22 de noviembre de 2009

IX

_¡¡Aron!!_ gritó Naedra al ver los ojos azul celeste del chico pidiendo auxilio.
Yesshen sonrió.
_ ¿Sorprendida, Naedra? ¿De veras creías que no tenía ningún as en la manga?
_ ¿Y Dara?
_Ella no estaba con el joven aradiense_ sonrió_. Una lástima, daría cualquier cosa por hacerme con los dones de la Dama de la Luz. Pero con él es más que suficiente, ¿no es cierto?
_No puedes saberlo...
_Niña ingenua_ rió de nuevo, sonoramente, haciendo temblar a la joven vestida de gris_. No hay absolutamente nada que yo no seca, y menos de mis prisioneros y de la gente que merodea mi reino.
_Suéltale.
_Ya sabes lo que has de hacer_ dijo seriamete_. Busca a Hyrca y dile que no le amas, dile que nunca podrá amarle que nunca será nada para ti.
_No...

Naedra lloraba.
Las lágrimas se agolpaban una tras otra en sus ojos plateados.
Se acercó a la jaula en la que permanecía retenido Aron y metió la mano por entre los barrotes para acariciar el rostro del joven. Su mano se manchó de sudor y sangre.
Volvió sus ojos hacia la Princesa de Hielo.
_ ¿Cómo sabre que cumplirás tu parte?
_No lo sabrás_ Naedra apretó los puños, furiosa_. En tu mano está arriesgarte.
_Te arrepentirás de todo esto, estate segura de ello.
_ ¿Y serás tú la que me enseñe la lección?_ rió amargamente_. Eres una niña, una niña que solo sabe llorar y matar con flores de plata evitando cualquier sufrimiento.
_Que le vamos a hacer_ dijo recobrando la compostura_, no todos podemos prescindir del corazón para vivir y disfrutar de la sangre ajena.
_Fuera de aquí, Naedra.
_Volveré, Yesshen, no te quepa la menor duda_ tomó aire y la plata de sus ojos se transformó en acero_. Volveré y pagarás por cuanto has hecho.

La joven de gris abandonó el palacio y la Princesa volvió sus ojos y su sonrisa hacia el guapo joven enjaulado.
_ ¿Seguro que no quieres unirte a mí, Aron?
_Jamás..._ susurró a duras penas.
_Respuesta incorrecta.

La Princesa sonrió y uno de sus dedos rozó el rostro del joven que emitió un grito desgarrador ínfimo ante el dolor que la Princesa le provocaba.





_ ¿Naedra?
_ ¿Quién anda ahí?
_Ni si te ocurra fiarte de la Princesa de Hielo.
_Pero Aron..._ respondió sin ver aún con quien hablaba.
_Escúchame bien, porque no te lo diré dos veces. Ella no es de fiar, nunca cumple sus pactos. Si le dices a Hyrca todo eso, ella matará a Aron de todos modos.
_ ¿Y qué he de hacer? ¡Tú no sabes...!
_Lo se, creeme. Se muchas cosas, más de las que debiera. Y se como acabar con ella.
_ ¿Ah sí? ¿Y por qué quieres hacerlo?
_Porque ella me mató
Naedra olvidó que debía respirar mientras una figura intangible iba tomando forma ante ella.

9 de noviembre de 2009

VIII

De verdad que lamento esta larguísima ausencia y nadie lo ha sentido más que yo, pero es que el inteligente de mi ordenador decidió morir y mis ánimos tampoco han estado lo que se dice en las nubes.
Pero como toda tempestad, parece que mi situación se ha calmada e incluso ha aparecido un Príncipe para hacerme sentir Princesa de Cuento, así que perdón a todos, y seguiré ahora con la historia de mi querido Hyrca y su amada Naedra.























Naedra, agotada, llegó ante la puerta del inmenso Palacio de Hielo en el que habitaba Yesshen. Muy a su pesar, no había podido impedir la lucha que Hyrca mantenía con su hermano, y lloró amargamente durante su viaje al aparentemente inaccesible Palacio de Kinnash.








Las puertas se abrieron para ella y con pasado firme y la espada desenvainada caminó por el pasillo de hielo completamente vacío y oscurso, horriblemente oscuro, reflejo indudable del corazón de su reina.


_Te esperaba_ susurró una voz.
_Tú debes de ser Yesshen.
_La misma_ sonrió la reina haciendo que todo el pasillo se iluminara con un fuego azulado que aumentaba el frío del ambiente_. Bienvenida a Kinassh.
_Sé que no soy bienvenida aquí, Yesshen, no soy tonta.
_Lo se_ dijo acercándose_. Si fueras tonta no habrías enamorado a Hyrca.

Naedra enrojeció. Detestaba asumir que amada al sadi, y mucho más que alguien, sobre todo ella, dijera que él sentía lo mismo. Porque podía no ser cierto, y eso la atormentaba.
La joven se quedó mirando a la reina intensamente.
Decir que era hermosa era quedarse corta. Su cabello era rubio, casi blanco, a juego con la corona adamantina que lucía y en la que aún permanecían restos de sangre de su antigua dueña. Los ojos eran transparentes, de un azul cristalino que rozaba la blancura absoluta al igual que su piel, pálida y sin impurezas, asbolutamente ninguna, lo que cotrastaba con sus elegantes y ardientes labios sangrantes de un rojo carmesí que parecía desteñir sobre su ajustado vestido de cuero azul.

_Pero se le pasará_ siguió la reina_. Eres una niña, tú no puedes darle lo que el necesita y busca. Tú no eres para él.
_ ¿Y Klaiss?
_Es un excelente guerrero, pero morirá pronto_ suspiró acercándose al oído de Naedra_. Le pierde la pasión y la lujuria.
_ ¿Vas a matarle?
_Hyrca lo hará por mí_ sonrió_. Sobre todo cuando le digas que no quieres volver a verle.
_Yo nunca haría eso.
_Claro que sí, Dama de Plata_ su sonrisa se volvió macabra, y una celda de acero se iluminó a su lado_. O él morirá.

En la celda, con la camisa blanca teñida de rojo sangre, los ojos azules de Aron brillaban pidiendo ayuda en la única persona que reconocía en aquel lugar.

15 de octubre de 2009

VII

_Klaiss, mira que eres imbécil_ susurró alguien_. Te dije que me trajeras a la chica, no que lucharas con Hyrca.

Ambos hermanos permanecían en guardia mientras la Reina de Hielo los miraba a ambos comiéndoselos con los ojos.

_Dejar las armas, hablemos_ rió_. ¿Cuánto hace que no os sentáis a hablar?
_Desde que Hyrca mató al Maestro_ susurró Klaiss bajando su arma ante la Reina_. Y huyó.
_No tienes ni idea de lo hablas. Tenía trabajo y marché.
_La famosa Naedra, ¿no?_ rió más fuerte y sus ojos únicamente negros se clavaron en Hyrca_. Voy a matarla, ¿sabes?
_Ni lo sueñes.
_Y voy a hacerlo muy, muy despacio. Lentamente. Haré que grite, que llore, que suplique, haré que pida clemencia y que te llame. Que te llame y te pida ayuda y tu no puedas ir. Soy muy mala, Hyrca, no sabes cuanto. Y peor cuando quiero hacer sufrir a alguien, a alguien que me cae especialmente mal.
_Ella no te ha hecho nada.
_Te ha encandilado a ti, ¿te parece poco? Tú tenías que ser mío.
_Tienes a mi hermano.
_Él no es tú.
_ ¡Eh! ¡Qué sigo aquí!
_ ¡¡Cállate!!_ dijeron los dos al tiempo

La Reina de Hielo se puso en pie y miró fijamente a los hermanos, en especial a Hyrca.

_ Únete a mi, y no la mataré.
_Jamás.
_Bien, entonces muere_ sonrió_. Klaiss, ya sabes lo que tienes que hacer. Quiero su cabeza para mi habitación.


Y se fue dejando a los hermanos en la misma situación en la que los encontró.







Cerca de allí, Naedra lloraba al ver luchar a Hyrca contra su hermano y al saber lo que la Reina de Hielo quería hacer con ella.

11 de octubre de 2009

VI

_ ¿Para qué la queréis viva, majestad?
_Hay que ver lo imbécil que eres_ susurró la reina_. Muerta no me sirve de nada.
_Tiene que ver con Hyrca, ¿no es cierto?
_Así es.
_No entiendo esa obsesión que tenéis con él. Es sólo un asesino.
Yesshen sonrió y acarició el pétreo pecho desnudo del guerrero que estaba ante ella. Subió su mano helada muy despacio hacia su cabello rubio sujeto con una cinta negra sobre sus ojos marrón rojizo.
_Los celos te sientan muy bien, Klaiss.

La mano de la Reina de Hielo apretó la garganta del joven cortándole la respiración durante varios minutos. Luego lo soltó y se puso de puntillas para besarle apasionadamente en los labios durante incluso más tiempo.

_Si quieres más ya sabes lo que has de traerme_ susurró a su oído_. La quiero aquí y la quiero viva.
Su mano había bajado con sigilo hasta llegar a su entrepierna, pero una vez allí, no tocó nada si no que permaneció en el muslo del muchacho que a duras penas conservaba la calma.
_Tráemela.

Por toda respuesta Klaiss giró sobre sus pies y desapareció del palacio de hielo.
Tras avanzar un largo trecho en dirección a las montañas del este donde por última vez se había visto el cuerpo de uno de los guardias de blanco con una extraña flor plateada sobre el corazón, una Sombra se acercó sigilosamente a Klaiss.
_Hyrca_ susurró.
_Cuanto tiempo, Klaiss. ¿Buscas a la Chica?
_Eso mismo.
_No la encontrarás.
_Oh, ya lo creo que si. Va dejando un hermoso rastro de cadaveres con flores plateadas.
_ ¿Sabes por qué está aquí?
_No me importa.
_Está aquí por mí. Ha venido a buscarme.
_Pobrecita_ susurró_. A venido a su funeral.

Hyrca sonrió y desenvainó su espada.

_No la encontraras. Yo no te voy a dejar.
_ ¡Que ven mis ojos! ¡El frío sadi enamorado!
_¡Quién lo iba a decir! ¡El que no llegó a sadi tratando de serlo!
_Hazme un favor, Hyrca_ dijo Klaiss con su espada en alto_. Muérete.
_ ¿Es esa forma de tratar a tu hermano mayor?

7 de octubre de 2009

V

_No puede haber salido de Kinassh_ susurró la reina_. ¡Es imposible!
_Pero señora, hemos revisado cada lugar, cada...

El mensajero no terminó de hablar con la reina, una mirada suya congeló sus organos internos matándole al instante.

_Espero que tú me traigas mejores noticias_ replicó Yeshenn con sus ojos fijos en el joven de blanco que había frente a ella.
_Mi Señora, tal y como pensábais, la Dama Gris se acerca_ sonrió_. Mis hombres la tienen vigilada, no tardara en cruzar la frontera de las Tierras Frías.
_La quiero viva_ sonrió.

El mensajero de blanco salió de la habitación del palacio de hielo dejando sola a la reina, que miraba por sus desproporcionados ventanales, cada punto cardinal de su reino.
_ ¿Lo ves, Madre?_ preguntó al vacío_. Yo soy mejor reina que tú, tengo más poder y más subditos, y no me hace falta nada de ese amor del pueblo que tu adorabas.
_No deberías hablar así, Yeshenn. Eres una reina.
_ ¿Cuándo vas a desaparecer?
_ Cuando mi reino vuelva a ser armónico.
_Estás muerta madre, vete al Infierno.
_Nos encontraremos allí, no te queda duda.

El fantasma desapareció y Yeshenn mandó llamar a algunos hombres que sacaran aquel cadaver de la habitación del trono.





El monte Shaiss era el pico más alto de las montañas de Kinassh, pero Hyrca lo había escalado demasiadas veces. Ninguno de los guardianes de Yeshenn podría encontrarle allí al menos en un par de días, y así el podría pensar con claridad.
Oteó las fronteras en busca de posibles atacantes y distingió a la Guardia Blanca, los mejores guerreros de la reina, imperceptibles en la nieve, pero no para Hyrca, que conocía aquellos lugares como la palma de su mano.
A lo lejos, todavía fuera de Kinassh, alguien se acercaba.
Iba armado y parecía serio y preocupado.
En pocos segundos Hyrca supo que aquella era Naedra, y que en el momento que atravesara la frontera, su vida corría peligro.
Y él no podía permitirlo.



La daga de plata se clavó en el corazón del Guardián del Paso que le impedía acceder a Kinassh. Naedra deseaba no cruzarse con más guardias o tendría que matarlos. Era su única posibilidad de llegar hasta Hyrca y descubrir el por qué de aquella matanza.
Se escondió en uno de los túneles de las montañas y nadie la vio ni supo de su presencia. Nadie salvo Hyrca, y seguramente, Yeshenn.

