8 de marzo de 2009

Y nada más

Sobre el bureau de madera una rosa negra y varias cuartillas perfumadas en agua de azahar y ante él, bajo la tenue luz de una velas casi consumidas escribía a escondidas y sin apenas respirar Elisabeth.
Las cortinas estaban corridas y la noche envolvía en su tenebroso manto los ruidos de un Londres nocturno en plena época victoriana, donde rateros y hombres sin calificación vagaban mostrando lo peor de la aparentemente perfecta ciudad.

Pero poco le importaba eso a la joven Dama que escribía en sus cartas perfumadas la despedida que dirigía a su padre al que no conocía y a su madrastra a la que había odiado desde el día en que la conoció.
Se puso en pie volviéndose hacia el espejo y este le devolvió la imagen nítida de la muñeca de porcelana que era ella. Cabello dorado recogido en un perfecto moño francés, ojos azules como cristales cansados ya de ver algo que no querían ser, piel blanca tirando a la palidez, nariz larga de hermosura romana y labios gruesos y armónicos decorados por la perfección de un lunar bajo ellos. Corsé blanco apretado torno a su pecho marcando una estrecha cintura y faldas de tul blanco y negro cayendo elegantes hasta sus pequeños y delicados pies.
Qué hermosa era, qué perfecta, qué proporcionada, qué cautivadora.
Y a pesar de todo eso, de su belleza, del poder de su padre, la Dama Elisabeth no había sonreído nunca.
Jamás.
Nunca había tenido motivos para ello, pues nunca había sido feliz.




La tormenta estalló entonces y el agua comenzó a caer entre truenos infernales.
Las cartas perfumadas de azahar quedaron encima del bureau abierto, los pétalos de la rosa negra adornaban la cama sobre la cual estaba tendida Elisabeth.
En su mano izquierda un medallón en forma de media luna.
En su mano derecha una daga de plata y diamante más antigua que el mismo tiempo.




El gran reloj de Londres dio las doce haciéndose eco entre el ruido y la tormenta.
La daga de plata cayó sobre el corazón de la dama Elisabeth y la mano que sostenía el colgante perdió su fuerza dejando la joya moverse como un péndulo por el que resbalaba, casi imperceptible, un fino reguero de sangre que caía hacia la joya partiendo del pecho de la muchacha decorando macabramente su corsé blanco.




El conde James conoció a su hija en la hermosura de la muerte joven.
Su mujer Elene entró en locura al conocer el suicidio de la muchacha.
Y el joven que le había regalado la rosa negra lloraba ante su cuerpo inmóvil ansiando también la muerte para encontrarse con ella.
















P.D: En las semanas siguientes dudo mucho que pueda escribir ninguna entrada y mucho menos devolver comentarios, estoy muy pero que muy ocupada.

5 comentarios:

  1. que triste debe ser una vida sin ninguna razon para, aunque sea fugaz, sonrisa...

    no le desearia eso a nadie, tiene que ser horrible, normal que desee la muerte a toda costa...

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  2. Quizás sea mejor hacer como ella y no sonrreir cuando no se tiene razón para hacerlo, porque las sonrisas vacías hacen mas daño que bien, pero la muerte no es la solución, es escapar al problema, no encontrarle solución... y escapar nunca arregla nada.
    Para ser feliz hay que luchar por ello, y hay que sonreir de vez en cuando aunque no tengas ganas de hacerlo

    Muchos besos y que no se te acumule el trabajo
    Suerte en tu camino

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  3. Cuando no se tienen razones para sonreír es porque no se buscan. Siempre hay algo, un destello de alegría suspendido en el aire, esperando a que alguien lo busque. De todas formas, aunque el texto sea trágico, Dama de las Letras Plateadas (si no te gusta el sobrenombre me lo dices y lo cambiamos), sigue siendo hermoso hasta casi lo imposible.
    Un abrazo
    Carlos
    PD: Espero sobrevivir sin tus palabras y que esto me sirva para valorarlas (más de lo que ya lo hago).

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  4. Me siento identificada con Elisabeth. u.U
    Hermoso texto.

    Saludos.

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  5. Me recuerda a Romeo y Julieta.
    Me encanta... Y no importa si no puedes escribir en varias semanas, con eso creo que tendremos de sobra para deleitarnos esas cuantas semanas.

    Un beso de carmín negro. x)

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