura sintiendo como su piel se estremecía ante el contacto. La alcé sin esfuerzo hasta tenerla aún más cerca y la besé. La besé como nunca jamás soñé que sería capaz de hacerlo, sintiendo como mi corazón y el suyo latían al mismo tiempo y mi cerebro dejaba de funcionar para sentirla sólo a ella.

_ ¿Interrumpo?_ nos sorprendió una voz.

26 de abril de 2009

Capítulo nueve

La ira se apoderó de él y se abalanzó sobre mí con su espada demoníaca en alto dispuesto a atravesar mi cuerpo inmaterial con lo único que podía matarme. Me protegí con mi espada tanto como pude, pero no pude evitar sentir en más de una ocasión, el insoportable ardor de su espada chocar contra mí. La lucha se prolongó y ninguno de los dos resultaba vencedor.
Aquel estúpido demonio era realmente bueno con la espada, casi tan bueno como yo y eso no me puso la lucha nada fácil.
Al final, terminó cansándose y se alejó de mí llevándose con él su asquerosa peste demoníaca.
_Te creía más débil, Christian.
_Las apariencias engañan, Kevin_ respondí aún en tensión.

Sonrió de esa manera tan rara que tienen los demonios y guardó su espada.
Se había dado la vuelta y ya estaba dispuesto a marcharse, cuando sus ojos rojos se clavaron en mí y su voz resonó en mi mente.
“Te veo en Ponferrada”.
Y sin más desapareció.

Definitivamente, iría a Ponferrada en mi estado inmaterial… no quería ni imaginar lo que podía pasar si Kevin llegaba antes que yo.


* * *


Ponferrada. Tal y como mi mente la recordaba.
Tal vez más edificios y más altos y mucha más gente. Más ruido y más tráfico… pero tan perfecta como la última vez.
¡Cómo había echado de menos todo aquello!

Estaba en la plaza de la Encina, en el mismo lugar en el que hacía algo más de un año, me habían informado de la misión de cuidar a Ari. La luna estaba llena y no se veía a nadie por allí a más de las tres de la madrugada.
Suspiré.
Lo de pasar a estado material era muy incómodo. Sentir como de repente mis alas se desvanecían y mi espada dejaba de estar pegada a mí. Tomar conciencia de que mi cuerpo pesaba y tenía un corazón que latía… cosas de las que no debía preocuparme siendo etéreo.
Me relajé cuando el escaparate de una vieja tienda frente a la Basílica me devolvió el reflejo de un chico aparentemente normal, como cualquier otro.
Sentí el aire revolverme el pelo y una serie de aromas olvidados se agolparon en mi obligándome a sonreír.
Atravesé la Calle del Reloj y cuando llegué por fin a la plaza del Ayuntamiento, saqué el llavero que hacía un año que no usaba.
Entre en el pequeño edificio que tenía frente a mí y subí hasta el primer piso. Abrí la puerta.

Todo seguía tal y como lo había dejado. Las paredes de un blanco desvaído, las habitaciones básicamente vacías y en el salón, dos sofás y una mesa de madera enorme llena de papeles y dos ordenadores que solía usar a todas horas.
Inconscientemente mi mirada fue directa al suelo, allí, enmarcada, seguía la foto de Ari que me habían dado cuando comencé a trabajar. La foto en la que vi sus ojos por primera vez.

Y desde entonces no he podido mirar a otra… es la primera vez en mi larga existencia que me siento así, que sé que ella es lo que más me importa en el mundo.
Ya no se vivir sin su sonrisa perfecta y su piel capaz de teñirse de rojo cuando le hablo al oído. Me encanta su voz y todo lo que dice y como lo dice. Adoro su cintura que se amolda perfectamente a mis manos y sueño con el aroma de su cabello más oscuro que la más negra noche.
Adoro sus ojos, su mirada de un violeta intenso tan extraño como el mismo infinito, la inmensidad que reflejan esos ojos, los más grandes que el mundo vio jamás.

Pero lo que más me gusta de ella, más que ninguna otra cosa, es que tiene una capacidad innata para ser ella misma, siempre, sea cual sea la situación.
¿Y me preguntan si la quiero?
Más que a mi propia existencia.

22 de abril de 2009

Capítulo ocho

Seguramente tarde un poco en subir el capítulo siguiente, porque tengo "puente" y como no voy a tener clase ni mañana ni pasado, a lo mejor me voy por ahí y no me da tiempo a subir, pero lo intentaré, lo prometo.



Aparté todos esos pensamientos de mi cabeza cuando sentí que el avión en el que me había obligado a subir aterrizó en la inconfundible ciudad de Madrid. Me moví sintiéndome observado, sensación muy incómoda después de un año siendo “invisible”, como decía Ari.
Pero era lo mejor para los dos, tanto para ella como para mí. Si Kevin andaba cerca, era más seguro ser corpóreo.

Salí del aeropuerto y vi a una mujer que conocía perfectamente, casi tanto como a Ari. Su madre. Catrina.
Lucía un elegante traje gris perla igual al del resto de mujeres que entraban con ella. Tenía que saber dónde estaba Ari. Tenía que saberlo.