30 de septiembre de 2009

IV

_Explícame otra vez por qué le has dejado marchar_ dijo Naedra con los ojos cerrados mientras el mar rompía contra los acantilados.
_Naedra..._ susurró el muchacho_. Hyrca no es un chico normal y corriente, lo sabes más que de sobra. Lleva dos meses siguiéndote en tu viaje, supuestamente con la intención de matarte. Pero yo no creo que vaya a hacerlo.
_Tampoco yo_ suspiró_. Tengo audiencia con los reyes de Aigam.
_ ¿Voy contigo?
_Vuelve a Arad_ susurró abriendo su enormes y extraños ojos plateados_. Silvia te estará hechando de menos.
_No quiero dejarte sola.
_Aron, se cuidar de mi misma, además, debes estar con ella, te necesita allí.

El joven sonrió abrazando a la chica que miraba el mar ensimismada, pensando en demasiadas cosas al mismo tiempo.

_Silvia se cuida muy bien sola, pero me voy_ afirmó_. No quiero que vuelva ningún berskeico a arrebatármela.
Una media sonrisa se desdibujó en el rostro pálido de Naedra.
_Se buena, ¿eh?
_Sólo si la ocasión lo requiere.

Aron la besó en la frente y desapareció bajando el acantilado, cogería una barco, pues era la manera más rápida de llegar a Arad, el Reino de la Luz.
Pero nada de eso preocupaba a Naedra en aquel momento, nada en absoluto. Cerró los ojos de nuevo y dejó que el aroma y sonido del Mar Eterno la embriagaran.


Algo crujió en las calles de la silenciosa Ciudad de la Memoria, algo que obligó a Naedra a ponerse en tensión y a desenvainar la espada que había encontrado en el Templo y que rehusaba a soltar.
Entonces los dos se vieron por primera vez.
Hyrca con su espada desenvainada, su porte relajado, su mirada fría e incapaz de sentir. Naedra con su arco a la espalda, su espada de plata brillando al reflejar el sol y sus ojos plateados que estudiaban al sadi con mal disimulado interés.
_Tú debes ser el sadi del que me ha hablado Azura. He de confesar que te creía más mayor.
_No te dejes llevar por las apariencias, joven Elegida. Deberías saber que las cosas no son nunca lo que parecen.
_ ¿Pretendías atacarme por la espalda, sadi?_ preguntó ella_. No me lo esperaba.
_Sólo busco la forma más sencilla de deshacerme de ti.
_Pues siento decirte que no te lo voy a poner nada fácil.

La primera estocada de Hyrca dio de lleno en la espada de Naedra, y ambos se enzarzaron en una larga pelea en la que ninguno de los dos salía proclamado vencedor.
_Desiste sadi_ dijo ella al cabo de un rato_. ¿No ves que podríamos pasarnos así toda una vida?
_Llevas razón_ respondió el chico envainando su espada_. Creo que por hoy ha sido suficiente. Pero no descanses Elegida. Antes de lo que imaginas caerás a manos de mi espada.
_Encantada de conocerte_ respondió ella casi a la puerta del templo_. Me llamo Naedra.
Al chico le pilló por sorpresa la respuesta de la joven, pues ni rastro de miedo se reflejaba en sus extraños ojos.
_Yo soy Hyrca.


_ ¿Naedra?
La joven volvió a la realidad y se dio cuenta de que lloraba.
_ ¿Te conozco?
_Me envía tu hermano Kyle_ susurró un joven_. Ha habido una masacre en las Tierras Frías.
_Gracias, puedes irte.

El chico se alejó de allí y Naedra se puso en pie.
_Hyrca... ¿qué has hecho? _ preguntó al mar sin esperar respuesta.

27 de septiembre de 2009

III

_Pero que no sea capaz de vivir sin ella no significa que vaya a quedarme.
_Tú eres imbécil.

De pronto, una espada fría como el hielo apareció en su garganta y una voz totalmente inhumana le congeló los pensamientos.
_Ten cuidado conmigo, Aron_ susurró_. Soy un asesino.
_Aleja esa espada de mi, Hyrca.
_No.
_ ¡Somos amigos!
_ ¡Yo no se lo que es eso! ¡Ni si quiera se por qué cojones he hablado contigo! ¡Me largo!
_Sabes que no vas a irte_ dijo Aron cerrando los ojos y tomando aire.
_Oh, si, por supuesto que si_ el asesino se dio la vuelta y sus ojos congelados se clavaron en la frágil y cálida mirada celeste de Aron_. ¿A tí que mas te da?
_Naedra es..._ tomó aire_. Muy importante para mí, le partirás el corazón si te marchas.
_Lo recuperará, es una chica fuerte.
_ ¿Y tú qué?
_ ¡Qué más te dará lo que haga o deje de hacer!
_Hyrca, llevamos tres meses de viaje_ suspiró tocando el hombro del sadi_. Y eres mi amigo.

Hyrca cerró los ojos sintiendo la presión que ejercía la mano de Aron sobre su hombro, y extrañamente, no le molestaba, en absoluto.
Y eso no debía ser así.
_Cuida de Naedra por mi_ susurró.



El sadi desapareció con la rapidez del viento y en poco tiempo, las frías tierras de Kinassh se abrieron ante el acogiéndolo en su vacío y gélido seno.
La tumba del Maestro permanecía inalterable y la que había sido su espada permanecía allí, clavada en el hielo.

_Maestro..._ susurró el asesino_. Maestro, estaba equivocado. No sabía nada del mundo y tampoco me enseñó nada útil a mi, pues lo único que quiero ahora es proteger y amar a Naedra y no puedo hacerlo. ¡No puedo hacerlo!
_ ¿Hyrca?

Una voz armónica y dulce se hizo eco entro los glaciares. La joven que la poseía tenía los cabellos azules y los ojos negros, todo pupila, y vestía con escasa ropa para vivir en un lugar helado.
_Yeshenn_ saludó.
_Vaya_ sonrió_. El jóven asesino se digna a aparecer. ¿No te inclinas ante tu soberana?
_Yeshenn aún eres Princesa, no voy a inclinarme ante ti.
_Te equivocas, Hyrca_ dijo, y su voz adquirió un nuevo tono_. Maté a mi madre. Ahora la reina soy yo. Y quiero que tú seas mi rey.
_Yeshen...
_Tienes dos opciones Hyrca_ susurró con una voz glacial.
Algo cambió en el ambiente e Hyrca desenvainó su espada.
_Puedes unirte a mi..._ dijo extendiendo su mano_. O morir.

Una decena de guerreros vestidos de riguroso negro con las caras cubiertas rodeó al sadi que extrajo del hielo la espada de su amo y se preparó para luchar.

_No me uniré a ti, Yeshenn. Nunca.

Una sombra negra cubrió al joven asesino y su espada bailó incansable haciendo volar cabezas, brazos y piernas hasta cubrir de sangre la tumba de su Maestro.

25 de septiembre de 2009

II

Hyrca se había levantado temprano. Estaba asomado a la ventana con su espada adamantina en la mano y no sabía qué hacer con ella. Una parte de su mente le obligaba a acercarse a la cama y clavar el arma en el corazón de la joven que dormía en ella, pero cada vez que lo intentaba, su mano resbalaba y un algo que no era capaz de explicar le decía que estaba loco si le quitaba la vida a lo que él consideraba lo más hermoso del mundo.
No sabía qué hacer, así que salió de la habitación y llamó a la puerta de en frente.

Un joven de despeinado cabello rubio y ojos claros le abrió la puerta y le miró soñoliento.
_ ¿Hyrca?
_Aron, tengo que hablar contigo. Ahora.
La fría voz del sadi sacó al joven aradiense de su ensoñación, y asintiendo, le cerró la puerta a Hyrca que esperó apoyado en el marco.

_Eres un sadi, Hyrca. Un asesino perfecto y letal. No eres cruel ni despiadado. No sientes lástima ni pena por nadie. Eres superior a todo eso. Ninguno de esos pensamientos y sentimientos humanos pueden alcanzarte.
_ ¿Ni si quiera el amor, Maestro?
_Sólo los débiles creen en esas tonterías.
El látigo del Maestro resonó cuando arañó la espalda del niño de ojos extravagantes que aguantaba las lágrimas a duras penas.


Aron salió en silencio y siguió al sadi escaleras arriba hasta que ambos estuvieron en la azotea del hotel viendo cómo el sol se abría camino por encima del embravecido mar.
_Y bien, ¿de qué querías hablarme?_ preguntó Aron con curiosidad.
_Quería decirte que me voy_ respondió fríamente_, me largo de aquí.
_ ¿Cómo? ¿Qué dices? ¡Estás loco, Hyrca!_ gritó Aron_ ¿A dónde pretendes ir?
_A cualquier parte donde no esté ella…_ respondió sin alterarse.
_Oh, ya entiendo_ comentó Aron sonriente_. Quieres escapar porque temes admitir que estás enamorado de Naedra.
_ ¡Yo no estoy enamorado! ¡No existe nada más estúpido e ilógico en el mundo que el amor!
_Tan estúpido e ilógico que hasta tú has caído en sus redes.
Estuvieron un rato en silencio, mirándose el uno al otro hasta que Hyrca se acercó a la escalera.
_Si te marchas… la perderás para siempre. ¿Podrás vivir con eso? ¿Sabiendo que la chica que es dueña de tu frío corazón está en brazos de otro que no sabrá cuidar de ella ni la mitad de bien que tú?
La mirada de Hyrca no reflejaba nada, ni el mínimo atisbo de humanidad se veía en aquellas extrañas gemas que mantenían al joven asesino muy lejos de allí, en otra época.

_Maestro, ¿por qué estamos sólos?
_No necesitamos a nadie más, y nunca necesitarás a nadie que no sea a ti mismo.
_Pero usted es mi Maestro, yo estoy con usted.
_Hyrca, no seas crío_ replicó serio_. Yo no voy a estar aquí siempre. Algún día me iré y quedarás solo.
_ ¿Solo?
Las lágrimas se agolpaban en sus ojos como sólo podía ocurrirle a un niño de siete años.
_ ¡Sólo las niñas lloran! ¡Tú no eres una niña! ¡Eres un asesino! ¡Un gran asesino!
El Maestro le había cogido por los negros cabellos hasta sujetarlo contra una pared.
_Pero soy un niño...
Una bofetada resonó en la pequeña casa.
_Tú no eres un niño, estás por encima de eso.
Dos nuevas bofetadas cubrieron el rostro sangrante del pequeño.
_No soy un niño, no lo soy, no lo soy_ repetía Hyrca deseando que no le tocara_. No soy un niño, soy un guerrero, un guerrero fuerte y solo. Siempre solo. Siempre, siempre solo.
El Maestro dejó caer a Hyrca sobre una mesa de cristal y pequeñas y sangrantes heridas comenzaron a brotar de su cuerpo.
Pero no lloró. Por supuesto que no.
Él era superior a todo eso.


_No, no sería capaz de vivir sin ella_ le dijo a Aron mientras ambos bajaban por la escalera del hotel.

22 de septiembre de 2009

Se llamaba Hyrca...

La noche cubría Aigam por completo y todos los Elegidos dormían en brazos de las personas a las que más querían. Todos excepto Hyrca y Naedra.
El chico reposaba boca arriba, inmóvil, con su pecho aún al descubierto y las manos tras la cabeza que trabajaba incansable, mientras que ella estaba encogida sobre si misma observándole a él, a su respiración acompasada y a su aspecto felino. ¿Qué tenía aquel chico que parecía hipnotizarla?
De repente, la luna menguante atravesó la ventana abierta iluminando de lleno la esbelta figura del sadi, y fue entonces cuando Naedra le miró con detenimiento. Su boca, de labios gruesos y aparentemente fríos, estaba completamente cerrada y su nariz era una curva elegante que respetaba orgullosamente la simetría, su rostro congelado rozaba la crueldad sin perder la desmesurada hermosura, los cabellos finos y negros como la noche caían ante sus ojos, esos ojos que habían presenciado tanto dolor y tanto sufrimiento, esos ojos que un tiempo fueron verdes pero de los cuales se había apoderado una fina capa de hielo que convertía su mirada en una elegante y gélida arma.
Su cuerpo, al igual que su rostro estaba perfectamente proporcionado, su pecho era fuerte y ancho, al igual que sus brazos aparentemente relajados que terminaban en unas manos finas y ligeras que eran demasiado hábiles con la espada y por último sus piernas, largas y esbeltas, ocultas por un fino pantalón negro que no dejaba ver nada a su través.

Siendo incapaz de dormir, Naedra se sentó en la cama con la mirada fija en los ojos del sadi.
_Hyrca… ¿puedo hacerte una pregunta?
_Allá tú.
_Pero tienes que responderme la verdad.
_ ¿Por muy dolorosa que sea?
_Sí, podré soportarlo.
La joven tomó aire y desvió la mirada hacia las cicatrices que cubrían el torso curtido del chico.
_Cómo… ¿Cómo te las hiciste?
_Batallas, guerras… llevo con una espada en la mano desde que tengo memoria, y el empuñar un arma como esa tiene como consecuencia el enfrentarte a alguien que también la utiliza.
>No siempre me ha sido fácil llevar a cabo mi trabajo, y de esas ocasiones me ha quedado un recuerdo imborrable.
_Entiendo_ respondió solamente.

