14 de marzo de 2012

Dieciocho de Enero de 1912


El capitán Scott, acompañado de Evans, Wilson, Bowers y Oates, alcanza el Polo Sur. El cansancio y el frío hacen mella en sus cuerpos. Sus dedos agrietados, sus labios cuarteados, sus pies comidos por el hielo. Exhaustos y sin aire pisan el que llaman el punto de latitud cero.
Scott no sonríe. Evans y Wilson callan. Bowers y Oates miran deprimidos al capitán.
Todos la ven.
Los cinco contemplan abatidos el ondear de la roja bandera noruega. Roja como la sangre que hierve en el interior de Scott al pensar que Amudsen se le ha adelantado. ¿Cuánto tiempo haría? ¿Una semana? ¿Un mes?
Oates suspira y carga con su mochila, con un gesto impulsa a Wilson a ponerse en pie, a comenzar el triste y largo regreso a casa, donde quizá algún día puedan recordar aquello sin sentirse tan decepcionados y humillados.

Son cinco. Cinco tristes ingleses con miedo a perderse en un desierto de hielo continúan su andadura, en fila de a uno, un pie tras otro. Un mes después, Evans camina el último, agotado, desvalido, horriblemente desolado. Y la muerte no tiene piedad. Se ríe de él demostrando su superioridad.
Las lágrimas se congelan en los rostros de sus compañeros, que, impotentes, dejan a su amigo bajo una tumba de hielo.
Oates no puede más. Sus pies han muerto y lo único que existe es hielo. Hielo que se ha adueñado de sus manos al arrastrarse, tratando en vano de encarar lo que se le viene encima. Pero nadie se atreve a dejarle atrás, Scott jamás se lo perdonaría. Ya ha pasado otro mes y la noche fría y sin luna se lleva con ella a Oates que no volverá a despertar jamás.
Scott no dice nada. Coge el diario de su compañero y se pone en pie. Wilson y Bowers le siguen, inamovibles, deseando volver a su querido Londres y así ensalzar la figura de sus compañeros perdidos. Los tres en silencio, arduo y duro silencio pensando en sus hijos, en sus mujeres, en una vuelta a casa que no llega nunca.

Y así, el treinta de marzo, el diario de Scott finaliza junto con él y sus compañeros. La muerte disfrazada de hielo termina con ellos.


Ya nunca volverán a abrazar a sus hijos, ni a besar a sus mujeres. No volverán a ver el sol ni a escuchar lo que de ellos se dirá.
Los cinco héroes ingleses caen inertes sobre el Fin del Mundo, esperando unas ayudas que jamás llegaron y unas palabras de aliento que nadie pudo decirles.


Acompaña al texto, Héroes de la Antártida, Mecano http://www.youtube.com/watch?v=QlG-9rl7H4w

23 de febrero de 2012

Baila una vez más

Bueno... hoy os dejo con otra faceta artística de aquí la señorita Anaíd, es una canción mía a ver que os parece.

A la voz: Una servidora, Anaíd
A la guitarra: Mi queridísimo idiota, Gabriel





Y avanza, arrastrando la Muerte en sus pies
jugando con ella a su merced
siendo la reina del hielo
mi adorada diosa del Edén

3 de febrero de 2012

Un Regalo para Jeremy


ATENCIÓN: Este texto no es apto para cardíacos ni personitas especialmente sensibles.