Me acerqué a ella lentamente, intentando penetrar en su mente. Tarea imposible siendo corpóreo, así que sonreí y hablé. Hablé con aquella voz mía que yo había olvidado.
_Disculpe, ¿Catrina?
Ella se volvió clavando en mi aquellos enormes ojos azules que tenía.
_Sí, dime.
_Me llamo Christian. Soy…_ ¿qué era? ¿Qué le decía?_ Soy un amigo de Ari. ¿Sabe dónde puedo encontrarla?
_Aquí precisamente no_ sonrió de forma ausente_. Se ha ido con su padre.
_Lo sé_ respondí mostrando mi mejor sonrisa_. Pero me preguntaba donde, ya sabe… por no perder el contacto.
_A Ponferrada_ respondió pronunciando el nombre de la ciudad leonesa con suavidad.
¿Ponferrada? ¿Precisamente Ponferrada? Me olía a demasiada casualidad.
_Eres Chris, ¿no?_ preguntó de pronto_. El chico de las conversaciones eternas de Ari.
_ ¿Cómo?
_Sí_ repitió ella_. Ari no hacía más que hablar contigo por teléfono todo el día… no oía más que tu nombre por casa.
¿Por teléfono? Llevaba un año viviendo con ella y no tenía ni idea… las ventajas de no tener cuerpo visible a todos los humanos.
_En fin, me alegro de conocerte, Christian, pero he de irme.

No me dejó ni decirle adiós, desapareció tras una puerta y no la volví a ver. No perdí el tiempo, y cuando desapareció corrí a informarme del próximo vuelo para León.


***



¡Dos días! ¡Tenía que esperar dos días!
También podría viajar del otro modo… no tardaría más de media hora… pero…
No sabía que hacer, salí del aeropuerto con un caos despampanante en la cabeza, tan inmenso que ni si quiera me di cuenta de que alguien o algo me estaba persiguiendo, se montó detrás de mi en el autobús y bajo conmigo en el parque del Retiro.
No me di cuenta hasta que al entrar en el parque, oí el filo de una espada desenvainada tras de mi.
Me di la vuelta.


Era el ser más despreciable que existía. Poco más alto que yo, vestido de un negro intenso a juego con el rojo de sus ojos. En su mano, una espada más antigua que el mismo tiempo y a su espalda dos inmensas alas hechas de la más negra oscuridad. Dos masas gaseosas que le envolvían en un aire sobrenatural.
Era un demonio.
Un horrible y asqueroso demonio.

Pero, ¿qué voy a decir yo? Odio a los demonios más que a nada en este mundo y lo haré siempre. Está en mi naturaleza. Al fin y al cabo, soy un ángel.
Y eso no va a cambiar nunca.

_Christian_ susurró el demonio con aquella voz ardiente que yo detestaba.

Definitivamente, debía perder la corporeidad. Era la única manera de enfrentarme a él.
No tardé en sentir el cosquilleo de mis alas a la espalda y el peso de mi espada angélica en mi cinturón.
Su sonrisa entrecortada me hizo reconocerle.
_Kevin_ dije yo situándome frente a él_. Qué es lo que quieres.
_A ella, ya lo sabes_ me dijo acercándose.
Desenvainé la espada.
_No voy a permitirte que la toques_ dije mirándole con fijeza_. Nunca.
_ ¿Y si es ella la que quiere que la toque? Al fin y al cabo… no soy yo el que la dejó sola.
_Como te atrevas a hacerle daño, te juro que será lo último que hagas en tu amarga existencia.
_ ¡Vaya! ¡Qué ven mis ojos!_ voceó mientras reía con ganas_. El ángel se ha enamorado de la chica humana.
_Y ningún asqueroso demonio me va a impedir que vuelva con ella.

20 de abril de 2009

Capítulo siete

He puesto la ciudad de Ponferrada porque es la mía... es donde yo vivo y me siento más a gusto desarrollando la historia aquí, espero que no le importe a nadie que practicamente sea un sitio desconocido...

Y ahora, empieza la visión de Chris de la historia, espero no decepcionar a nadie. Me alegro de que os vaya gustando, de verdad.

Vamos allá.



_ ¿Qué se supone que estás haciendo aquí, Christian? ¿No deberías estar con la Protegida?
_Ella no me quiere a su lado_ respondí mirando fijamente al hombre que me hablaba.
_Lo que ella quiera no importa, ¿entiendes?
_A mí si que me importa.

Mi interlocutor, envuelto en una capa azul marino, negó con la cabeza dejando entrever unos finos cabellos color plata de brillo sobrenatural.

_Christian, te elegí a ti para este trabajo porque nunca antes habías fallado. Me parecías la persona adecuada para cuidar de la Protegida ahora que falta poco para el Cambio. ¡Y tú vas y la dejas sola! ¡Y encima con uno de ellos!
_Kevin nunca le pondrá la mano encima_ respondí con contundencia_. No mientras dependa de mí.
_Pues entonces vuelve y haz tu trabajo.