Sin saber por qué, Naedra alzó la mano con decisión y la depositó con suavidad y ligereza sobre el abdomen del chico y empezó a acariciar las pequeñas marcas que lo cubrían. Su cuerpo estaba frío, prácticamente helado, pero eso no le importó, pues siguió subiendo poco a poco, recorriendo con suavidad cada una de las cicatrices y aportándoles su calor durante varios segundos.
Pronto, sin darse cuenta, llegó al cuello donde estaba la última huella de espada. Una fina y oscura línea que ascendía desde el hombro izquierdo hasta detrás de la oreja. Cuando el cálido dedo de la chica alcanzó el lóbulo de su oído, Hyrca agarró con fuerza su muñeca.
_ ¿Te he molestado?_ preguntó ella sosteniendo su mirada.
_No, para nada… es sólo que…
_ ¿Qué?
_Que no deberías portarte así conmigo, deberías temerme, odiarme, incluso tendrías que intentar matarme. Pero vas y…
_ ¿Y?
_Prefiero guardarme eso para mí_ sonrió soltando a la chica_. Y ahora deberías dormir un poco.
_Sí, creo que debería.
Apenas lo había dicho, cuando sus párpados cayeron agotados al igual que su mano, que sin saber por qué, resbaló suavemente hasta rozar de nuevo el pecho del chico.

15 de septiembre de 2009

La Chica de Enfrente

Anelisse llevaba un vestido blanco.

Blanco e inmaculado a pesar de las vueltas que daba por la hierba riendo sin cesar como sólo saben hacer las niñas pequeñas.
Con esa inocencia que regalan los siete años.



Yo la observaba desde el jardín de mi casa, desde el balancín gris envejecido en el que la Nana me contaba cuentos cuando era niña y donde esperaba a Anelisse como cada tarde de miércoles, no tardaría en llegar.



Se puso en pie otra vez, haciendo equilibrio con su brillantes zapatos de charol blanco, aún sonriendo y con su pelo dorado reflejando el brillante sol que se hacía sitio entre carpichosas nubes viajeras. Su vestido blanca parecía bailar sobre su piel mientras se acercaba cada vez a mi columpio donde yo esperaba quieta. Muy quieta. Casi sin respirar.

Entonces se detuvo. Se quedó inmovil como una estatua de hielo y la pude ver de frente, en detalle.
Parecía una muñeca de porcelana de las que coleccionaba la Nana, con aquella piel tan blanca casi transparente y el pelo recogido hacia atrás con orquillas plateadas. Sus labios del color de la sangre permanecían cerrados y su respiración no se oía en absoluto. Sus ojos, azules como cristales estaban vacíos, perdidos en el infinito, y entonces una sombra apareció tras ella, silenciosa y ágil, imperceptible.
Y ella se dio la vuelta.
¿Cómo era posible que le hubiera oído si no había hecho el más mínimo ruido?

Pronto identifiqué la sombra vestida de negro, pues su cabello rubio blanquecino brillaba al tiempo que su perfecta sonrisa.
Era Damon.

Anelisse sonrió también y cogió la mano que le tendía el muchacho. Bailaron sobre el cesped durante largo rato, bailaron cogidos de las manos, ella sobre los pies de él que marcaba un ritmo que nadie escuchaba, bailaron dando vueltas y más vueltas, sintiendo el aire y los aromas del jardín, bailaron como si nadie los viera, como les gustaba hacer y como nadie les permitía hacerlo.
Bailaron como si se tratara de una danza prohibida que realizaban a escondidas de adultos con mucho que aprender que no entenderían la belleza de aquello.


Damon llegó primero ante mi balancín, me miró con aquellos ojos verdes mezcla de malaquita y verde acero y sonrió. Alcé mi mano y dibujé en el aire los símbolos que él comprendería como un "Sencillamente precioso" ante la imposibilidad de oir cualquier sonido.
Anelisse estaba a su lado y a ella se lo susurré al oído, pues su ojos de cristal estaban tan vacíos que no veían absolutamente nada, y por tanto los signos que utilizaba con Damon, a ella no le servían.


Damon marchó poco después y Anelisse se sentó a mi lado a escuchar el cuento.
Como cada miercoles en el que el cielo brillaba tras juguetonas nubes grises.

28 de agosto de 2009

Capítulo diecinueve. FINAL

Debería disculparme por la larga ausencia. Por no dar señales de vida y por manter mi palacio cerrado a cal y canto... pero mi vida no es la que era y estoy atravesando un temporada... que bueno, preferiría poder evitar.



Por lo demás, todo bien. Vacaciones estupendas y conciertos geniales.

Y ahora, por fin, energía para terminar Chris y Ari.











CAPÍTULO 19



Me abalancé sobre Chris y le hice caer al suelo, ambos rodamos en aquel espacio reducido con Kevin observándonos fijamente, soportando el instinto que le empujaba a saltar sobre Chris y matarle allí mismo.



Pero a mí eso no me importaba demasiado. Lo cierto es que nada en absoluto.

Porque aquellas eran las manos de Chris, y los labios de Chris, y los abrazos de Chris y las cosquillas de Chris. Aquello era estar en casa, el único lugar al que pertenecía y pertenecería siempre.

_Lamento interrumpir_ dijo Kevin_. Pero pronto tendremos visita. Ketrenn y los suyos no tardaran en llegar.
_Tampoco Gabrielle y Lucy_ dijo Chris poniéndose en pie sin soltar mi cintura.
_Sois los Frutos del Destino, ¿verdad? Debo mataros a ambos.

Mi cintura seguía presa de los abrazos de Chris, pero mi mano derecha estaba envuelta por la ardiente mano de Kevin, que jugueteaba con ella más nervioso de lo que parecía a simple vista.

_ ¿Lo sois?
_Así es_ respondió mi demonio.
_Pero yo... vosotros... ¡no puedo mataros! ¡No puedo!
_Ari..._ susurró Chris_. Mi pequeña Ari...
_ ¡No juegues conmigo Chris!_ regañé consiguiendo que las lágrimas volvieran a mis ojos_. ¡No me digas que estaré bien porque no es cierto! ¡No puedo vivir sin ti! ¡No quiero vivir sin Kevin!
_Lo siento mucho Ariadne_ interrumpió una nueva voz, cálida y sensual_. Pero las cosas son así y es inevitable.

Mire a la propietaria de la voz. Era una mujer joven, de piel morena y ojos rojos y ardientes como su cabello rizado. Vestía de cuero rojo y la temperatura solo se templaba por la chica que había a su lado. La hermosa y gélida Gabrielle, que me miraba con tristeza.


_No voy a matarlos. No podeis obligarme.
_No podeis obligarla_ me secundó el que pronto descubrí como Ketrenn.
_Ketrenn_ susurraron Lucy y Gabrielle al mismo tiempo.
_Lucy, sigues tan hermosa como recordaba_ sonrió Ketrenn_. Gabrielle, tu sigues superando la perfección.
_Déjate de juegos Ketrenn_ dije entonces_. No has venido a hablar de belleza, me parece a mí.
_No, he venido a buscarte, pequeña Alma Pura. Ya sabes por qué y sabes lo que ganarás con ello.
Sabía a lo que se refería, aunque nadie más parecía entenderlo. Sabía lo que me ofrecía. Si yo me iba con él, Chris y Kevin seguirían con vida y todo marcharía como debía marchar.

_Yo..._ susurré
_Ella no va a ninguna parte_ me interrumpió Uriel, espada desenvainada_. Pequeña Ari, esa no es la solución. Sabes que no la es.
_Es la única forma de que los mantengas a ambos con vida.

Entonces grité, grité soltándome de los brazos de Chris y la mano de Kevin, grité haciendo que Gabrielle y Lucy se tambaleran y los ojos de Ketrenn volvieran a parecer humanos. Grité como sólo puede gritar alguien que lo ha perdido todo o está a punto de hacerlo.
Porque Uriel no me dejaría dar la vida por ellos y Gabrielle ya debía haber sido informada.
Grité para desahogarme, para pensar que nada de aquello sucedía y cuando alcé la cabeza de nuevo mis ojos violetas goteaban lágrimas rojas.
Aquellas lágrimas daban miedo, auténtico pánico.
Lloraba sangre.

Chris trató de alcanzarme.

_ ¡¡Quieto!!_le grité_. No te acerques, Christian.
_Pero Ari...
_ ¡He dicho que no te acerques!

Seguía llorando aquellas lágrima de color rojo carmesí que teñían mi envejecida camiseta azul.

_ ¿No os dais cuenta de lo que está pasando? ¿De verdad no lo veis?_ voceó Ketrenn_. ¡Está deshaciéndose de su don! ¡Está llorando sangre para deshacerse de su Alma Pura!
_No está en nuestra mano obligarla a llevar a cabo su misión, es ella quien debe decidir... pero su misión es importante_ explicó Gabrielle_. Ella sóla debe darse cuenta.

Apenas escuchaba a Gabrielle, estaba demasiado concentrada en alejar mi mente de allí y ser sólo una chica normal.
Pero entonces algo vino a mi memoria, algo que me habían dicho tanto Chris como Kevin, aunque de maneras diferentes. Si ellos me querían y yo les quería a ellos era en parte porque yo era un Alma Pura, si no, no les querría de aquella manera.
Si yo dejaba de ser un Alma Pura... entonces... ¿se olvidarían de mí? ¿Les perdería de una manera más dolorosa que la muerte? ¿La indiferencia?
No podía permitirme a mi misma que algo así sucediera, no si estaba en mis manos.

Me levanté con dificultad, con el rostro teñido de rojo sangre, y me acerqué a Ketrenn. Le miré fijamente y, no sé cómo ni por qué, me sentí superior a él, me sentí fuerte y con renovadas energías. Capaz de enfrentarme a todos y a todo con tal de mantener a salvo a Chris y a Kevin. A los dos, porque eran lo más importante que tenía y tendría en mi vida.

Cuando lo hube mirade de arriba abajo me di cuenta de que dos ángeles y dos demonios le sujetaban y otro grupo le mantenían vigilado, por eso no trataba de huir.
Resultaba tan hermoso verlos a todos juntos, ángeles y demonios, era una fotografía tan hermosa que no parecía en absoluto real.
Pero lo era, ya lo creo, y por eso no dudé al girarme hacia las líderes.

_Tengo una idea_ dije.
_Habla, Hija del Equilibrio_ respondió Lucy_. Te escuchamos.
_Chris y Kevin son los Elegidos por el Destino_ tomé aire mientras ellos recuperaban sus puestos a mi alrededor_. Pero hace mucho, muchísimo tiempo, antes incluso de que yo naciera, Ketrenn mató a un Alma Pura, y como consecuencia, un ángel y un demonio fueron redimidos en su interior. Un ángel y un demonio que eran los Elegidos por el Destino y que no han muerto aún, permanecen cautivos.
_Ari, ¿de verdad crees que...?
_Si Chris_ respondí_. De verdad lo creo. Creo que si sacamos al ángel y al demonio que habitan en Ketrenn podremos mantener a salvo el Equilibrio y la vida de Chris y Kevin.
_ ¿Y cómo pretendes hacerlo?
_En eso puedo ayudar yo_ interrumpió Ketrenn_. Será un proceso doloroso y lento. Pero no morirás. Sólo te sentirás débil. Muy débil.
_Escúchame bien, Ketrenn_ le dijo Kevin sujetándole por el cuello de la camisa_. Si se acerca a la muerte, al más mínimo instante, te mataré. ¿Me oyes? No dudes que lo haré.




De pronto estábamos de vuelta a la sala de los espejos. Ketrenn, Gabrielle, Lucy, Kevin, Chris y yo. Uriel guardaba la puerta con su fiel espada desenvainada.
Kevin me tumbó en una camilla de la que de pronto me sentí prisionera. Pues los grilletes mantenían mis muñecas y tobillos firmemente sujetos.

_Verás Ari_ dijo Ketren tumbándose en la camilla contigua a la mía_. Esta máquina se valdrá de tu don de Alma Pura para extraer a estos seres de mi. ¿Empezamos?

Asentí con la cabeza, a pesar del miedo.
Lloré de nuevo, y esta vez auténticas lágrimas saladas que Chris retiró delicadamente de mi rostro.
Una enorme peonza metálica y negra comenzó a dar vueltas sobre mí. Giraba cada vez a más velocidad y de pronto sentí como aquello me absorbía mi esencia.
¡Aquella máquina me estaba quitando mi yo! ¡Era como si me desnudara!
Y dolía, dolía mucho. Muchísimo. Sentía como si me quisieran arrancar los órganos sin abrir mi cuerpo lo más mínimo, y era una situación de verguenza y dolor insoportable.
Grité y lloré cerca de cuatro horas, y después de ese tiempo con náuseas y pánico, la falta de aquello que me robaba la máquina, me dejó sin sentido.

* * *

Me desperté cansada, con zonas del cuerpo amoratadas y con un terrible dolor de cabeza. Los brazos de Chris me acunaban con dulzura y Kevin se mantenía a cierta distancia, pero estaba allí, velando por mí.
Me alcé en brazos de Chris a pesar de lo que me costaba y me giré hacia Gabrielle y Lucy. Ambas conversaban con un ángel y un demonio de ojos cansados y piel tirando a gris ceniza.
¿Había funcionado? ¿Era cierto?