La puerta metálica se cerró tras él con un golpe seco y escuchó en la oscuridad como tres pestillos le encerraban en aquel lugar.
_Gracias por venir, Jeremy
_ ¿A qué estás jugando, Sophie?
_Tengo un regalo para ti.
Sophie se dio la vuelta mientras los fluorescentes parpadeantes se encendían. Llevaba una bata blanca llena de manchas, la melena oscura que tiempo atrás había brillado con luz propia trataba inútilmente de permanecer recogida en un moño del que se escapaban varios mechones los cuales caían sobre unos ojos color chocolate inyectados en sangre.
Se acercó más a él y le ofreció la copa de Bourbon que tenía entre las manos y por la cual resbalaban pequeñas gotas de sangre.
Jeremy la rechazó y ella se la bebió de golpe.
Sin preguntar, le cogió la mano y lo arrastró por el almacén entre tubos de ensayo, camillas metálicas y toda clase de cuchillos hasta llegar a los pies de una cama que estaba completamente a oscuras.
_Ahí la tienes, Jeremy. Toda para ti.
Una luz cegadoramente blanca iluminó la cama y a Jéremy se le detuvo el corazón mientras notaba las arcadas que subían por su garganta.
_Es perfecta, ¿no crees? Tal y como a ti te gusta.
_Sophie..._ susurró a duras penas con sabor a vómito en la boca.
_Fíjate bien, Jeremy, mírala muy despacio. ¿Ves esas piernas? Son las de Maddi, la chica a la que tanto mirabas en atletismo. El torso y los pechos son lo de tu adorada Miranda, la barbie animadora. Los brazos son los de Odette, la bailarina de tus vídeos. ¡Ah! Y también los pies. Las manos son de Judy, la pianista del grupo de mi hermano, ¿te acuerdas? y la cabeza y el pelo son de María, la modelo de la revista de tu padre. Los labios... me han dado trabajo, no creas, no ha sido nada fácil encontrar a Charlotte. Se que te gustaba más su voz que sus labios así que...
De uno de los bolsillos de la bata sacó una pequeña grabadora que activó con rapidez.
"Canta para mí Charlotte" "Por favor Sophie, basta" "¡Canta! ¡He dicho que cantes!"
La melodiosa voz de Charlotte seguía siendo hermosa a pesar del miedo y de la manera que tenía de llorar.
La canción de Charlotte seguía sonando cuando Sophie volvió a hablar.
_... la nariz es de la pequeña Eli, según tú, la mejor proporcionada y las orejas son las de Daniela, esas las he elegido por ti. Con los ojos... me costó decidir que hacer, te gustaban los aguamarina de Diana pero también los verde acero de Beli. Así que le he puesto uno de cada.
> ¿Verdad que es hermosa?
Sobre la cama, en unas sábanas teñidas de rojo con olor a descomposición, descansaba un cuerpo cubierto de sangre. Grapas, costuras, imperdibles y alfileres mantenían unida aquella macabra muñeca de carne y hueso.
Los ojos, uno verde y otro azul, estaban abiertos de par en par, incrustados en unas sangrantes cuencas oculares cuyo resultado era una mirada de auténtico pánico y horror.
Los labios estaban raídos, agrietados, delicadamente cosidos a la piel morena del rostro, tensada por tanta costura.
Asqueado y aterrorizado, Jeremy trató de alejarse de la cama, pero Sophie se lo impidió sacando un revolver de la bata y apuntando a su cabeza.
_ ¿Esta es la forma que tienes de agradecer un regalo?
_Estás... estás loca, completamente loca.
_Eso ya lo se.
_Eres un monstruo, Sophie. ¡Has matado a diez chicas! ¡¿Cómo has podido?!
_Mientes. Sólo han muerto cinco.
_Eso es aún más cruel.
_¡¡Era necesario!! ¡Tenía que hacerlo para crearla a ella!
_Voy a llamar a la policía, Sophie. Estás para encerrar.
_¡Eres un maldito desagradecido! ¡Hago todo esto por ti y no eres capaz de darme las gracias! ¡Cómo en el instituto! ¡Yo hacía todo por ti y tu nunca me lo agradecías! Pero ahora lo harás... ahora me agradecerás todo lo que he hecho y sigo haciendo por ti...
Jeremy trató de alejarse de la cama, pero Sophie, hirviendo de ira, le asestó un golpe con la culata del revolver y lo hizo caer sobre la cama, al lado del cuerpo.
El labio le empezó a sangrar y Sophie se acercó para retirarla con los dedos.
Con el revolver en la otra mano le apuntó de nuevo a la cabeza mientras se desabrochaba la bata y se sentaba en una vieja silla de mimbre.
Estaba completamente desnuda. Su cuerpo extremadamente blanco estaba cubierto por varias cicatrices, todas ellas resultado de haberse grabado la misma palabra con cuchillas varias veces.
JEREMY.
_Bésala
_ ¿Qué?
_Es tu chica_ sonrió_ Bésala.
_No.
Un disparo sonó en el aire y Jeremey vomitó al fin a los pies de la cama.
_Hazlo. O te mataré.
_Estas completamente chiflada.
Sophie cargó el revolver y apuntó de nuevo
_Hazlo.
Entre arcadas y lágrimas de terror, Jeremy se inclinó sobre el cuerpo macabro que reposaba a su lado.
Y mientras tanto, Sophie le observaba llevando su manao manchada de sangre a su entrepierna y se empezaba a masturbar.