El hombre de la capa azul desapareció sin más dejándome sólo en mitad de aquella calle de Punta Cana a las doce de la noche.
Sacudí la cabeza pensando en la forma más rápida de volver a España, aunque no tenía ni idea de cómo iba a encontrar a Ari. Mi Ari. Pues había leído en la mente de Diego que pensaba mudarse con ella, aunque no sabía dónde.
¿Qué había hecho? ¿Por qué me había ido y la había dejado sola? ¿Y encima a merced de un ser como Kevin? Supongo…
“Christian_ dijo una voz en mi mente_. ¿Estás bien?”
Sonreí.
Reconocería la voz de mi hermana en cualquier parte. Fuera mental o no.
“Sigo aquí, Gab. Eso es lo que cuenta”

Aún no me había acostumbrado a su asombrosa apariencia. No en vano era una Etérea, un ser que sobrepasaba con creces la perfección. Su melena rubia y sus ojos como cristales adornaban un rostro de porcelana con unas facciones increíblemente hermosas.
_Hola Chris_ saludó con su voz vaporosa.
_Hola Gab_ sonreí yo mientras ella me cogía por la muñeca y me arrastraba por las calles de Punta Cana a más velocidad que la propia luz.

Estaba acostumbrado a viajar así. Lo había hecho toda mi existencia, que no había sido corta precisamente. Al menos, no a ojos humanos. ¿Qué pensaría Ariadne si le contaba la verdad? ¿La verdad sobre mí mismo y mi existencia? Sencillamente, no se lo creería y me querría alejar de nuevo de ella. Algo que me dolía sólo de pensarlo.
No me di cuenta de que Gabrielle se había detenido hasta que me zarandeó y me hizo abandonar mis pensamientos.
_ ¿Qué vas a hacer ahora?_ preguntó sentándose en la arena de la playa desierta.
_No lo sé, Gab_ respondí sentándome a su lado_, de verdad que no lo sé. Daría todo por volver con ella.
_ ¿Y entonces a qué esperas?
_A que ella esté dispuesta a que vuelva_ susurré observando cómo la pálida luna llena se reflejaba en el mar.
_Christian, no he venido a verte por placer, creo que lo suponías_ dijo mi hermana al cabo de un rato_. Aunque me gustaría que fuera así.
Los cristales que conformaban sus ojos se clavaron en mí.
_Gabrielle…
_Uriel ha estado alerta_ me cortó_, y no tenemos buenas noticias.
No respondí.
_Kevin ha hecho una promesa. Deberías saber lo que eso significa.
>Ahora más que nunca debes cuidad de la Protegida.
_Creo que vuelvo a España.
_Será lo mejor_ susurró más para sí misma que para mí_. Buen viaje Chris. Te quiero.
_Y yo a ti_ respondí mientras ella se desvanecía como el ser sobrenatural que era.

Un ser tan sobrenatural como yo mismo. Yo. Aparentemente un chico de diecisiete años como otro cualquiera cuando me dejaba ver… pero con un secreto que guardar más antiguo que el propio mundo. El secreto que esperaba poder compartir lo antes posible con ella, con Ari.
El secreto por culpa del cual me había separado de ella dejándola en manos, ni más ni menos, que de Kevin. Para mí, el peor ser ante el que podía caer cualquier humano. Y en especial ella.

19 de abril de 2009

Capítulo seis

Siento el restraso en la h istoria, pero acabo de llegar de casa de mi padre y allí no tenía internet.
Este es último capítulo de la Primera Parte, por lo que mañana empezaré la Segunda en la que la historia ES CONTADA POR CHRIS.
Capítulo cortito y mañana más.


_Ariadne, despierta_ susurró alguien en mi oído_. Venga, hemos llegado.
_ ¿Diego?
_Si, venga dormilona. Arriba.

Sonreí y me desperecé bajando del coche. A mi alrededor todo era desconocido pero el aroma del lugar me embriagaba y me hacía sentirme bien. Alcé la vista y supuse que la enorme casa de piedra ante la que nos encontrábamos sería mi nuevo hogar.
_ ¿Dónde estamos?_ pregunté consciente de que no sabía nada de aquel lugar.
_Ponferrada.
_ ¿Ponferrada? ¿Eso no está rozando con Galicia?
_Casi, tú lo has dicho_ respondió_. Estamos a los límites de León.
> Estamos en lo que llaman Casco Antiguo de la ciudad…

Mi padre siguió hablando pero yo no le escuchaba, estaba embobada observando las mil flores violáceas y azules que decoraban los balcones de aquella calle, mi calle que era…
_ ¿Cómo se llama la calle?
_Calle La Obrera, si no recuerdo mal_ respondió cogiendo mis maletas_. ¿Qué te parece si entramos?

Para mi sorpresa la casona de piedra resultó ser un edificio de tres pisos en cada uno de los cuales había dos puertas.
Mi padre se detuvo ante el 2ºB y el piso resultó ser un dúplex decorado de forma clásica pero con un buen gusto contemporáneo. Típico de mi padre.
_Te regalo la parte de arriba_ me dijo cuando yo observaba todo sin mediar palabra_. Haz con ella lo que quieras menos romperla.
Abracé a mi padre como creo que nunca lo había hecho y desaparecí por la escalera de caracol sintiéndome segura en aquella parte de la casa.
No me sorprendía que mi padre me hubiera confiado el segundo piso así, sin más, pues sabía por mi madre que Diego era un hombre muy liberal y que confiaba plenamente en mí.
Pero aun así resultaba increíble.
Sonreí al entrar en la que a partir de ahora iba a ser mi habitación, y al abrir la ventana vi, a mi alrededor, un barrio antiguo, casi medieval, sin apenas tráfico y con mujeres que caminaban entre risas por las estrellas calles del barrio. Me sorprendí al ver a dos chicos con tablas de skate y a una pareja de adolescentes besándose a escondidas… personas que no combinaban con el ambiente pero que lo hacían único.