Miré hacia la camilla contigua, Ketrenn seguía dormido.

_No despertará nunca_ dijo Kevin_. El proceso acabó con él. No lo pudo aguantar.
_ ¿Cuánto tiempo duró?
_32 horas y 18 minutos_ dijo Chris_. 32 horas y 18 minutos que he pasado temiendo perderte.

Le abracé y le besé como si no fuera a hacerlo nunca más. Hay que ver como había hechado de menos sus labios.
En fin, todo en el era mío y lo echaba en falta cuando no lo tenía.

_Ariadne, él es Iell_ dijo Gabrielle señalando al ángel_. Y ella se llama Odemi.
_Pequeña, Gabrielle y Lucy nos han contado lo que pasa_ me dijo Odemi con una voz demasiado dulce_. Nosotros sólo queremos morir en paz. Nada más.
_ ¿Así de fácil?_ pregunté_. ¿Ya está?
_Así de fácil_ dijo Lucy_. Sé que parece una tontería, pero fijate bien, no nos queda mucho tiempo.
Lo que en un pasado cercano había sido un grupo de ángeles y demonios era ahora un enfrentamiento. Se preparaban para luchar, y si yo no hacía algo se matarían unos a otros.
Las primeras filas avanzaron y un reguero de sangre roja y azul cayó sobre mi.
La Guerra había empezado, en mis manos estaba pararla.
Tomé las manos de Odemi y Iell y sin tener que pensar mucho deseé que fueran libres, que sus almas vagaran por el mundo y fueran felices más allá.
Iell poco a poco se derritió en el suelo mientras Odemi ardía y se convertía en un puñado de cenizas tristes.
Ya estaba, eso había sido todo. Aquella aventura había llegado al final.
Sin querer, me dormí. Dormí más tiempo del que me creia capaz y no me importa cuanto fue.

* * *
_He venido a despedirme.
_ ¿De verdad tienes que irte?
_Es lo mejor, Ari, es por tu bien.
_Te voy a echar de menos.

Habían pasado tres años desde nuestra aventura en París y yo no podía hacerme a la idea de que Kevin debía marcharse.
Y ahora lo hacía.

_Yo también a ti.

Me besó en los labios y yo le abrí la puerta. Le vi alejarse, vestido de negro, tan guapo como sólo podía ser un demonio y me alegré de no haberle matado aquella maldita noche en la que lloré sangre.
Porque a pesar de lo fácil que había resultado todo al final, nadie sabe ni sabrá nunca lo mucho que sufrí yo ni el dolor que tuve que pasar en esa máquina y al hacer desaparecer a Iell y Odemi.
En ocasiones aún hoy me culpo de su muerte, a pesar de que ellos me lo pidieran.

Volví a mirar a Kevin, pero no lo encontré.
Me llevé una mano a la barriga. Y acaricié suavemente el contorno de mi deforme figura mientras sentía el corazón de Ayra latiendo dentro de mí.
Mi hija.
Mía y de Chris.

A partir de ahora, lo único que de verdad me importaba y por lo único que debía luchar.





FIN

15 de julio de 2009

Capítulo dieciocho

Lamento mis largas ausencias, pero no he tenido tiempo ni inspiración para seguir con la historia. Ahora parece que voy recuperando mis brillos plateados y vuelvo a escribir, pero lamento decir que me marcho de vacaciones a la playa quince días, los cuales no podré escribir, y por tanto tendréis que esperar por el ÚLTIMO CAPÍTULO más de lo previsto. No pretendo ser cruel, lo prometo.


Tengo el placer de presentaros a CHRIS y a ARI, cortesía de Fátima: http://byttterflydream.blogspot.com/. Por enésima vez, gracias por infiltrarte en mi mente y dar vida a mis personajes, tan reales para mí, como todo lo que me rodea.








Y ahora sí, CAPÍTULO DIECIOCHO

Él desconocido entró en la sala de los espejos como deslizándose. Era el ser más hermoso y perfecto que había visto jamás. Vestía de blanco, poseía unos ojos cristalinos y me miraba con comprensión y lástima, pero, ¿quién era?
Creía haberlo visto antes, en alguna parte, y forcé mi dolorida cabeza al máximo sin obtener ninguna respuesta.

_Que sorpresa tan agradable, Uriel_ dijo Ketrenn_. Eras el último que esperaba ver por aquí.
_Ya ves, soy estupendo interrumpiendo reuniones_ susurró con aquella voz tan hermosa, semejante a la de Gabrielle aunque distinta.

Entonces, ¡era el arcángel Uriel! ¡El que llamaban el Guardián!
Vi su espada prendida a su esbelto cuerpo y de repente me vino su imagen a la memoria. Sabía que lo había visto antes, y ya sabía dónde.
La noche del baile con Kevin, cuando por primera vez vi a los seres etéreos.

_ ¿Vienes sólo?
_ ¿Para qué venir más? Sólo quiero a la chica.
_Me temo que eso no va a ser factible, mi querido amigo_ sonrió macabramente_. Ella es mi puente de acceso a una vida plena y feliz. Con derecho a morir y todo.
_Tú no te mereces nada, Ketrenn, eres un asesino. Un cruel y envidioso asesino que planea volver a matar. Pero esta vez no voy a permitir que toques a la Guardiana del Equilibrio. Ni lo sueñes.
_ ¿Y cómo piensas sacarla de aquí?
_Cuento con ayuda.

Fue en ese momento en el que me di cuenta de que no estaba atada a la silla, sino entre los calientes brazos de Kevin, que me sostenía con cuidado en lo alto de la sala, junto a la única ventana.

_Hazlo y me encargaré de matarte de la forma más cruel que encuentre_ dijo Ketrenn mirando fijamente a Kevin_. Además, ¿quién crees que es el demonio del Destino más que tú?
_Tú me ordenaste matarla..._ dijo antes de girar sus ojos hacia mí_. Pero algo tan bello no debería morir.

Luego oí espadas, gritos silenciosos y una caída que rápidamente se transformó en un vuelo en brazos de un demonio. Kevin, en su horrible forma demoníaca, me llevaba a un lugar seguro, me ponía a salvo. ¿Entonces él también sentía algo por mí? ¿El beso y los abrazos le habían importado? No me parecía posible, pero...



Las torres de la catedral de Nottre Damme de París nos acogieron como si llevaran toda una vida esperándonos, y una vez solos, él recuperó su aspecto humano y se sentó frente a mí. Creo que fue la primera vez que me paré a mirar a Kevin, y poder hacerlo de verdad. Mis dotes como Alma Pura ya estaban al cien por cien, por lo que sabía de sobra que era un demonio.
Veía a un chico alto, metro setenta y mucho, de cuerpo trabajado y manos elegantes. Cabello negro y liso, cayendo antes unos ojos grises con brillos rojo sangre que sólo yo podía ver. Sonrisa escondida y labios que incitaban al beso, y a su alrededor, una extraña aura de negrura que ningún otro humano salvo yo lograría ver. Era en verdad, increíblemente guapo, y no tardé en darme cuenta de que él me miraba con el mismo descaro.

_ ¿Por qué...?
_ ¿Por qué te salve?_ sonrió_. Esa es fácil. Ya te he dicho que tú no deberías morir.
_No sé qué es lo que buscas de mí_ susurré acudiendo a su lado para acurrucarme en su pecho_. No entiendo nada de lo que haces y dices. Y sobre todo, no sé qué es lo que siento por ti y menos lo que tú sientes por mí.
_Mi pequeña Ari_ dijo él acariciándome el pelo_. Si sientes algo por mí no es más que atracción, un instinto que te empuja a besarme y a dejarte hacer el amor y todo lo que yo quisiera.

Me sonrojé. Primero porque no estaba acostumbrada a hablar tan directamente sobre ese tema, y segundo, porque sabía que era cierto.

_Pero no me amas_ dijo_. No me amas como amas a Chris, con esa intensidad que nadie parece ver salvo yo. No, Ari. No me amas.
_Pero tú no entiendes, el beso... el hotel..._ me puse seria_. Tú no me obligaste a hacer nada.
_Tampoco te obligué a ir al baile conmigo ni a que me dejaras entrar en tu cuarto. Pero fue mi encanto demoníaco el que te hacía hacerlo. La lujuria. La pasión. El desenfreno. Era eso, ningún sentimiento.
_Pero yo pensé..._ estaba llorando mientras él me arrullaba_. Yo creí que tú...
_No te confundas, Ari. Que tú no me ames, no significa que yo no sienta algo por ti. Algo intenso e inexplicable, que recorre cada parte de mi ser y me hace sentir vivo. Algo que me obliga a sacarte de las manos de Ketrenn para entregarte a otras que te cuidaran mejor.
_Tú no puedes estar enamorado de mí. Eres un demonio.
_¿Acaso no puede un ángel odiar y matar?_ me alzó el rostro hacia él_. ¿Por qué no va a poder amar un demonio?

Yo seguía escuchando y llorando, siendo prisionera de sus ojos y sus palabras, consciente en el fondo de mi ser, de que tenía razón. Que yo únicamente amaba a Chris.

_Te equivocas si crees que no siento nada por ti_ dije.
_No es amor.
_No, no lo es_ corroboré_. Pero es cierto que te quiero, de alguna manera, que me gusta estar contigo y que no me gustaría vivir en un mundo en el que no existieras.
_Te tendrás que acostumbrar.
_ ¿Por qué?
_Ketrenn no mentía. Yo soy el demonio que debes matar para mantener el Equilibrio.
Chillé y le abracé con fuerza.
_ ¿Sabes quién es el ángel?
_Yo.
Entonces le vi, lleno de heridas y con la ropa rasgada. Pero nada importaba. Ni Kevin. Ni París. Ni ángeles. Ni demonios. Ni Almas Puras.
Chris estaba allí y a mí no me importaba nada más.

2 de julio de 2009

Capítulo diecisiete

Un mal sueño.
Tenía que ser un mal sueño.
Todo aquello no podía ser cierto. Ni ángeles, ni demonios, ni hombres de ojos cambiantes que daban tantísimo miedo.
Tal vez si mantenía los ojos cerrados, y no volvía a ver la sala de los espejos y a todos aquellos demonios a mi alrededor, me creyera que seguía en Madrid, con mi madre.
Pero al mismo tiempo eso significaba que Chris no existía, y eso me dolía aún más que el miedo que sentía. Y tampoco existiría Kevin, lo cual me provocaba un extraño vacío en el pecho que deseaba dejar de sentir.

Pese a mi deseo de permanecer ajena a todo, abrí los ojos cuando sentí a Kevin moverse a mi alrededor.

_Por un momento temí que no despertaras_ dijo sonriendo y con sus ojos grises fijos en mí.
Para que mentir, me gustaba mucho más su forma humana que su tenebroso aspecto demoníaco, y él lo sabía.
_Ni que te importara_ dije duramente_. Tanto te da si muero como si no.
_Debería matarte. Debería haberte matado.
_ ¿Y a qué esperas?
_Que deba, no significa que vaya a hacerlo, ¿no crees?
_No te entiendo.
_Lo sé.
_ ¡Vaya! ¡La bella durmiente ha despertado!_ dijo el hombre de ojos cambiantes entrando en la sala.
Sin darme cuenta, me puse a temblar.
_Es de muy mala educación dormirse cuando te van a contar algo, Ariadne_ dijo riendo_. Pero te lo perdonaré por esta vez.
_Chris vendrá a buscarme_ repetí.
_ ¿Chris?

El hombre, que lucía una extraña capa gris, abrió su mano dejando caer el colgante de Chris. El medio corazón con la A grabada. ¿Por qué lo tenía aquel hombre? ¿Y por qué estaba manchado de una sustancia azulada que sin querer yo reconocía como la Sangre de un ángel?

_Está muerto, Protegida_ dijo_. Si asumes esa realidad, tal vez te ayude a salvar la vida.
_No..._ susurré.

Me puse a llorar, quería encerrarme entre mis brazos y volverme pequeña e invisible, pero mis manos seguían firmemente asidas a aquellos malditos grilletes.
¿Podía ser cierto? ¿Podía haber muerto Chris?
Si era cierto... de nada me valía seguir viviendo. Yo no quería, no podía vivir en un mundo en el que Chris no existiera.

_ ¡Deja de llorar y compórtate!_ voceó.
Uno de los demonios me propino uno sonora y ardiente bofetada que me hizo volver la vista al hombre.
_Que mal educado soy, no me he presentado_ sonrió con sus ojos del color de la sangre_. Me llaman Ketrenn, que en tu lengua significa.... Mestizo.
_ ¿Mestizo?_ pregunté por miedo a que volvieran a pegarme.
_Verás, mi historia se remonta hacia un pasado que hasta yo mismo he olvidado. Nací humano. Completamente humano. Y al cumplir los siete años conocí a una chica como tú, una Protegida, un Alma Pura, como os suelen llamar.
_ ¿Yo soy un Alma Pura?
_Sólo nace uno cada mil años, sois bichos raros, y casi siempre hembras, supongo que por vuestra sensibilidad natural, pero eso nos saca del tema_ sus ojos era ahora como cubitos de hielo, y se había quitado la capa dejando ver un rostro demacrado por el dolor un pelo gris ceniza_. Se llamaba Erzebeth, y tenía esos mismos ojos violetas que tú tienes y que os hace ser tan especiales. Erzebeth solía hablar sola, aunque ella porfiaba que tenía un amigo de cabellos rubios y ojos claros que era todo para ella... Como sois las Almas Puras, es ver a un ángel y caer rendidas.