---> Si queréis "disfrutar" de un poco más de sadismo made in @AndreaAnaid no dudéis en pasaros por aquí y decirme qué os parece

22 de enero de 2012

Agridulce Diosa


Oh tú, si tú.
Hada, duende o ninfa que vagas por el mundo incansable, inagotable, imparable.
Tú, como un ciclón, arrasando con todo a tu paso.
Tú, maldita diosa de mis noches, reina etérea de mis pensamientos.
Tú…
Te odio, te odio tanto como te amo, como te necesito.
Porque no existo sin ti.
Sin tu esencia mágica, endiablada bruja del Averno, que osas jugar conmigo y con otros tantos semejantes a mí.
Tú, que en ocasiones me permites rozarte con los dedos, acariciarte, hacerte mía…
Con la misma facilidad que te tengo abrazada alrededor de mí, te escabulles con esa risa que tan pronto me enamora como me mata.
Disfruto con tu presencia tanto como tú disfrutas cuando me abandonas.
Tú vieja Bruja, adorada Hada.

Tú, danzante ser indefinible, único e irrepetible.


Dime, Inspiración,
¿por qué?



Haciéndome un huequecito en Amateur Hotel...No tan extraños es con el que comencé y ahora trato de hacerme notar rememorando la Ausencia de su piel

11 de enero de 2012

En sus ojos

Ella tenía unos ojos marcados por el daño que hace la Soledad.
Desteñidos por el Miedo que durante años había tratado de acabar con ella.
Unos ojos cansados de Llorar una y mil noches a escondidas bajo las sábanas.
Pero esos ojos... ah, en esos ojos había más
Mucho más. 
Muchísimo más.
En esos ojos había Fuerza, tanta como en las manos del más bravo guerrero. Había Valor y Fortaleza como la de los antiguos Caballeros del Medievo.

Y había Esperanza
Mucha mucha Esperanza.                                                                                                                                                                             A pinceladas verdes que daban Alegría a esos ojos que debieran estar cansados de mirar y sufrir.

Había Felicidad, Amor, Locura, Imaginación, Euforia. 
En sus ojos se escondía su enorme, gigante, personalidad.
 Anaid green eyes

27 de diciembre de 2011

El cumpleaños de Jack

Solo se oye el ulular de los búhos.
Allí, en esa lejana casa perdida en un monte olvidado ni la creciente civilización resulta una amenaza.
Jack abre los ojos. Dos enorme iris color chocolate que observan la habitación escrutando cada centímetro. Observando que todo sigue donde debe estar.
Salta sigilosamente de la litera y comprueba que su hermano Aarón sigue durmiendo a pierna suelta en la cama de abajo. Pelo rubio enmarañado y ojos verdes cerrados.
Jack se mira al espejo.
Su corto pelo moreno a juego con sus ojos, su media sonrisa torcida. Su impecable ropa negra.
¿Cómo podían ser tan distintos cuando apenas los separaban cinco minutos en edad?

Sobre la mesa de la cocina, dos desvaídas magdalenas con una tímida vela incandescente esperaban su despertar.
Felicidades, chicos.
Tenéis vuestros regalos en la chimenea.