El ambiente de una ciudad que ahora era mía y en la que deseaba más que nada en el mundo tener a Chris conmigo. Costara lo que costase.



FIN DE LA PRIMERA PARTE

17 de abril de 2009

Capítulo cinco

¿Por qué tenía que aparecer precisamente ahora?
Me senté en la cama y abrí la caja lo más despacio que pude, pero a pesar de lo mucho que tardé, todo seguía allí, intacto. Como un recuerdo imborrable de lo real que había sido él para mí.
¿Pero cómo no iba a existir?
La carta estaba allí, en aquel papel semitransparente, escrito con una letra que nada tenía que ver con la mía.
También estaba allí el colgante con la mitad del corazón que, supuestamente, yo debía llevar al cuello, ya que él llevaba la otra mitad. ¿En serio no era real aquella maravilla de plata con la hermosa C finamente grabada?

Las lágrimas se adueñaron de mí, pues ansiaba la presencia de Chris más que nada en el mundo. Le necesitaba. Me hacían falta sus abrazos suaves y sus besos electrizantes, su mirada cómplice y su media sonrisa tan arrebatadora como todo en él, no podía aguantar el no oír el latir de su corazón, ni disfrutar de su extraño aroma que tanto me gustaba…

_ ¿Me echabas de menos?_ dijo alguien en el alfeizar de mi ventana.
Me giré bruscamente haciendo que el colgante cayera al suelo y se perdiera bajo la cama.
_ ¿Kevin? ¿Qué estás haciendo aquí?

No me contestó, entró en mi habitación y rápidamente encontró el helado colgante que yo quería ponerme al cuello. ¿O no quería? ¿Qué sentía por Chris? ¿En serio podía sentir algo por alguien que, aparentemente, no existía?

Como leyéndome el pensamiento, el chico anudó la cadena a mi cuello, y el frío medio corazón se posó sobre mi pecho recordándome lo mucho que añoraba a Chris.

_ ¿Qué te pasó? ¿Por qué marchaste así?
_No me encontraba muy bien…
_Ni siquiera me dejaste traerte a casa_ dijo sentándose a mi lado obligándome a estremecerme con su extraño calor_, ¿por qué?
_Tú tampoco parecías estar muy bien…
Le enseñe la muñeca, aún marcada por la desmesurada temperatura que había adquirido su piel.
_Lo siento…
Estuvimos largo rato sin decirnos nada y de repente él se puso en pie y me invitó a hacer lo mismo.
Me cogió por la cintura tal y como había hecho en el baile, y nuevamente se acercó a mí obligándome a cerrar los ojos y a dejarme llevar por su magnetismo sobrenatural… Ya no aguantaba, le tenía allí, tan cerca, tan sumamente cerca… tan cerca que podía sentir su respirar chocando contra mi nariz y su pelo rozando mi rostro con suavidad.
Sus labios ya casi estaban junto a los míos como en el baile, pero de repente, el colgante de Chris pareció querer separarse de mí, parecía haber adquirido vida propia y deseaba alejarse de Kevin tanto como fuera posible.

Abrí los ojos y me separé del chico, al que nuevamente, le subía la temperatura demasiado rápido.
_Deberías irte…_ susurré.
_No hay quien te entienda, Ari_ dijo él acercándose a la ventana.
_Con que yo me entienda es suficiente.
_Siempre termino consiguiendo todo lo que quiero, pequeña_ me dijo mirándome fijamente_. Y un beso tuyo no va a ser la excepción.

Y sin más desapareció.

El todoterreno verde oscuro de Diego estaba aparcado delante de mi puerta a las nueve en punto, y junto a él mis maletas.
Abracé a mi madre por última vez mientras observaba como las lágrimas se agolpaban en sus ojos azul oscuro que rehusaban a desahogarse ante la impotente presencia de mi padre. “Por lo menos un e-mail a la semana” me había susurrado entregándome el portátil que yo tanto ansiaba tener. ¡Cómo iba a echar de menos todo aquello! El ruido de Madrid y el ir y venir de la gente. Los coches, el metro, la urbe… todo.
Pero ya estaba hecho. Ya estaba sentada en el asiento de cuero junto a mi padre al que, por vez primera, veía feliz del todo. No tardé en quedarme dormida y los seres etéreos que me habían arrastrado la noche del baile se aparecieron de nuevo ante mí.
Nuevamente me dijeron que me alejara de Kevin, me llamaron Protegida y me explicaron que tan sólo Chris podía darme las respuestas que ansiaba.
No me dolió oír su nombre, es más, me reconfortó. Pues una parte de mi quería confiar en que volvería a verle. Quería aferrarme a esa idea tanto como pudiera, pues al encontrar la caja y ponerme el colgante, supe que no podría seguir adelante si no era con él. Sin ni siquiera pretenderlo me había dado cuenta de que le amaba por encima de mi misma y estaba dispuesta a todo sólo porque el volviera.
Pero… ¿podría hacerlo?