No dije nada, me daba miedo preguntar y al mismo tiempo me asustaba que precisamente él me diera las respuestas que buscaba.

_Yo sentía celos de Erzebeth... se la veía tan feliz, tan hermosa viviendo con sus inexistentes amigos, y quise verlos yo también. Tanto lo deseé que la mismísima Gabrielle se me apareció en sueños durante cinco años, llamándome. Tú sabes lo hermosa que que es Gabrielle, para mi fue verla y caer rendido a su perfección etérea, ý pensé que el único modo de llegar a ella era sustituyendo a Erzebeth, así que la maté.

Me extremecí, y un sudor helado me bajó por la espalda.

_No fue dificil, y tampoco me importó mucho. Sólo quería ser quien era ella para poder ver de cerca la Perfección que vivía en Gabrielle. Pero al parecer a ella no le hizo gracia, y tampoco a Lucy.
_ ¿Lucy?
_Luciifer_ me explicó Kevin_. La reina de los demonios.
_ ¿También es una mujer?
_ ¿Te refieres a que es hembra?
Asentí.
_Así es_ rió Kevin_. Vosotros los humanos infravalorais el sexo femenino, cuando nosotros, los Sobrenaturales, lo idolatramos sobre todas las cosas.
_No me interrumpas, Kevin_ cortó Ketrenn_. El caso es que al matar a Erzebeth, ella no había podido cumplir su labor, y yo no podía hacerlo.
_ ¿Cuál es la labor de un Alma Pura?
_Mantener el Equilibrio_ dijo_. Que ángeles y demonios sigan manteniendo una relativa calma, ya que la total es imposible. Y para ello debe matar a un ángel y a un demonio, determinados por el Destino.

¿Ese era mi cometido? ¿Era yo la Guardiana del Equilibrio? ¿A quién debía condenar a muerte?

_El caso es que como yo maté a Erzebeth, el ángel y el demonio que ella debía matar, fueron redimidos en un cuerpo mortal, uno sólo. El mío.
_ ¿Eres medio ángel, medio demonio?
_Y en parte también humano_ sonrió_. Llevo esperando esto toda mi vida. Tú, Alma Pura, Protegida, me servirás de canal para sacar a estos asquerosos seres de mi cuerpo, y lamento decir, que no sobrevivirás al proceso.

_ ¡Ketrenn! ¡No te atrevas a tocarla!_ gritó una voz entrando en la sala cuando yo asumía lo doloroso que iba a ser mi final.

22 de junio de 2009

Capítulo dieciseis

Volví después de un mes repleto de exámenes y actuaciones y mil cosas más.
En cuanto a las clases, todo bien, no me queda ninguna. Así que intentaré poner esto al día y volver a escribir y a firmar y esas cosas.
Perdón por la tardanza.
Gracias por la paciencia.




Los días siguientes Kevin no se dignó a aparecer por la habitación, y cada minuto que pasaba lejos de él, me odiaba más a mi misma por haberle besado y por haber caído bajo sus extraños encantos demoníacos.
Yo amaba a Chris, le amaba con tal fuerza que me sentía vacía desde que él no estaba conmigo y cada poro de mi piel me pedía a gritos su contacto y su aroma. Le amaba hasta el extremo, hasta el punto de que sería capaz de dar mi vida por él.

Por eso no entendía por qué había besado a Kevin ni por qué tenía la certeza de que volvería a hacerlo cuando se me presentara la ocasión.
Él iba a matar a Chris, me había dicho que iba a hacerlo y yo sabía que no mentía, y a pesar de eso, yo ansiaba que entrara de nuevo en la suite para tenerle de nuevo conmigo. A él, a sus ojos grises y al indescreptible y atrayente calor de su cuerpo.


La puerta se abrió en medio de la noche, despertándome de un sueño repleto de Luces y Sombras que me atormentába desde muy niña.
Distinguí unos ojos azules en la oscura habitación y mi corazón se aceleró irremediablemente.
_ ¿Chris?_ susurré.
_Sería demasiado bonito que fuera Chris, ¿verdad?

Los ojos cambiaron, esta vez eran rojos y brillantes y llenos de maldad. Me estremecí.

_¿Quién eres?
_Alguien a quien no querrías haber conocido.
_¿Qué... qué quiere de mi?
_Todo lo que puedas darme.

El hombre de ojos cambiantes que tan pronto eran azules como rojos me cogió en volandas. Su piel era aún más caliente que la de Kevin, en cambio su voz y su aliento eran máa gélidos que Chris.
No pude gritar, ni si quiera cerrar los ojos, el temor me tenía paralizada y temí que fuera a desmayarme de un momento a otro.
El hombre caminó conmigo a cuestas hasta la planta más baja del supuesto hotel parisino, y cuando llegué a una sala llena de espejos me vi a mi misma llorando inmovil en aquellos fuertes brazos desconocidos.
Me sentó en una silla y pronto unos grilletes sujetaron mis tobillos y muñecas con demasiada fuerza.

Cinco pares de ojos rojos como la sangre estaban fijos en mi, ocultos entre los espejos de la habitación, y no tardé en reconocer los ojos de Kevin.
_ ¿Kevin?_ susurré.
_Él no va a ayudarte_ dijo el hombre de ojos cambiantes_. No le mereces tanto la pena.
No le miré, si no que me centré en los ojos de Kevin, que como de costumbre, no decían nada.
_ ¿Qué se supone que vais a hacerme?
_Como ya supones no eres una chica normal_ dijo el hombre_. ¿Cómo si no ibas a enamorar a un ángel? ¿Y a un demonio? ¿Cómo ibas a amarles tú a ambos?
_Yo amo a Chris...
_Y también a Kevin, aunque no te lo admitas.

Lloré de rabia, y las lágrimas cayeron sobre mi ropa desgastada.

_Sólo te dolerá un poco_ sonrió de forma extraña_. Lo prometo. Morirás antes de sufrir todo lo que deberías.
Sentí que mi cuerpo se ponía a temblar, y sólo me bastaba ver aquellos ojos cambiantes para tener la certeza de que aquel era mi final.
_ ¿Por qué?_ pregunté sollozando.
_Pequeña Protegida de los Ángeles_ susurró_. Sólo tu muerte podrá darme la vida.
No entendí lo que decía, y tampoco quería entenderlo.
_Voy a contarte una historia, Ariadne, al fina y al cabo, tenemos tiempo, ¿verdad?
_Chris vendrá a salvarte.
_Ingenua_ sonrió_. A estas alturas, Christian ya debe haber muerto.

Sus palabras se clavaron en lo más profundo de mi ser, me helaron el corazón realintizando su latir y fue entonces cuando me desmayé.

19 de mayo de 2009

Capítulo quince

Sigo sin poder estar con el blog al día y lo siento muchísimo, pero de aquí a Junio las puertas del Palacio de Plata no se abrirán con la frecuencia habitual.Decir que la Zarzuela salió practicamente DE CINE, la pusimos en escena tres días y el sábado llenamos el teatro de aquí, de Ponferrada, y me hizo muchísima ilusión verme rodeada de gente mientras cantaba y actuaba. Es, junto con la escritura, mi otra gran pasión.Por los exámenes que me quedan de aquí a fin de curso (23 de junio), firmaré poco y escribiré menos, pero haré lo que pueda, lo prometo.

Cuando me desperté estaba en lo que parecía ser la habitación de un hotel, una habitación muy lujosa, para ser sincera, pues la cama redonda estaba cubierta por un dosel de seda y frente a mí había divanes y cojines y televisión de plasma y dos ordenadores y... podría decir mil cosas más pero no me daba tiempo a verlas todas y a pensar en Chris al mismo tiempo.

Lo cierto es que aquello no tenía nada que ver con lo que yo me había figurado que pasaría y apostaría a que a Gabrielle no la habían tratado así. Se suponía que yo era una rehén, no una princesa de cuento... ¿por qué no me trataban como tal? ¿Por qué no me encerraban en un sótano oscuro con un trozo de pan y un vaso de agua? ¿Por qué no me trataban como una chica cualquiera que estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado?
Sencillamente, no entendía el por qué de todo aquello, no entendía las miradas de Kevin y de sus ojos grises y toda la curiosidad que había en ellos.

_Has despertado_ susurró entrando en la suite.
_ Ya ves_ susurré dándole la espalda.
_Vamos Ariadne_ dijo él con aquella dulzura sobrenatural que poseía_. No lo hagas tan complicado, ya sabes que no voy a hacerte daño. Sólo quiero hablar conmigo.
_ ¿De qué?
_De ti.

Me estremecí por lo cerca que había sonado su voz, justo en mi oído, a escasos milímetros. No tardó en ponerse frente a mí, en mirarme como hipnotizándome, queriendo hallar respuesta a las preguntas que se agolpaban en su mente y para las que suponía, yo tenía respuesta.

_ ¿Por qué soy tan importante?_ pregunté sin desviar la mirada.
_Porque no eres como el resto de los mortales.
_ ¿Ah no?_ suspiré cerrando los ojos.
_No he dicho que puedas dejar de mirarme.
_No he dicho que quiera mirarte.

Él sonrió alejándose unos cuantos centímetros de mí, demasiado pocos para mi gusto, pues el calor que él emanaba me quemaba cada uno de mis órganos y hacía que la ropa se pegara a mi piel.

_Lárgate_ dije dándole la espalda_. Me das calor.
_No eres quién para echarme, eres mi prisionera._ susurró nuevamente en mi oído_. Además no quieres que me vaya.
Me estremecí de nuevo al oír su voz aterciopelada acariciando mi oído y envolviéndome en llamas que me hacían arder y me hacían pensar cosas que no debía.
_No quieres que te deje sola... y fría_ siguió susurrando mientras su mano se amoldaba a mi cintura_. No quieres que desaparezca mi calor, ni mi contacto... no quieres que me aleje de ti porque no puedes suprimir quién eres, Ari.

Su voz se volvía más sugerente por momentos y no se cuando fue el momento exacto en el que decidí volverme para oírle de frente, cuando me dejé llevar por el calor de sus manos en mi cintura y me recosté sobre su pecho ardiente escuchando el acompasado latir de su corazón.

_¿Por qué me haces esto?_ susurré mientras una lágrima caía por mi rostro y al rozar con su pecho se evaporaba.
_Niña mía_ me dijo acariciándome el pelo como hacía Chris pero de manera totalmente distinta_. No puedes elegir sin saber lo que quieres.
_Yo quiero a Chris_ dije aún abrazada a él y sin intención de soltarle_. Le quiero más que a nada en el mundo.
_Lo sé_ sonrió_. Pero ahora mismo estás abrazándome a mí.
_Resulta irónico.
_Ari, voy a matar a Christian y lo sabes.
Me estremecí ante la idea de que eso ocurriera, toda yo me congelé a pesar de estar abrazada a mi cálido demonio.
_No lo harás_ susurré con voz cortante.
_Claro que sí, niña mía_ me acarició el pelo de nuevo y el calor volvió_. Vamos a luchar. Vamos a hacerlo por ti. No porque seamos un ángel y un demonio, aunque también influye. Vamos a luchar y uno va a morir por tí, porque tú no vas a poder elegir.
_No quiero...
_Chss... no digas nada_ me alzó el rostro_. Sólo siente.

De pronto sentí sus labios rozar con los míos, sentí su calor llenándome por completo y haciéndome sentir viva e importante. Sentí que mi corazón se paraba, que el tiempo no existía, que no había nada más en el mundo que nosotros dos. Ni siquiera el helado colgante de Chris que pendía de mi cuello se resistía al contacto. ¿Por qué? Repelía todo aquello que quisiera hacerme daño... entonces, ¿Kevin no me quería hacer daño? ¿También él me amaba del modo que lo hacía Chris? ¿ Y yo? ¿Le amaba a él?
Seguí abrazada a él durante el resto de la mañana, pensando en cómo iba a explicarle todo aquello a Chris, si es que lo hacía algún día y saqué dos cosas en claro.
Una, que el beso de Kevin me había llenado por completo y me había hecho sentir una euforia y una felicidad incomparables.
Y dos, que a pesar de eso, amaba a Chris más que a mi propia existencia y le anhelaba con cada fibra de mi ser.
Sin darme cuenta supe que necesitaba las caricias heladas de mi angel y los abrazos ardientes de mi demonio.

Y no tenía ni idea de cómo solucionar aquel lío.

