29 de marzo de 2009

Carrera constante

Una vez, en un sueño, vi a un señor mayor cuyos ojos grises eran los más sabios que yo había visto jamás.
Estaba sentado en el porche de una casa de campo mirando a unos niños que corrían por el jardín sin saber exactamente a qué jugaban. Se balanceaba constantemente en la vieja silla que conservaba desde su niñez.

Uno de los niños del jardín se acercó al anciano.
_ ¿Qué ha pasado?
_Me he caído al correr.
_ ¿Te has hecho daño?
_Sólo me he raspado la rodilla.
_ ¿Por qué has caído?
_Porque no veía el suelo, sólo pensaba en correr.
_Pasa dentro, anda, y que te limpien ese rasponazo.

El niño obedeció y el anciano me miró haciéndome entender que tenía que ir hasta él.
_ ¿Has visto lo que ha pasado?
_Si.
_El mundo corre igual que el niño, corre obcecado en un único sentido y nunca se para a mirar el suelo. Por eso, poco a poco, el mundo se va cayendo, haciéndose cada vez un poco más de daño.
Se hizo un silencio, pues no sabía que decir. El anciano lo hizo por mi.
_ ¿Sabes cómo podría el mundo dejar de caer?
_ ¿Cómo?
_Si fueran andando, y miraran al suelo de vez en cuando, no se caerían tanto.
_ ¿Qué quiere decir?
_Que si la gente se calmara más y mirara a su alrededor vería muchas más posibilidades de encontrar la felicidad.

23 de marzo de 2009

Me gusta...

Me gusta mirar la tormenta por la ventana cuando cae la noche, me gusta leer a escondidas con una linterna debajo de las sabanas, me gustan los besos cariñosos que me da mi madre cuando me levanto, me gusta la música de Bach en noches estrelladas y la Historia Interminable cada vez que me la leo, me gusta encerrarme en mundos que no existen y salir de ellos para plasmarlos en papel, me gusta hablar hora y media por teléfono con mi mejor amigo, me gustan los olores caboverdianos que se respiran en casa de mi abuela, me gustan los pantalones vaqueros y adoro lo que no está de moda, me gusta ser una Omar del clan de la loba o acompañar a Dana en la Torre de hechicería, me gusta inventar historias y que luego se rían de ellas, mataría por la paella que hace mi abuelo los domingos y adoro las reuniones familiares cada fin de semana. Me gusta el olor del mar al amanecer y bañarme en la playa cuando el sol ya se ha puesto, me gustan los gestos indescriptibles del chico que me gusta y las miradas que me hecha, me gustan las discusiones infantiles que tengo con mi hermana y quedarme con mi hermano aunque crean que no soy capaz, me gusta salir de berciana el día de la Encina y ver la cara de mi prima con el sueño de haber salido la noche anterior, me gustan los ojos verdes del protagonista de mi historia, me gustan Las mil y una noches contadas por mi madre y la música celta tocada por mi tío, adoro a Luar Na Lubre e idolatro a Mecano, soy una fanática del cine de acción y devoro los libros de magia y misterio, me gusta desvelar a los asesinos con Poirot, y mucho más con Flanagan, y viajar a Idhún con Jack, Victoria y Christian, me encanta alejarme de las Cuevas con Bipa en busca de Aer, me gusta ponerme nerviosa con las descripciones sobre Edward y no saber elegir entre Damon y Angelo, me gusta escuchar cantar a mi padre en la ducha, me gustan los ensayos del coro que siempre coinciden con las salidas con mis amigos, me gusta ensayar con la orquesta y ver al chico del violín, me gusta la moto del amigo del “querido” de mi amiga, me gustan las canciones olvidadas de los 80, me se los bailes de Grease de memoria y veo High School Musical cada vez que puedo, me gusta contar las estrellas tumbada en la hierba, me encanta hablar con Jandro el de Barcelona y sentir que me conoce, me encanta saber que hay gente que está ahí para cualquier cosa, me gusta la empatía que tengo con Victoria y poder sentirme identificada con Silvia, me gustan los colgantes gemelos que tenemos Iris y yo, adoro todas y cada una de las conversaciones idiotas que tengo con Jeru, me gusta llamar a Lucía y quedar para no callar, me gusta la sonrisa de Rocio, me gusta contarle cuentos a mi hermana cuando se va a la cama, me gusta la agencia de correos amarilla por la que se mandan tarros con lluvia de colores, me gustan las canciones de llorar y tener a alguien que llore conmigo, me gusta estar contenta con el mundo, me gusta llorar con Moulin Rouge y partirme de risa con ¿Quién engañó a Roger Rabit?, me pierden los duos que hago con mi madre de las canciones de Disney, me gusta Humupultuksu y las gemelas y los gemelos en camino, adoro mi Reflejo, me encanta que la gente confíe en mí y llorar con quien lo necesite y se lo merece. Me gusta hablar con mi primi de la Universidad todas las semanas, me gusta ser psicóloga de cierto señorito, echarle la bronca a otro y farolear con una amiga. Me gustan mis Letras de Plata y todo lo que escribo en ellas. Me gusta el rap romántico y todo el de Zenit, me pierde la bachata de Aventura y el merengue de Luis Miguel del Amargue. Me encanta cantar zarzuela en la ducha y tocar en el piano cosas que no vienen a cuento, me gusta pasarme horas enteras viendo álbumes de fotos y adoro leer mil veces las cartas de mi hermanín ponfelonés...