16 de abril de 2009

Capítulo cuatro

A las nueve en punto se presentó en casa, tal y como había dicho, y yo me volví a mirar al espejo comprobando que el corpiño negro estaba bien anudado y los picos de la falda estaban tan descolocados como me fuera posible.
Me había sido imposible recogerme el pelo en un moño como mi madre esperaba, y para su desilusión, mil rizos negros se desparramaban alrededor de mi rostro demasiado blanco y mis ojos estaban demasiado pintados para mi gusto.
Cuando bajé, Kevin estaba en el salón, sentado en la butaca favorita de mi madre y sus ojos grises estaban fijos en mí. Apenas había bajado el último escalón, cuando él se acercó a mí con su despampanante sonrisa y me cogió por la cintura situándome frente a él.
¡Vaya! ¡Qué guapo era! ¿Cómo no me había dado cuenta? ¿Cómo no me había fijado nunca en su suave pelo rubio ni en sus penetrantes ojos grises? ¿Cómo había podido pasar de semejante sonrisa y de una calidez como la de sus manos? Sabía de más la respuesta esas preguntas, pero quería olvidarla. No quería que su figura inundara mi mente, no quería empezar a estremecerme y a helarme de frío sólo al pensar en su sonrisa, ni quería que mi corazón se desbocase por pensar en uno de sus electrizantes besos. Y es que la razón por la que nunca le había prestado atención a Kevin, había sido porque llegó al mismo tiempo que Chris, y cuando lo vi a él no tuve ojos para nadie más.

Cuando me quise dar cuenta estaba ante la puerta del Ritz cogida del brazo de Kevin, y decidí divertirme tanto como pudiera, al menos en la medida de lo posible. Después de una cena perfecta, la música comenzó a llenar la pista de baile y Kevin me sacó a bailar bajo las miradas asesinas de unas chicas que yo conocía de vista y que, por lo que sabía, habrían dado cualquier cosa por bailar con mi pareja aquella noche.
No sé cuantas canciones pasé sujeta al cuello de Kevin mientras él me balanceaba suavemente con sus manos sujetas a mi cintura.
_Creí que no vendrías_ dijo él.
_Pues aquí estoy.
_No sabes cuánto me alegro_ sonrió apartándome el pelo como solía hacer Chris_. Sin ti yo no estaría en el lugar adecuado.

Y entonces se inclinó sobre mí para besarme pero de repente sentí como alguien tiraba de mí alejándome de los brazos de Kevin y de su inexplicable magnetismo. De sus labios que ansiaban encontrarse con los míos y de sus sonrisa arrolladora.

Cuando puede volver a controlar mis piernas y me atreví a abrir los ojos me encontraba fuera del hotel, en la calle más oscura que podía haber en Madrid un catorce de septiembre y frente a mí, tres seres aparentemente etéreos me miraban fijamente con unos ojos más transparentes que el propio cristal.
No supe qué hacer ni qué decir, no era capaz de moverme, casi no me atrevía ni a respirar. Pues aquellos seres que rozaban la perfección, poseían una belleza superior a la conocida e irradiaban una atracción que me obligaba a no apartar los ojos de ellos.
_Ariadne_ susurró uno de ellos con la voz más aérea que había oído en mi vida_, pequeña Protegida. ¿Eres consciente de lo que has estado a punto de hacer?

¿Yo? ¿Se refería a mí? ¿“Pequeña Protegida”? ¿Qué había hecho yo para que aquellos perfectos seres se preocuparan por mí?
_No… no lo sé_ murmuré en un susurro apenas audible.
_Kevin no es quien dice ser_ dijo el que al parecer era el más joven_, ten cuidado Protegida. Deberías alejarte de él.
_ ¿Por… por qué?
_Pregúntaselo a Chris_ respondieron los tres al tiempo.

Me estremecí al escuchar su nombre en boca de una persona que no fuera yo. Si es que aquellos seres eran personas, pues parecían muy superiores a cualquiera que yo hubiera visto antes.
_Es el único que puede darte respuestas.
Y entonces desaparecieron al mismo tiempo que yo perdía el sentido.

* * *


Cuando desperté, los ojos grises de Kevin estaban fijos en los míos y cuando pude ponerme en pie, me vi de nuevo en la pista de baile del hotel, como si nunca me hubiera movido de allí, fuertemente cogida por la ardiente mano de Kevin.
_ ¿Estás bien?_ preguntó_, te desmayaste en medio del baile…
_Sí, estoy bien.

¿Me había desmayado? ¿Entonces aquellos seres no habían sido reales? Mi cabeza no daba sacado ninguna respuesta.

De repente me di cuenta de que la mano de Kevin apretaba con fuerza mi cintura, una mano que cada vez estaba más caliente. Su temperatura iba en aumento de una forma que se me antojaba incomprensible, y no tuve más remedio que alejarme de él cuando el calor se me hizo insoportable y el fuego que parecía existir en su mano comenzaba a quemarme la piel.
_Creo que será mejor que me vaya, Kevin.
_Espera…_ dijo cogiéndome por la muñeca quemándome de nuevo la piel.