9 de mayo de 2009

Capítulo catorce

Aviso que no podré firmar a casi nadie en los próximos días, y casi ni escribir, porque mi ordenador está temporalmente muerto y el portatil sólo funciona a ratos. Además estreno la Zarzuela LA GRAN VÍA en cinco días y estoy muy liada con los ensayos de canto y actuación en el teatro, y si a eso le sumas los exámenes, pues casi no doy hecho.
En cuanto mi ordenador resucite y terminemos las tres actuaciones, intentaré devolver comentarios, promesa de Princesa Gris.



Llegamos a París al atardecer, el ruido de la ciudad, su aroma, sus luces. En verdad no mentían cuando decían que era una de las ciudades más bellas del mundo por no decir la que más. Caminé de la mano con Chris como si fuéramos una pareja normal y corriente, pero yo sabía que no lo éramos ni lo seríamos nunca, pues en ese instante íbamos al encuentro de un demonio que nos esperaba impaciente.

Como si Chris hubiese pasado toda su vida en París, llegamos a los Campos Elíseos y una vez allí, un extraña sensación invadió mi pecho haciéndome saber que Kevin estaba allí.
Detesteba aquellas sensaciones que me hacían percibir cosas y entes extraños, ¿por qué me pasaba aquello? ¿Qué tenía yo de especial para poder percibir a un demonio y enamorar a un ángel?
Me daba miedo buscar respuestas, porque me asustaba lo que podría descubrir.

_Habéis llegado_ susurró Kevin con aquella voz suave y cálida que me envolvía.
_Dame a mi hermana_ respondió Chris con una voz que jamás había oído.
_Relájate, Christian, tenemos toda la noche y aquí hay demasiada gente, deberíamos ir a un lugar más íntimo.
_Sólo tienes que devolverme a Gabrielle, nada más.
_¿ Y qué gano yo si te devuelvo al mayor y más importante de los arcángeles?
_Seguir con vida_ siseó apretando mi mano.
_Mientes muy mal_ sonrió acercándose a mí_. Te ofrezco un cambio.
_ ¿Un cambio? ¿A qué te refieres?

Christian tembló, creo que él sabía a lo que Kevin se refería, pero yo aún no lo había asimilado. ¿Por qué Chris se había puesto pálido? ¿Por qué temblaba la mano que sujetaba la mía?

_Yo te doy a tu hermana... y tú me das a la chica.
¿Yo? ¿Estaba dispuesto a intercambiarme a mí, una humana cualquiera, por un perfecto arcángel? Cada vez estaba más segura de que yo no era para nada una chica normal y corriente y ¡cuánto me habría gustado serlo!
_ ¡Eso ni lo sueñes, Kevin! ¡No voy a dejar que te acerques a ella! ¿Me oyes? ¡¡Nunca!!
_Esto no va contigo, Christian_ respondió secamente_. Va con ella.
>¿Qué me dices, Ari? ¿Estás dispuesta a venir conmigo para salvar la vida de Gabrielle? Sabes que a tí nunca te haría daño.

Me miró como había hecho en el baile, con aquella calidez y aquel extraño brillo en los ojos, y supe que no me haría daño porque tenía curiosidad por mí. ¡Curiosidad! ¡Un demonio!
Solté la mano de Chris muy a mi pesar.

_Está bien, Kevin, iré contigo. Pero suelta a Gabrielle inmediatamente.
_Ni lo sueñes, Ari, no voy a dejar que te vayas con ese...ese...
_Demonio_ conlcuyó él.
_Con ese asqueroso demonio a ninguna parte. ¿De verdad crees que voy a ponerte en peligro de esa manera?
_Kevin no me va a hacer daño, Chris, es la única manera.
_Ya has oído a la chica, se viene conmigo. Encontrarás a tu hermana en lo alto de la Torre Eiffel, ve a buscarla.
_Ari..._ susurró Chris olvidándose del mundo_. Ari, no tienes porque hacer esto, descubriré el modo de...
Le besé suavemente en los labios.
_No te preocupes_ le dije al oído_. Sé que volverás a buscarme.

Entonces el me abrazó con fuerza y lloró, lloró como un niño pequeño al que le habían robado lo que más quería. ¿De verdad podía estar llorando por mí? ¿De verdad podía quererme tanto a mí?
_No dejes que te haga daño, ¿me oyes? No dejes que te haga nada. Tienes mucha más fuerza de la que tú crees, confía en ti misma.

Me abrazó una vez más y me besó de nuevo con aquella intenstidad y aquella pasión desmesurada como horas antes había hecho en mi cuarto.
_Ya está bien de despedidas_ interrumpió Kevin del cual me había olvidado_. Nos vamos.
_Volveré a buscarte Ari, lo juro.
Intenté sonreir, pero no pude.
_Te estaré esperando. Hasta el fin del mundo.
_Y tal vez un poco más lejos.

Sentí el ardiente brazo de Kevin rodear mi cintura, de pronto todo se tiño de negro y empezó a dar vueltas.
Entoncés perdí el sentido y me desmayé pensando en la sonrisa de Chris, sus ojos verdes y el helado y dulce tacto de sus labios

5 de mayo de 2009

Capítulo trece. Tercera parte

Recordemos, esta parte la cuenta ARIADNE y es el final, aunque no se cuantos capítulos me llevará... según le apetezca a Kevin armarme las de siempre :)





_¿Cúando lo supiste?_ repitió sentado en mi cama.
No pude evitar sonreir cuando me di la vuelta para mirarle.

Por primera vez desde hacía un año tenía a Chris ante mí, de verdad le tenía frente a mí. Real y visible y tangible...y únicamente mío.
Él estaba aquí, conmigo, había vuelto a buscarme... y a él le preocupaba lo que en verdad era. ¿De verdad creía que me importaba que fuera un ángel?

Me senté a su lado y le besé. Me encantaba besarle. Adoraba su sabor y sus labios fríos y su dulzura. Suerte que él era capaz de controlarse por los dos... porque lo que era a mí, se me desbordaba el corazón y la razón cuando le tenía cerca.
_Eso es trampa_ dijo sonriendo_. Sabes que cuando me besas me olvido de todo... y no podemos olvidar quién soy.
_Eres Christian... mi Christian.
_Ari, soy un ángel, ¿es que no lo entiendes? No soy humano.
_Pero a mí no me importa... y a tí tampoco, si no no hubieras vuelto.

Estaba segura de lo que acababa de decir, estaba segura de que Christian me amaba, tenía que hacerlo, porque si no...

_¿Pero no vas a preguntarme nada? ¿Ni a extrañarte de que parezca humano?_ sonrió haciendo desaparecer todas mis dudas con el brillo de sus ojos_. Cada día me asombras más.
_Mira Chris, eres un ángel y lo sé, y sé que hayun demonio que nos persigue y unos seres etéreos que me llaman Protegida.
Tomé aire y le miré a los ojos.
_Chris, puede que no sea un ángel ni un demonio... Pero tampoco soy del todo humana.

Esta vez fue él quien me besó, y los dos caímos sobre mi cama. No sabía lo que pasaba, sólo era consciente de que Chris estaba allí, conmigo, que sus brazos helados me rodeaban con ternura y mis manos se revolvían inquietas en su pelo rubio.
No podía existir en el mundo nada mejor que su aroma ni nada más placentero que sus besos helados y sus cosquillas en el cuello.

_Ari_ susurró a mi oído mientras me besaba el cuello de aquella forma extraordinaria que me hacía sentir y desear cosas que deberían estar prohibidas.
_Ari, te quiero más que a nada en el mundo. Más que a mi existencia y a mi condición_ siguió susurrando_. Te quiero como nunca nadie podrá quererte y estaré contigo mientras quieras tenerme a tu lado, ya lo sabes.

¿Acaso creía que iba a querer perderle de nuevo? ¿De verdad pensaba que yo podría vivir sin él? No hacía mucho tiempo hubiera deseado que desapareciera de mi vida para siempre... pero ahora que lo tenía sólo para mí no podía ni imaginar mi vida sin él.

_Tú y yo_ susurré en su oído_. Siempre juntos. Hasta el fin del mundo.
_Y tal vez un poco más lejos_ respondió él besándome más apasionadamente.

Yo jadeé y el se alejó escasos centímetros.

_Creo que ya ha habido demasiadas emociones fuertes por hoy.
_Tienes razón_ respondí respriando entrecortadamente_. Además, tenemos que coger un avión.

Se sentó y me ayudó a hacer lo mismo, recosté la cabeza sobre su hombro y miré mi pequeña maleta preparada para ir a París.
Ahora sólo me faltaba decírselo a mi padre, y no tenía ni idea de como hacerlo.

_Tenemos que hablar con tu padre_ dijo Chris leyéndome el pensamiento_. Será mejor que bajemos.
Asentí y bajamos por la escalera de caracol. Mi padre se peleaba con una guitarra eléctrica de la que pretendía sacar alguna melodía.
_¿Papá?
Se quitó los cascos y nos miró. Nuestras manos estaban entrelazadas y yo me sonrojé. Se que tal vez a él no le haría mucha gracia, pero creo que nuestro amor era demasiado evidente como para intentar esconderlo.
_Tú debes de se Christian.
_Señor García_ saludó él estrechando la mano de mi padre.
_Llámame Diego.

¿Cómo sabía él quien era Chris? Nadie le había visto antes salvo yo, y mi padre nunca me había oído nombrarle, todo era muy absurdo.
_Catrina me ha hablado de ti_ continuó mi padre intentando evitar una sonrisa_. Dice que eres un adicto a hablar con mi hija por teléfono.

¡Por teléfono! ¿Eso pensaba mi madre de mis conversaciones con Chris?
No pude evitar una sonrisa.
_Verás papá...
_Diego_ me interrumpió Chris_. Esta tarde mis padres, mis hermanos y yo vamos a París a pasar el fin de semana... me preguntaba si Ari podría venir con nosotros.
Yo no dije nada y mi padre frunció el ceño.
_Por fa, me haría mucha ilusión_ interrumpí acercándome a él.
_No creo que tu madre estuviera de acuerdo, Ariadne.
_Pero ahora eres tú quien decide, no mamá_ dije severa, pues en verdad lo pensaba así_. Tú eres mi padre y tú decides si confías o no en mí.
_Dame el teléfono de tus padres, Chris. Hablaré con ellos y veré lo que hago.

¿Los padres de Chris? Ya estábamos perdidos, ahora si que no iríamos a ninguna parte y el malnacido de Kevin le haría algo a Gabrielle...
Extrañamente, Chris le dio un papel a mi padre, y tras hablar por teléfono sonrió y nos dejó marchar a Chris y a mí.

Mientras íbamos a León en el autobús para coger el avión, no pude evitar preguntarle cómo lo había hecho.
_Pero...¿cómo...?
_Ari_ sonrió_. No olvides que soy un ángel, tengo mis recursos.

Me beso mientras la pista de despegue se alzaba ante nosotros.
París nos esperaba, y también una dura batalla en la que esperaba enterarme de por qué me llamaban Protegida.

2 de mayo de 2009

Capítulo doce. FIN DE LA SEGUNDA PARTE

Bueno, pues con este capítulo (cortito, que le vamos a hacer), termina la parte contada por Chris, porque la tercera (y última) la cuenta otra vez Ari.
:)
A ver si todo resulta como yo quiero... porque ultimamente mis personajes se adueñan de mí cuando escribo y me dan voces porque no quieren que las cosas salgan como yo quiero que salgan... parece que mandan ellos más que yo.







Entonces el hombre desapareció y yo corrí por las estrechas calles del Paraisín hasta llegar de nuevo al instituto.
Ari salió justo en ese momento y cuando logré coger su mano y llevarla lo más lejos posible, él apareció. Sus ojos rojos brillaban abrasando mi piel y sus alas de negra oscuridad envolvían el cuerpo de una joven de hermosura indescriptible y perfección sin par.
Era Kevin, y la chica a la que envolvía era mi hermana Gabrielle.
_Kevin_ susurró Ari mirando al demonio que supuestamente sólo yo podía ver.
El demonio se deslizó suavemente hacia nosotros y sentí como la mano de Ari se aferraba a la mía con fuerza.
_Parece que tu poder se está desarrollando más rápido de lo que debería_ dijo el demonio con voz terroríficamente ausente_. Pero claro, es lo que pasa cuando te enamoras de un ser sobrenatural.
_ ¿Sobrenatural?_ preguntó ella sin soltarme.
_Oh, vamos Ari, eres una chica lista_ sonrió con malicia mientras adoptaba su forma humana_. Ya has visto lo que soy yo.
_No…
_Lo sabes. Sé que lo sabes. ¡Dilo!_ gritó asutándola.
_Demonio.

Hubo un tenso silencio en el que sin soltar a mi hermana, Kevin se acercó a nosotros y rozó el rostro de Ari con la punta de sus dedos. Quise darle la mayor paliza de su vida, quise avalanzarme sobre él y matarle, quise librar al mundo y al Infinito de su presencia... pero la mano de Ari me retenía y no me dejaba acercarme al repugnante ser que había frente a ella.
_Ahora que ya sabes qué soy yo… ¿Te arriesgas a decir qué es tu novio?

¿Su novio? ¿Había dicho su novio? ¿Por qué había dicho su novio?
_Chris es un ángel_ respondió con suavidad y un brillo para mí desconocido en su inmensos ojos violetas.
_ ¡Vaya! ¡No pareces asombrada!
_No lo estoy.