Y todo esto que me gusta, es lo que me hace ser yo misma, tan real como el aire que respiras y tan única como cada estrella del cielo.






















PD: Volví después de un lapsus cargado de exámenes...[...]

8 de marzo de 2009

Y nada más

Sobre el bureau de madera una rosa negra y varias cuartillas perfumadas en agua de azahar y ante él, bajo la tenue luz de una velas casi consumidas escribía a escondidas y sin apenas respirar Elisabeth.
Las cortinas estaban corridas y la noche envolvía en su tenebroso manto los ruidos de un Londres nocturno en plena época victoriana, donde rateros y hombres sin calificación vagaban mostrando lo peor de la aparentemente perfecta ciudad.

Pero poco le importaba eso a la joven Dama que escribía en sus cartas perfumadas la despedida que dirigía a su padre al que no conocía y a su madrastra a la que había odiado desde el día en que la conoció.
Se puso en pie volviéndose hacia el espejo y este le devolvió la imagen nítida de la muñeca de porcelana que era ella. Cabello dorado recogido en un perfecto moño francés, ojos azules como cristales cansados ya de ver algo que no querían ser, piel blanca tirando a la palidez, nariz larga de hermosura romana y labios gruesos y armónicos decorados por la perfección de un lunar bajo ellos. Corsé blanco apretado torno a su pecho marcando una estrecha cintura y faldas de tul blanco y negro cayendo elegantes hasta sus pequeños y delicados pies.
Qué hermosa era, qué perfecta, qué proporcionada, qué cautivadora.
Y a pesar de todo eso, de su belleza, del poder de su padre, la Dama Elisabeth no había sonreído nunca.
Jamás.
Nunca había tenido motivos para ello, pues nunca había sido feliz.




La tormenta estalló entonces y el agua comenzó a caer entre truenos infernales.
Las cartas perfumadas de azahar quedaron encima del bureau abierto, los pétalos de la rosa negra adornaban la cama sobre la cual estaba tendida Elisabeth.
En su mano izquierda un medallón en forma de media luna.
En su mano derecha una daga de plata y diamante más antigua que el mismo tiempo.




El gran reloj de Londres dio las doce haciéndose eco entre el ruido y la tormenta.
La daga de plata cayó sobre el corazón de la dama Elisabeth y la mano que sostenía el colgante perdió su fuerza dejando la joya moverse como un péndulo por el que resbalaba, casi imperceptible, un fino reguero de sangre que caía hacia la joya partiendo del pecho de la muchacha decorando macabramente su corsé blanco.




El conde James conoció a su hija en la hermosura de la muerte joven.
Su mujer Elene entró en locura al conocer el suicidio de la muchacha.
Y el joven que le había regalado la rosa negra lloraba ante su cuerpo inmóvil ansiando también la muerte para encontrarse con ella.
















P.D: En las semanas siguientes dudo mucho que pueda escribir ninguna entrada y mucho menos devolver comentarios, estoy muy pero que muy ocupada.

2 de marzo de 2009

Adiós

_No..._ susurré una vez más mientras le ayudaba a cerrar la maleta.
_Tampoco es fácil para mi, ¿sabes?
_ ¿A qué te refieres?
_Vamos, Elle, no te hagas la tonta conmigo, sabes que no te funciona.

No contesté. Me senté encima de su cama y esperé a que se sentara a mi lado. Pero no lo hizo. Una herida más que acumular a mi últimemente roto corazón.

_¿Sabes?_ empezó a decirme mientras me miraba con fijeza desde encima de la mesa_. No hay quién te entienda.
_¿A mi?_ voceé sin poder evitarlo_. ¿A mí no hay quién me entienda?
>Era lo que me faltaba, Edward. Hace dos semanas que me dijiste que te marchabas con tu padre, que te ibas a vivir con él ni más ni menos que a París. ¡París! Y desde que me lo dijiste no has tenido ni un detalle conmigo. ¡NADA! ¿Y es a mí a quién hay que entender?
_Elle...
_¡Qué!
_Déjalo..._ susurró dándome la espalda.
_Dímelo_ grité buscando sus ojos verdes con la mirada.
_¡¡Que te quiero, ¿vale?!!_ gritó para mi asombro_. ¡Llevas siendo mi mejor amiga desde que tengo memoria y no se el tiempo que llevo enamorado de ti!

No contesté. ¿Qué iba a decirle? ¿La verdad? ¿Que yo también le quería como jamás había querido a nadie? ¿Que mi corazón sólo latía cuando él estaba cerca?

_Edward...
_No, ahora déjame acabar_ dijo sentándose por fin a mi lado_. Mira Elle, te quiero, ¿sabes? Pero ahora me voy. Me voy a ir muy lejos de aquí y no quería decirte esto porque ahora lo pasarás mal, y no me volverás a hablar y te comerás la cabeza y...
_Para.
_ ¿Por qué?
_Porque no eres el único al que le late el corazón a cien por hora en esta habitación.
_¿Quieres decir que...?
_Que te quiero Edward_ solté directamente y sin rodeos, y sobre todo sin perder de vista aquellos ojos que me encandilaban_. Que te quiero más que ninguna otra persona en el mundo y eso no va a cambiarlo nadie.

¡Vaya! ¡Parecía que mi corazón se había recuperado de golpe!

_ ¿Entonces qué?_ preguntó él cogiendo tímidamente mi temblorosa mano.
_Son tres meses hasta navidad. ¿Crees que me besarás entonces?
_Es probable_ respondió con una media sonrisa_. Pero, ¿para qué esperar tanto?