Yo me aparte bruscamente y me puse el abrigo. Ya estaba en la puerta cuando el chico volvió a acercarse a mí.
_Deja que vaya a verte mañana, por favor.
_No puedo, Kevin_ respondí observando el brillo extraño que tenían sus ojos_, mañana me mudo.
_ ¿A sí? ¿A dónde?
_No lo sé…_ contesté.
_Por lo menos dime que me llamarás un día de estos_ susurró acercándose a mí.
_Está bien_ prometí_. Te llamaré.

El sonrió y cuando me acarició con suavidad la mejilla, su piel ardía todavía más, por lo que salí apresurada del hotel y me metí en el primer taxi que vi libre.

Mientras el coche avanzaba lentamente hacia mi casa, no pude evitar observar la naciente quemadura de mi muñeca causada por la piel de Kevin.
Y no puede evitar evocar la imagen de Chris, su perfección y el helado sabor de sus labios que eran lo único que podría quitarme de encima el asfixiante calor que Kevin había dejado en mí.

Cuando llegué a casa, mi madre estaba dormida en el sofá con la tele aun encendida, supuestamente esperando a que yo llegara.
Sonreí.
Era la última noche que iba a pasar con ella, al menos hasta junio, y aun no me hacía a la idea. Ni viendo las maletas con todas mis cosas al lado de la puerta, ni si quiera siendo consciente de que me iba a ir a vivir con mi padre a alguna ciudad perdida vete tú a saber por dónde…

Le di un beso y subí a mi habitación. Una vez allí me miré al espejo observando cómo me sentaba el vestido. Vestido que dejaría guardado en aquel armario de la que sería por siempre, mi habitación. Cuando iba a colgarlo en el armario, algo cayó al suelo.
Una caja blanca anudada con un lazo azul.
Me estremecí de pies a cabeza al ver las letras doradas que adornaban la caja.
Christian y Ariadne. Por siempre.

15 de abril de 2009

Capítulo 3

Hoy toca capítulo largo, que tengo la inspiración estos días al 110% :)

Sin pretenderlo me quedé dormida, recostada en la cama aún con la ropa puesta y apoyando mi cabeza contra su pecho, pues él aún seguía a mi lado, rodeando mi cintura con su brazo y respirando lentamente.
En momentos como ese, me parecía increíble que nadie salvo yo pudiera verle. ¿Cómo nadie iba a darse cuenta de que alguien más ocupaba mi cama? ¿Qué también se oía su respirar y su aroma llenaba mi cuarto más que el mío propio? Pero nuevamente fui consciente de la realidad. Esa realidad en la cual Chris no existía para nadie. No era más que un producto de mi imaginación. Pero era tan real… tan dolorosamente real…
Cuando mi madre entró en mi habitación a primera hora de la mañana, Chris aún compartía cama conmigo, y como siempre, ella no se dio cuenta de nada.
_Ari, cielo. Despierta que tenemos que ir a casa de tu padre.
_Bajo en seguida mamá_ respondí sentándome en la cama_. No tardo nada.
Sin esperar respuesta, abandonó mi habitación dejándome a solas con el chico invisible.
_ ¿A sí que vamos a ver a tu padre?
_Voy a ver a mi padre_ corregí_. Chris, ¿puedo preguntarte algo?
_Lo que quieras, ya lo sabes.
_ ¿De verdad te hace feliz amargarme la existencia?
_ ¿Cómo?
_Quiero que desaparezcas_ susurré dándole la espalda_. Quiero que vuelvas de donde quiera que hayas salido. Quiero ser una chica normal y corriente que no ve a chicos que nadie más ve.
_Ari… _susurró él acercándose por la espalda.
_No Chris_ dije firmemente_. Ya no…
_Pero yo te quiero.
_ ¡Tú no existes! ¿No lo entiendes?_ grité deseando que mi madre no me oyera_. ¡No eres real! ¡No puedo enamorarme de ti!

De pronto él se puso serio, de una manera que nunca antes había visto, y se situó frente a mí apartando un mechón de mi rebelde melena negra de mi cara.
_ ¿Estás segura de que quieres que me vaya?
_Si_ respondí lo más duramente que pude.
_Bien, entonces adiós.
¿Adiós? ¿Eso era todo? ¿No iba a insistirme en que era tan real como yo como hacía siempre?
_Volveré cuando quieras que vuelva, lo sabes, ¿verdad?
_No quiero volver a verte nunca_ susurré dándole la espalda.
_Nunca digas nunca.


Cuando supe que se había ido corrí al baño a darme la ducha más fría que pudiera mientras las lágrimas brotaban de mis ojos de manera incontrolable. Pues una parte de mí era perfectamente consciente de que Chris no iba a volver, y aunque eso a mi cabeza le parecía la mejor noticia desde hacía ya un año, mi corazón iba a tardar bastante más en asimilarlo.
Salí de la ducha, me sequé el pelo y sin ser capaz de desayunar me metí con mi madre en el coche para ir a casa de Diego.

Cuando llegamos, él estaba en la puerta, sonriendo de una manera que yo nunca había visto y que mi madre parecía haber olvidado definitivamente. Entramos en el pequeño piso en el que vivía mi padre, y ante una mesa de madera nos pusimos a hablar.
_El lunes comienzan las clases_ dijo Diego mirándome con fijeza_. El lunes te irás a ese internado del que me hablaste en el último e-mail, ¿cierto?
Asentí con la cabeza.
_Mira Ari, este verano he estado pensando mucho, ¿sabes? He estado pensando en todo lo que me he perdido contigo y se me ha ocurrido una idea que tal vez te interese.
_Que pretendes Diego_ interrumpió mi madre.
_Cat, tan impaciente como siempre_ respondió él_. Pues bien, ahí va. He pensado en que Ariadne podía vivir conmigo durante este curso. He comprado un piso en una pequeña ciudad y creo que sería buena idea.