Kevin se alejó de nuevo de nosotros y recuperó su forma demoníaca.
_Si quieres volver a ver a tu hermana ya sabes lo que tienes que hacer_ sonrió de forma fantasmagórica_. Nos vemos en cuarenta y ocho horas en los Campos Elíseos.

Y entonces desapareció.


A los diez minutos sentí como Ari tiraba de mí obligándome a mirarla a los ojos.
_Vamos a mi casa.
_ ¿A tu casa? ¿A casa de tu padre? ¿A qué?
Estaba realmente asombrado, no sabía qué hacer ni qué decir. ¿Lo había asumido así sin más? ¿Era tan sumamente sencillo?
_Tengo que hacer la maleta_ dijo sonriendo_. Yo no soy un ángel como tú y necesito un avión para ir a París.

Y aún sorprendido me dejé llevar por ella hasta la casa que compartía con su padre.



FIN DE LA SEGUNDA PARTE

30 de abril de 2009

Capítulo once

Se que hay cosas muy evidentes (como la interrupción de Kevin en el beso), pero que le voy a hacer, me sale sólo sin que yo me de cuenta.
Seguimos con la historia.


A mí no me hacía falta volverme para saber que aquella voz cálida pertenecía a Kevin, pero Ari si que necesitó darse la vuelta entre mis brazos para fijarse en el demonio que ella creía humano.
_ ¡Kevin! ¿Qué estás haciendo aquí?_ preguntó ella mirando con fijeza sus ojos grises que sólo yo podía ver arder.
_Christian no es el único que te echaba de menos_ susurró con su extraña sonrisa.

Muy a mi pesar, Ari se libró de mis brazos al ver como Kevin se acercaba y la agradable sensación eléctrica desapareció dejando un horrible vacío en mi interior.
Pero no podía pararme a pensar en eso. ¿Qué era lo que quería Kevin?
_ ¿De qué conoces a Christian?_ preguntó con voz temblorosa, pues para ella nadie más me había visto nunca.
_ ¿No te lo ha contado?_ sonrió revolviéndome las entrañas.
_Lo hará algún día_ respondió ella sin ni siquiera mirarme_. Deberías estar en Madrid.
_Él también_ respondió mientras me miraba con sus ojos ardientes_, y no se lo restriegas.

De forma inconsciente Ari me cogió la mano. ¿Tanto miedo tenía a que me fuera de nuevo? ¿De verdad creía que iba a ser capaz de dejarla sola?
_Es distinto… él…

Claro que era distinto. Más de lo que ella podía imaginar. Ella era humana, yo un ángel y el supuesto chico que había frente a nosotros, un demonio. ¡Menuda reunión!
_ ¿Sabes de verdad quién es Christian?_ preguntó mirándome a mí.
Ella se estremeció y por el contacto de nuestras manos sentí como la duda la invadía.
_Tampoco sé quién eres tú_ susurró varios segundos más tarde.
_Y no creo que quieras saberlo_ sonrió volviéndose hacia Ari_. Aún he de robarte un beso.

Y sin más se fue dejándome de nuevo a solas con una Ariadne que no tardaría en pedir respuestas.
_Tengo que volver a clase.
_Te acompaño.

La dejé envolverse en el tumulto de jóvenes que entraban en el gran edificio, y no la perdí de vista hasta que desapareció escaleras arriba.


* * *


Dos horas. Sólo tenía que esperar dos horas y ella saldría de aquel inmenso edificio, y cuando saliera…
Cuando estuviera de nuevo conmigo no tardaría en pedir respuestas y a mí no me iba a quedar otra que explicárselo todo… ¿cómo se lo tomaría? ¿Cómo reaccionaría cuando le contara que yo era un ángel? ¿Y cuándo le explicara quién era ella? ¿Y lo que Kevin, un demonio, buscaba?
Eran demasiadas cosas, demasiado sobrenaturales para un corazón humano…
"Christian"_susurró una profunda voz en mi mente.
Se me erizaron los pelos de la nuca al averiguar a quién pertenecía la voz.
Era el hombre de la capa azul, ¿qué querría de mí?

Como siempre, no veía su rostro, oculto bajo la capucha inmensa que sólo dejaba entrever su plateado cabello.
Me puse en pie aún a sabiendas de que nadie salvo yo podía verle, y mucho menos, oírle.
_Qué quieres_ exigí consciente de las miradas de la gente.
"Sígueme".

Obedecí muy a mi pesar, desobedeciendo la orden de mi corazón de quedarme a la espera de Ari y obligándome a mí mismo a desterrar de mi mente aquella idea de que algo iba mal. Le seguí por las estrechas calles del Casco Antiguo y pronto llegamos a un lugar que me resultaba desconocido hasta a mí.
_No lo hagas, Christian_ dijo hablando por vez primera.
_Que no haga, ¿qué?
_No cometas la estupidez de contarle la verdad a Ariadne. ¿No lo comprendes? Si le explicas la misión, todo se echará a perder.
_No puedo contarle algo que ni yo mismo sé_ repliqué y por primera vez me di cuenta de que no sabía para qué querían ellos a Ari.
_Sólo te lo diré una vez, si no vas a ser capaz de guardarte el Secreto, será mejor que te alejes de ella.
_ ¿Y dejarla en manos de un demonio?
_Por lo menos Kevin no tiene intención de contarle nada…

De repente vi sus ojos brillar y algo me dijo que aquel ente, o lo que fuera, no era de fiar.
_No voy a entregarte a Ari.
Sonrió y se quitó la capucha dejando al descubierto unos ojos cambiantes que variaban del azul al rojo constantemente.
_Claro que lo harás, o ella asumirá las consecuencias.
_ ¿Ella?
_Gabrielle. El arcángel Gabrielle. Tu hermana.
_No te atrevas a acercarte a ella.
_Y quién me lo va a impedir, ¿tú? ¿Un ángel normal y corriente? No me hagas reír.
_Qué eres_ exigí observando cómo sus inmensos ojos cambiantes me miraban de forma mística.
_ ¿De verdad quieres saberlo?
_Sí_ respondí sin apartarle la mirada.
_Soy un experimento que salió mal.
_ ¿Qué quieres decir?
_Pregúntale a tu hermana, si es que tienes tiempo de salvarla.

28 de abril de 2009

Capítulo diez

Siento no poder escribir con la continuidad del principio, pero es que estoy de exámenes y de ensayos y no doy hecho. Lo siento por el retraso entre los capítulos.



Dejé la foto encima de la mesa y me puse a buscar información sobre el posible paradero de Ari. Al fin y al cabo, no necesitaba dormir y no era muy buena idea salir en su busca a las tres de la madrugada.

Me infiltré en los registros de todos los institutos buscando su nombre, hasta que finalmente, la encontré cursando primero de bachillerato en el Gil y Carrasco.
Por lo que sabía, los recreos en ese instituto era a las diez y diez y a las doce y veinte más o menos, y precisamente por eso, a las diez en punto ya estaba yo en la plaza del Ayuntamiento, frente al instituto.

No dudaba en que me vería, apoyado en la farola central de la Plaza, con la mirada fija en la puerta que no parecía dispuesta a abrirse… pero, ¿y si Kevin había tenido la misma idea? ¿Estaría él también allí? Y lo que era peor, ¿le vería a él primero?

Todos esos pensamientos desparecieron cuando mi ahora existente corazón se aceleró irremediablemente al verla.
Aquellos vaqueros gastados y una camiseta azul que yo ya le había visto más de una vez… pero lo que en verdad llamó mi atención fue su cuello. Bueno, más bien, la joya que lucía en él. ¿Llevaba puesta la otra mitad del corazón que yo mismo lucía? ¿Se lo había puesto? ¿Qué quería decir aquello? ¿Qué me seguía queriendo?

Estoy completamente seguro de que si no fuera un ángel, mi cara se habría teñido de un rojo encendido y mis piernas temblarían de forma irremediable.
Pero sí que lo soy, y por tanto no tuve ningún problema para moverme entre el tumulto de jóvenes que aparecía por todas partes hasta llegar a ella.

Le rocé el hombro con mi mano corpórea por primera vez. ¡Vaya sensación! ¡Menuda descarga eléctrica que me provocaba su piel tan suave y magnética! ¡Lo que me había perdido siendo inmaterial!
_ ¿Ari?
Y entonces ella se dio la vuelta.

Sentí sus ojos violáceos clavarse en mí al mismo tiempo que las miradas de varias chicas que la acompañaban.
_Está muy bueno_ susurró una de ellas creyendo que yo no la oiría.

Sonreí acercando una de mis manos materiales a su rostro y aparté de él un caprichoso mechón negro azabache.
_Chris…_ susurró.
¡Su voz! ¡Cómo la había echado de menos!
_Hola.

Nada tenía importancia para mí en ese momento, nada salvo ella. No me daba cuenta de las miradas de la gente y tampoco me importaba mucho, porque ella estaba allí, frente a mí, a escasos centímetros.
_ ¿Pueden verte?_ susurró con miedo.
_Si.
Entonces sonrió y para mi sorpresa, cogió mi mano provocando una nueva serie de descargas eléctricas y me arrastró más allá de la Calle del Reloj hasta llegar a la plaza de la Encina. Precisamente la plaza de la Encina. Donde por primera vez yo había sabido de ella.
_Christian…_ susurró ella con suavidad convirtiendo mi nombre en la más bella palabra.
_Qué.
_Yo… Tú…_ se sonrojó de esa manera que tanto me gustaba_. Estás aquí de verdad.
_ ¿Me has echado de menos?
Apartó la mirada de mí, cubriéndose con la barrera de su melena, pero a pesar de que no podía leer su mente, sabía de sobra lo que rondaba en ella.
_Sigues pensando que no existo, ¿cierto?
_Me da igual_ respondió sorprendiéndome.

Algo en mi expresión debió decirle que su respuesta me había chocado, pues me acarició el rostro con una dulzura que yo creía incapaz para un ser humano.
Se acercó a mí hasta que sentí su respiración acompasada chocar contra mi nariz.
No podía hacer nada, sus ojos me atraían como imanes y su aroma inconfundible me volvía loco.
_Me da lo mismo_ repitió ella a la mínima distancia posible_. Mientras existas para mí, todo lo demás no importa.

Entonces conseguí reaccionar y mis manos heladas rodearon su cintura sintiendo como su piel se estremecía ante el contacto. La alcé sin esfuerzo hasta tenerla aún más cerca y la besé. La besé como nunca jamás soñé que sería capaz de hacerlo, sintiendo como mi corazón y el suyo latían al mismo tiempo y mi cerebro dejaba de funcionar para sentirla sólo a ella.

_ ¿Interrumpo?_ nos sorprendió una voz.

26 de abril de 2009

Capítulo nueve

La ira se apoderó de él y se abalanzó sobre mí con su espada demoníaca en alto dispuesto a atravesar mi cuerpo inmaterial con lo único que podía matarme. Me protegí con mi espada tanto como pude, pero no pude evitar sentir en más de una ocasión, el insoportable ardor de su espada chocar contra mí. La lucha se prolongó y ninguno de los dos resultaba vencedor.
Aquel estúpido demonio era realmente bueno con la espada, casi tan bueno como yo y eso no me puso la lucha nada fácil.
Al final, terminó cansándose y se alejó de mí llevándose con él su asquerosa peste demoníaca.
_Te creía más débil, Christian.
_Las apariencias engañan, Kevin_ respondí aún en tensión.

Sonrió de esa manera tan rara que tienen los demonios y guardó su espada.
Se había dado la vuelta y ya estaba dispuesto a marcharse, cuando sus ojos rojos se clavaron en mí y su voz resonó en mi mente.
“Te veo en Ponferrada”.
Y sin más desapareció.

Definitivamente, iría a Ponferrada en mi estado inmaterial… no quería ni imaginar lo que podía pasar si Kevin llegaba antes que yo.


* * *


Ponferrada. Tal y como mi mente la recordaba.
Tal vez más edificios y más altos y mucha más gente. Más ruido y más tráfico… pero tan perfecta como la última vez.
¡Cómo había echado de menos todo aquello!

Estaba en la plaza de la Encina, en el mismo lugar en el que hacía algo más de un año, me habían informado de la misión de cuidar a Ari. La luna estaba llena y no se veía a nadie por allí a más de las tres de la madrugada.
Suspiré.
Lo de pasar a estado material era muy incómodo. Sentir como de repente mis alas se desvanecían y mi espada dejaba de estar pegada a mí. Tomar conciencia de que mi cuerpo pesaba y tenía un corazón que latía… cosas de las que no debía preocuparme siendo etéreo.
Me relajé cuando el escaparate de una vieja tienda frente a la Basílica me devolvió el reflejo de un chico aparentemente normal, como cualquier otro.
Sentí el aire revolverme el pelo y una serie de aromas olvidados se agolparon en mi obligándome a sonreír.
Atravesé la Calle del Reloj y cuando llegué por fin a la plaza del Ayuntamiento, saqué el llavero que hacía un año que no usaba.
Entre en el pequeño edificio que tenía frente a mí y subí hasta el primer piso. Abrí la puerta.