Especialista

El Abuelo tan cariñoso como de costumbre.
Jack sonrió con ganas.
¿Qué esperar de una familia como la suya? ¿Una familia que vivía de mentiras, engaños, robos y demás menesteres?
Y Él era tan farsante y mentiroso como cualquiera en aquella familia.
Y lo sería siempre.
De nada valía que Andrea le hubiese perdonado...
Andrea...
El mero recuerdo de su nombre le hacía sangrar el alma.

Se acercó a la chimenea y sacó de ella su añorada magnum 44, aquella preciosa pistola empuñada por primera vez a los dieciséis años y de la que no solía desprenderse.
La ballesta de Aarón brillaba a su lado.
Aquella pistola... demasiados recuerdos que había que olvidar.

Debía olvidar toda aquella vida que había fingido durante años por orden de su abuelo. Debía olvidar a las gemelas que tenía por sus hermanas, al matrimonio que le había criado como hijo y le había dado un hogar. Y sobretodo, debía olvidarla a ella, a Andrea, a su mejor amiga. A la que durante años mintió fingiendo ser quien no había sido jamás.
Sacó del bolsillo una desgastada hoja de papel, arrancada del Diario de Andrea, con marcas de haber sido doblada y desdoblada cientos de veces.

    _No hace falta que me sigas mintiendo, me lo has puesto en bandeja. La fecha de nacimiento de Aarón coincide con la tuya, me conoces, has faltado bastante a clase la última semana, fuiste a buscar a tu hermano mi ático justo después de llamarme, fijo que tras oír  su grito… Se perfectamente quien eres de verdad o quien has fingido ser estos años.
    _De verdad que lo siento, Andy_ dijo con su tono de voz normal, el que yo había oído una y otra vez en las interminables horas de clase_ No pretendía haceros daño pero... ¿estás enfadada, verdad?
    _No, enfadada no es la palabra más adecuada… Más bien engañada.
    _Me duele más que digas eso.
    _ ¿Pero tú puedes sentir algo?
    _Una cosa es cerrarse a los sentimientos y otra muy distinta no tenerlos. Yo los cierro cuando tengo la necesidad de hacerlo y no me cuesta. Pero con vosotros, contigo, me siento a gusto y me abro. Te he dicho mentiras, si, mis padres no son mis padres y tengo un hermano mellizo, pero ya lo sabes, y es en lo único que te he mentido. Todas las risas que me he echado contigo y todas las horas de clase no han sido mentira, Andy.
Yo me puse a llorar como una tonta sin saber por qué. Todo lo que estaba diciendo Jack, o Israel, o como quiera que se llamara, me estaba llegando muy hondo.
    _ ¿Y por  qué debería creerte?_ pregunté aún llorando.
    _ Porque soy tu amigo.
   
Claro.
La clase de amigo que secuestra a su hermanastro y casi si carga a sus amigos.
El mejor amigo del mundo.

Aarón entró en el salón, taza de café en mano.
    _Tienes visita Jack. No sé como cojones ha llegado aquí, a este pedazo helado del Infierno, pero tienes visita.

Jack se acercó a la puerta, y ella estaba allí.
Había ido al fin del mundo solo para encontrarle.
Tenía los rizos enmarañados, los dedos congelados y un paquete de colores brillantes entre las manos.
    _ ¿Andrea? ¿Cómo has llegado aquí?
    _No iba a dejar solo a mi mejor amigo el día de su cumpleaños, ¿no crees?
    _Pero tú... yo...
    _Jack...Isra... Seas quien seas, seas lo que seas... Yo siempre voy a estar a tu lado, porque un nombre solo tiene la importancia que quieras darle. Me has echado de menos, lo se, son demasiados años, demasiadas cosas juntos. Y a pesar de todo, se que lo que hemos compartido ha sido real. Y mientras eso siga siendo así y sigas a mi lado, apoyándome y luchando por mí, siempre me tendrás aquí.



Muchísisisisisisisisisisisisisisisisisimas felicidades  @jisraa, Jack, Isra, mejoramigo