No sabía que contestar. ¿Irme a vivir con Diego? ¿Mi padre? Vale que la idea del internado se me antojaba insoportable, pero dudo seriamente que vivir con él fuera mejor. Al fin y al cabo nunca había pasado más de un fin de semana con él, y en muy contadas ocasiones.
_ ¿No vas a decir nada, Catrina?
_Es ella quien debe decidir, Diego_ dijo mi madre para mi asombro.
_ ¿Qué dices? ¿Te atreves a probar?_ dijo él.
_Si_ contesté en un arrebato_. Vamos a intentarlo.



Quería alejarme de Madrid tanto como pudiera. De mi habitación en la que tantas horas había compartido con Chris, del banco en el que me besó por primera vez, del parque de la Luna Llena… Quería alejarme de todo lo que me pudiera obligar a imaginarle de nuevo, y marcharme con mi padre a algún lugar perdido era la mejor manera.
_ ¿Te parece bien que marchemos el viernes?
_No_ respondió mi madre_. El viernes es el Baile y Ari me prometió que iría.
_Pero mamá…_ protesté.
_Lo prometiste, así que irás.
_Está bien_ dije_. ¿Nos vamos?

Mi padre me dio un beso en la mejilla con una cara de felicidad que yo creía imposible en su rostro cuadriculado, y me metí de nuevo en el coche de mi madre esperando el sermón que se había aguantado en casa de Diego.
_ ¿Y bien? ¿No vas a decirme nada?
_Creo que no hace falta.
_Sé de sobra que no te hace ninguna ilusión que me vaya a vivir con Diego.
_Cariño, aunque te cueste creerlo, me siento más segura si estás con tu padre que con un grupo de desconocidas que no sé ni cómo te trataran.
_ ¿En serio?
_En serio.
Cuando llegamos a casa, el uniforme de azafata de mi madre ya estaba encima de la tabla de planchar y ella lo miró con la misma ilusión de todos los años. Le encantaba volar, era su vida y lo que más feliz le hacía, por eso le había dicho que no me importaba estar interna durante el curso si ella iba a estar más tranquila. Pero sí que me importaba, me daba mucho miedo verme sola durante nueve meses en un recinto cerrado. Así que le estaría eternamente agradecida a Diego, digo… a mi padre, por la idea de vivir con él.

* * *

Cuando llegué a mi habitación cogí la carta de Kevin evitando recordar la suavidad de las manos de Chris que habían sujetado ese papel. Pero increíblemente, él no apareció y cogí el móvil para marcar el número de ese chico, que no se por qué, me había invitado al baile.
_ ¿Kevin?
_ ¿Ari? ¿Eres tú?
_Sí, oye…_ dije algo avergonzada_. ¿Sigue en pie lo del baile?

14 de abril de 2009

Capítulo dos

“He de marcharme”.
Sólo esa frase y un tímido beso transparente que dejó en mí su extraño aroma a canela.
"He de marcharme".

¿Esa era la mejor despedida que se le ocurría bajo la luna llena solos en el parque? Si tal y como creo, Chris es un producto de mi imaginación, he de admitir que mi capacidad de inventar es cada día más pésima.
Cuando llegué a casa me tiré en la cama y cogí una vez más la carta que Kevin me había escrito para invitarme al baile de fin de verano. El papel gastado de haberla desdoblado mil veces aún conservaba el aroma de ese chico de mi clase por el que todas suspiraban y en el que, sinceramente, yo nunca me fijé. Tal vez, porque cuando llegó nuevo el año pasado, llegó también Chris.
¡A quién pretendo mentir! ¡Soy incapaz de decirle que si a Kevin si cada vez que Chris está cerca se me acelera el corazón y se me hiela la sangre al mismo tiempo!

_ ¡Ariadne, teléfono!
La voz de mi madre me sobresaltó, y cuando bajé la escalera ella estaba apoyada contra la pared con el auricular en la mano. Con ver su expresión de dureza me fue suficiente para saber quien llamaba.
_ ¿Diego?
_ ¡Hola cariño!_ dijo mi padre al otro lado de la línea_ ¿Qué tal el verano?
_Bien gracias.
_Escucha, ¿puedes pasar mañana por casa? Tengo que hablar contigo.
_Sin problema.
_ Ah, dile a Cat que venga también. Es mejor que estéis las dos.
Y colgó.

La mirada de mi madre no precisaba de pregunta alguna.
_Dice que pasemos por su casa mañana.
_A saber que tripa se le ha roto ahora.

Y Catrina desapareció tras la puerta de la cocina dejándome sola ante el aparato de teléfono.
Fui al salón, pues sabía de más que hacía rato que él estaba allí, sentado en el sillón grande que daba a la puerta, con sus despampanante ojos verdes fijados en mí que me acercaba lentamente.
Ese era mi problema y con él tenía bastante. ¡Como para que a Diego le picara el instinto paternal!
Me senté en el sillón que quedaba de espaldas al suyo y más rápido de lo que yo esperaba se sentó a mi lado y me pasó uno de sus helados brazos por los hombros. Sin poder evitarlo me recosté sobre él mientras me susurraba al oído que era mejor hablar en mi habitación.