Todo seguía tal y como lo había dejado. Las paredes de un blanco desvaído, las habitaciones básicamente vacías y en el salón, dos sofás y una mesa de madera enorme llena de papeles y dos ordenadores que solía usar a todas horas.
Inconscientemente mi mirada fue directa al suelo, allí, enmarcada, seguía la foto de Ari que me habían dado cuando comencé a trabajar. La foto en la que vi sus ojos por primera vez.

Y desde entonces no he podido mirar a otra… es la primera vez en mi larga existencia que me siento así, que sé que ella es lo que más me importa en el mundo.
Ya no se vivir sin su sonrisa perfecta y su piel capaz de teñirse de rojo cuando le hablo al oído. Me encanta su voz y todo lo que dice y como lo dice. Adoro su cintura que se amolda perfectamente a mis manos y sueño con el aroma de su cabello más oscuro que la más negra noche.
Adoro sus ojos, su mirada de un violeta intenso tan extraño como el mismo infinito, la inmensidad que reflejan esos ojos, los más grandes que el mundo vio jamás.

Pero lo que más me gusta de ella, más que ninguna otra cosa, es que tiene una capacidad innata para ser ella misma, siempre, sea cual sea la situación.
¿Y me preguntan si la quiero?
Más que a mi propia existencia.

22 de abril de 2009

Capítulo ocho

Seguramente tarde un poco en subir el capítulo siguiente, porque tengo "puente" y como no voy a tener clase ni mañana ni pasado, a lo mejor me voy por ahí y no me da tiempo a subir, pero lo intentaré, lo prometo.



Aparté todos esos pensamientos de mi cabeza cuando sentí que el avión en el que me había obligado a subir aterrizó en la inconfundible ciudad de Madrid. Me moví sintiéndome observado, sensación muy incómoda después de un año siendo “invisible”, como decía Ari.
Pero era lo mejor para los dos, tanto para ella como para mí. Si Kevin andaba cerca, era más seguro ser corpóreo.

Salí del aeropuerto y vi a una mujer que conocía perfectamente, casi tanto como a Ari. Su madre. Catrina.
Lucía un elegante traje gris perla igual al del resto de mujeres que entraban con ella. Tenía que saber dónde estaba Ari. Tenía que saberlo.

Me acerqué a ella lentamente, intentando penetrar en su mente. Tarea imposible siendo corpóreo, así que sonreí y hablé. Hablé con aquella voz mía que yo había olvidado.
_Disculpe, ¿Catrina?
Ella se volvió clavando en mi aquellos enormes ojos azules que tenía.
_Sí, dime.
_Me llamo Christian. Soy…_ ¿qué era? ¿Qué le decía?_ Soy un amigo de Ari. ¿Sabe dónde puedo encontrarla?
_Aquí precisamente no_ sonrió de forma ausente_. Se ha ido con su padre.
_Lo sé_ respondí mostrando mi mejor sonrisa_. Pero me preguntaba donde, ya sabe… por no perder el contacto.
_A Ponferrada_ respondió pronunciando el nombre de la ciudad leonesa con suavidad.
¿Ponferrada? ¿Precisamente Ponferrada? Me olía a demasiada casualidad.
_Eres Chris, ¿no?_ preguntó de pronto_. El chico de las conversaciones eternas de Ari.
_ ¿Cómo?
_Sí_ repitió ella_. Ari no hacía más que hablar contigo por teléfono todo el día… no oía más que tu nombre por casa.
¿Por teléfono? Llevaba un año viviendo con ella y no tenía ni idea… las ventajas de no tener cuerpo visible a todos los humanos.
_En fin, me alegro de conocerte, Christian, pero he de irme.

No me dejó ni decirle adiós, desapareció tras una puerta y no la volví a ver. No perdí el tiempo, y cuando desapareció corrí a informarme del próximo vuelo para León.


***



¡Dos días! ¡Tenía que esperar dos días!
También podría viajar del otro modo… no tardaría más de media hora… pero…
No sabía que hacer, salí del aeropuerto con un caos despampanante en la cabeza, tan inmenso que ni si quiera me di cuenta de que alguien o algo me estaba persiguiendo, se montó detrás de mi en el autobús y bajo conmigo en el parque del Retiro.
No me di cuenta hasta que al entrar en el parque, oí el filo de una espada desenvainada tras de mi.
Me di la vuelta.


Era el ser más despreciable que existía. Poco más alto que yo, vestido de un negro intenso a juego con el rojo de sus ojos. En su mano, una espada más antigua que el mismo tiempo y a su espalda dos inmensas alas hechas de la más negra oscuridad. Dos masas gaseosas que le envolvían en un aire sobrenatural.
Era un demonio.
Un horrible y asqueroso demonio.

Pero, ¿qué voy a decir yo? Odio a los demonios más que a nada en este mundo y lo haré siempre. Está en mi naturaleza. Al fin y al cabo, soy un ángel.
Y eso no va a cambiar nunca.

_Christian_ susurró el demonio con aquella voz ardiente que yo detestaba.

Definitivamente, debía perder la corporeidad. Era la única manera de enfrentarme a él.
No tardé en sentir el cosquilleo de mis alas a la espalda y el peso de mi espada angélica en mi cinturón.
Su sonrisa entrecortada me hizo reconocerle.
_Kevin_ dije yo situándome frente a él_. Qué es lo que quieres.
_A ella, ya lo sabes_ me dijo acercándose.
Desenvainé la espada.
_No voy a permitirte que la toques_ dije mirándole con fijeza_. Nunca.
_ ¿Y si es ella la que quiere que la toque? Al fin y al cabo… no soy yo el que la dejó sola.
_Como te atrevas a hacerle daño, te juro que será lo último que hagas en tu amarga existencia.
_ ¡Vaya! ¡Qué ven mis ojos!_ voceó mientras reía con ganas_. El ángel se ha enamorado de la chica humana.
_Y ningún asqueroso demonio me va a impedir que vuelva con ella.

20 de abril de 2009

Capítulo siete

He puesto la ciudad de Ponferrada porque es la mía... es donde yo vivo y me siento más a gusto desarrollando la historia aquí, espero que no le importe a nadie que practicamente sea un sitio desconocido...

Y ahora, empieza la visión de Chris de la historia, espero no decepcionar a nadie. Me alegro de que os vaya gustando, de verdad.

Vamos allá.



_ ¿Qué se supone que estás haciendo aquí, Christian? ¿No deberías estar con la Protegida?
_Ella no me quiere a su lado_ respondí mirando fijamente al hombre que me hablaba.
_Lo que ella quiera no importa, ¿entiendes?
_A mí si que me importa.

Mi interlocutor, envuelto en una capa azul marino, negó con la cabeza dejando entrever unos finos cabellos color plata de brillo sobrenatural.

_Christian, te elegí a ti para este trabajo porque nunca antes habías fallado. Me parecías la persona adecuada para cuidar de la Protegida ahora que falta poco para el Cambio. ¡Y tú vas y la dejas sola! ¡Y encima con uno de ellos!
_Kevin nunca le pondrá la mano encima_ respondí con contundencia_. No mientras dependa de mí.
_Pues entonces vuelve y haz tu trabajo.

El hombre de la capa azul desapareció sin más dejándome sólo en mitad de aquella calle de Punta Cana a las doce de la noche.
Sacudí la cabeza pensando en la forma más rápida de volver a España, aunque no tenía ni idea de cómo iba a encontrar a Ari. Mi Ari. Pues había leído en la mente de Diego que pensaba mudarse con ella, aunque no sabía dónde.
¿Qué había hecho? ¿Por qué me había ido y la había dejado sola? ¿Y encima a merced de un ser como Kevin? Supongo…
“Christian_ dijo una voz en mi mente_. ¿Estás bien?”
Sonreí.
Reconocería la voz de mi hermana en cualquier parte. Fuera mental o no.
“Sigo aquí, Gab. Eso es lo que cuenta”

Aún no me había acostumbrado a su asombrosa apariencia. No en vano era una Etérea, un ser que sobrepasaba con creces la perfección. Su melena rubia y sus ojos como cristales adornaban un rostro de porcelana con unas facciones increíblemente hermosas.
_Hola Chris_ saludó con su voz vaporosa.
_Hola Gab_ sonreí yo mientras ella me cogía por la muñeca y me arrastraba por las calles de Punta Cana a más velocidad que la propia luz.

Estaba acostumbrado a viajar así. Lo había hecho toda mi existencia, que no había sido corta precisamente. Al menos, no a ojos humanos. ¿Qué pensaría Ariadne si le contaba la verdad? ¿La verdad sobre mí mismo y mi existencia? Sencillamente, no se lo creería y me querría alejar de nuevo de ella. Algo que me dolía sólo de pensarlo.
No me di cuenta de que Gabrielle se había detenido hasta que me zarandeó y me hizo abandonar mis pensamientos.
_ ¿Qué vas a hacer ahora?_ preguntó sentándose en la arena de la playa desierta.
_No lo sé, Gab_ respondí sentándome a su lado_, de verdad que no lo sé. Daría todo por volver con ella.
_ ¿Y entonces a qué esperas?
_A que ella esté dispuesta a que vuelva_ susurré observando cómo la pálida luna llena se reflejaba en el mar.
_Christian, no he venido a verte por placer, creo que lo suponías_ dijo mi hermana al cabo de un rato_. Aunque me gustaría que fuera así.
Los cristales que conformaban sus ojos se clavaron en mí.
_Gabrielle…
_Uriel ha estado alerta_ me cortó_, y no tenemos buenas noticias.
No respondí.
_Kevin ha hecho una promesa. Deberías saber lo que eso significa.
>Ahora más que nunca debes cuidad de la Protegida.
_Creo que vuelvo a España.
_Será lo mejor_ susurró más para sí misma que para mí_. Buen viaje Chris. Te quiero.
_Y yo a ti_ respondí mientras ella se desvanecía como el ser sobrenatural que era.

Un ser tan sobrenatural como yo mismo. Yo. Aparentemente un chico de diecisiete años como otro cualquiera cuando me dejaba ver… pero con un secreto que guardar más antiguo que el propio mundo. El secreto que esperaba poder compartir lo antes posible con ella, con Ari.
El secreto por culpa del cual me había separado de ella dejándola en manos, ni más ni menos, que de Kevin. Para mí, el peor ser ante el que podía caer cualquier humano. Y en especial ella.

19 de abril de 2009

Capítulo seis

Siento el restraso en la h istoria, pero acabo de llegar de casa de mi padre y allí no tenía internet.
Este es último capítulo de la Primera Parte, por lo que mañana empezaré la Segunda en la que la historia ES CONTADA POR CHRIS.
Capítulo cortito y mañana más.


_Ariadne, despierta_ susurró alguien en mi oído_. Venga, hemos llegado.
_ ¿Diego?
_Si, venga dormilona. Arriba.

Sonreí y me desperecé bajando del coche. A mi alrededor todo era desconocido pero el aroma del lugar me embriagaba y me hacía sentirme bien. Alcé la vista y supuse que la enorme casa de piedra ante la que nos encontrábamos sería mi nuevo hogar.
_ ¿Dónde estamos?_ pregunté consciente de que no sabía nada de aquel lugar.
_Ponferrada.
_ ¿Ponferrada? ¿Eso no está rozando con Galicia?
_Casi, tú lo has dicho_ respondió_. Estamos a los límites de León.
> Estamos en lo que llaman Casco Antiguo de la ciudad…

Mi padre siguió hablando pero yo no le escuchaba, estaba embobada observando las mil flores violáceas y azules que decoraban los balcones de aquella calle, mi calle que era…
_ ¿Cómo se llama la calle?
_Calle La Obrera, si no recuerdo mal_ respondió cogiendo mis maletas_. ¿Qué te parece si entramos?

Para mi sorpresa la casona de piedra resultó ser un edificio de tres pisos en cada uno de los cuales había dos puertas.
Mi padre se detuvo ante el 2ºB y el piso resultó ser un dúplex decorado de forma clásica pero con un buen gusto contemporáneo. Típico de mi padre.
_Te regalo la parte de arriba_ me dijo cuando yo observaba todo sin mediar palabra_. Haz con ella lo que quieras menos romperla.
Abracé a mi padre como creo que nunca lo había hecho y desaparecí por la escalera de caracol sintiéndome segura en aquella parte de la casa.
No me sorprendía que mi padre me hubiera confiado el segundo piso así, sin más, pues sabía por mi madre que Diego era un hombre muy liberal y que confiaba plenamente en mí.
Pero aun así resultaba increíble.
Sonreí al entrar en la que a partir de ahora iba a ser mi habitación, y al abrir la ventana vi, a mi alrededor, un barrio antiguo, casi medieval, sin apenas tráfico y con mujeres que caminaban entre risas por las estrellas calles del barrio. Me sorprendí al ver a dos chicos con tablas de skate y a una pareja de adolescentes besándose a escondidas… personas que no combinaban con el ambiente pero que lo hacían único.

El ambiente de una ciudad que ahora era mía y en la que deseaba más que nada en el mundo tener a Chris conmigo. Costara lo que costase.



FIN DE LA PRIMERA PARTE