29 de enero de 2009

Recuerdos

_No se que te pasa_ dijo ella poniéndose seria_.Bueno, si que lo se, por supuesto que lo sé.
Estás preocupado por ella, como llevas estándolo desde que te conocí. Estás triste, estás mal y no me dejas ayudarte. Intento por todos los medios subirte la moral, animarte, hacerte reir... y tú no te dejas...
Ella le miró a los ojos buscando respuestas en ellos, pero el hielo los había cubierto también volviéndolo completamente inaccesible.
Estaba sentado en el banco, mirando el mar sin verlo, con los pensamientos idos a muchos kilómetros de allí.
_¡Te estoy hablando!_ gritó entonces ella_. Podrías tener el detalle de escuchar.

Él pareció entonces volver en sí, y giró su cabeza hacia ella en un movimiento casual. De golpe sus sentimientos cubireron sus ojos y en ellos se agolpó todo el dolor que había guardado durante años.
_¿Para qué quiere saber qué me pasa?
_Sólo quiero que estés bien..._ susurró ella buscando su mano sin perder sus ojos.
_Eso es imposible para alguien como yo.
_No...
_¡Por supuesto que sí! ¡Todas las veces que he intentado ser feliz, la vida no ha hecho más que ponerme trabas!
_Pero hay que arriesgarse... hay que caerse para volver a levantarse.

Él la miró entonces y a ella le asustó lo que vió, le atemorizó todo el dolor que refelejaban aquellos ojos, toda la tristeza que había acumulada en ellos y en los que no parecía caber nada más.

_Ya estoy cansado.
_Pero yo no lo estoy_ replicó dejando que las lágrimas se adueñaran de ella sintiéndose incapaz de aguantar más.
Él no respondió, le acarició la mejilla con suavidad y se sumió de nuevo en sus pensamientos.






Él estaba ajeno al mundo, su mano estaba aferrada a la de una chica que estaba allí, junto a él, y que intentaba animarle, pero nada podía hacerle feliz, ya no. Estaba cansado de luchar por algo que jamás llegaría. Sus ojos volvían a ser de hielo y de nuevo parecía que nadie podía acercarse a él, pero una voz llegó a su oído derritiendo todo a su paso.
_Si te sirve de algo, aunque sea un poco, te quiero, te quiero más de lo que puedes imaginar.

Entonces se volvió y abrazó a la chica como si le fuera la vida en ello... tal vez él no se atrevía a ser feliz, pero ella parecía tener valor suficiente para serlo por los dos.










Cerré el cuaderno de escribir cuando Danielle regresó de su paseo con Jack, por la ventana de la habitación blanca vi marchar al novio de hermana y tras él, el chico al que yo creía querer más que a nadie en el mundo.
Le miré con fijeza observando todo el hielo que parecía habitar en él.


Ojalá él se diera cuenta de que estoy dispuesta a luchar por la felicidad de los dos cueste lo que cueste y que voy a dar cuanto esté en mi mano porque no vuelva a estar triste.
Nunca más.

4 comentarios:

  1. ...
    Me has dejado sin palabras.
    ¡Es tan bonito! Por poco se me saltan las lágrimas. Definitivamente voy a colgar anuncios en el cielo, a ver si alguna fotocopia barata sumergida en su rutina despierta gracias a tus palabras.
    Un abrazo muy grande (es probable que este sea la última vez que te pueda comentar hasta el domingo).
    Carlos

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  2. Llegará el día en que él se de cuenta.


    Un miau grande, muñeca.

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  3. "tal vez él no se atrevía a ser feliz, pero ella parecía tener valor suficiente para serlo por los dos"
    Me quedo con esa frase :)

    Simplemente PRECIOSO
    un beso

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  4. yo llevo tiempo intentando dar felicidad a alguien, no ha sido fácil y sigue sin serlo,pero he llegado al punto clave...él se ha dado cuenta de mi esfuerzo, y ahora siento que ha merecido la pena, ánimo y no pierdas las esperanzas¡ oye las canciones de tu blog son mis preferidas¡¡

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