Por supuesto que tenía razón. Y subimos los dos al tercer piso donde me había creado mi espacio en la buhardilla que tanto me gustaba. Sobre la cama aún estaba la carta de Kevin. Carta que Chris cogió sin decir nada y que se puso a leer afanosamente.


Y la misma pregunta sacudió mi mente. ¿Por qué si respira, camina, come y habla sólo puedo verle yo?

10 de abril de 2009

Primera Parte: Capítulo uno

Primero de todo dar las gracias a Carlos y a Kimberly por otorgarme el premio, de verdad muchísimas gracias a los dos porque me hizo mucha ilusión.
Cuando ya me maneje yo del todo por aquí, subiré el premio también.

A partir de ahora llenaran mis Letras de Plata una historia de la Dama Gris, un cuento con el que desaparecer del mundo y que tan sólo se puede leer creyendo en imposibles y soñando despiertos.
Con ustedes: CHRIS & ARI


(Primera parte, narrada por Ari)

Suspiré.
No tenía ganas de nada y mucho menos de hablar con él. Él que es tan perfecto, tan único, tan impactante… Él que es capaz de hacerme sentir tantas cosas al mismo tiempo. Él que me da todo lo que necesito para ser feliz.

_Vete ahora mismo_ le dije por quinta vez.
_No quieres que me vaya.
_Lo que no quiero es hablar con alguien que solo existe en mi cabeza_ repliqué recordando las extrañas miradas de las chicas de mi clase al hablar con el "chico invisible"
_Oh vamos… ¿Todavía sigues con eso?

Se sentó a mi lado en el parque vacio mientras las estrellas empezaban a brillar a la luz de una pálida luna llena.
_Quiero que me dejes tranquila. ¿Es muy difícil de entender?
_Yo solo estaré aquí mientras tú quieras tenerme a tu lado.
_Quiero dejar de parecer una descerebrada que habla sola por la calle.
_Eso no quiere decir que no me quieras a tu lado, Ari.
_Te detesto.
_Se te da fatal mentir.

Y me besó de nuevo de aquella forma irreal, con aquel sabor a aire que me encantaba y que me volvía loca. Me besó llenando mi cuerpo de electricidad y obligándo a mi rostro a tornarse de un intenso rojo.
No había nadie más en el parque, nadie que pudiera ver lo idioa que parecía sonrojándome y riendo por las cosquillas que me hacía Chris.
Chris.
Un chico al que tan sólo yo puedo ver, nadie más, por lo que es imposible que exista más allá de mi imaginación... y a pesar de todo...
¿Por qué me gustará tanto alguien que no existe?

4 de abril de 2009

El brillo de una Estrella

Abrí el diario plateado por una de las páginas que yo creía más vieja, una de las que mi madre había escrito cuando era niña. Cuando aún imaginaba y soñaba despierta como lo hago yo y como mi hermana Danielle ha dejado de hacer.
El diario era lo único que me quedaba de ella, lo único que la Nana me dejaba ver... y me encantaba. Me encantaba descubrir lo mucho que me parecía a mi madre y que a ambas nos enamoraba la Estilográfica Gris.

Descubrí un texto escrito en brillante tinta plateada, y me sorprendí al darme cuenta, que al igual que yo, mi madre también había estado unida a un Caballero Ponfelonés al que habí querido como a un auténtico hermano.
El texto decía así:

Había una vez una ciudad que vivía de imposibles y en la que los deseos se hacían realidad, una ciudad sin nombre en la que cada noche brillaban las estrellas intensamente. Una ciudad que compartía sueños del mundo y buscaba la felicidad.
En esa ciudad vivía un chico, un chico que cada noche se tumbaba en un campo a mirar las estrellas y se ponía a pensar. Le daba vueltas a las cosas y buscaba en las luces del firmamento respuesta a sus dudas.
Una de aquellas noches, todas las estrellas se cubrieron de un manto de niebla y el chico sintió como se encogía una parte de su corazón, pues sentía que al no ver las estrellas, una parte de él no podía estar completa.

No era consciente que en otro punto de aquella ciudad mística había otra persona. Una chica que apoyada en el balcón de una casa miraba con tristeza como lentamente iban desapareciendo las esferas brillantes del firmamento.
Aquella chica solía soñar que alguien más miraba aquellas estrellas, alguien que había conocido hacía mucho, pero que no lograba recordar. Que las estrellas eran algo que compartía con aquella persona que protagonizaba sus sueños.

Cuando la espesa niebla cubrió la Ciudad sin Nombre sólo una estrella brillaba. Sólo una se resistía a ocultarse, una que quería permanecer visible para sus dos únicos admiradores, y lo consiguió.
Brilló durante toda la noche vigilada por dos jóvenes unidos por su brillo.






…Puede que el brillo de una estrella una más que el verse día a día.. y haga querer a alguien todavía con mas fuerza.

Inevitablemente, el rosto de Alejandro acudió a mi y me provocó una sonrisa al darme cuenta de lo mucho que lo echaba de menos*