22.11.09

IV

_¡¡Aron!!_ gritó Naedra al ver los ojos azul celeste del chico pidiendo auxilio.
Yesshen sonrió.
_ ¿Sorprendida, Naedra? ¿De veras creías que no tenía ningún as en la manga?
_ ¿Y Dara?
_Ella no estaba con el joven aradiense_ sonrió_. Una lástima, daría cualquier cosa por hacerme con los dones de la Dama de la Luz. Pero con él es más que suficiente, ¿no es cierto?
_No puedes saberlo...
_Niña ingenua_ rió de nuevo, sonoramente, haciendo temblar a la joven vestida de gris_. No hay absolutamente nada que yo no seca, y menos de mis prisioneros y de la gente que merodea mi reino.
_Suéltale.
_Ya sabes lo que has de hacer_ dijo seriamete_. Busca a Hyrca y dile que no le amas, dile que nunca podrá amarle que nunca será nada para ti.
_No...

Naedra lloraba.
Las lágrimas se agolpaban una tras otra en sus ojos plateados.
Se acercó a la jaula en la que permanecía retenido Aron y metió la mano por entre los barrotes para acariciar el rostro del joven. Su mano se manchó de sudor y sangre.
Volvió sus ojos hacia la Princesa de Hielo.
_ ¿Cómo sabre que cumplirás tu parte?
_No lo sabrás_ Naedra apretó los puños, furiosa_. En tu mano está arriesgarte.
_Te arrepentirás de todo esto, estate segura de ello.
_ ¿Y serás tú la que me enseñe la lección?_ rió amargamente_. Eres una niña, una niña que solo sabe llorar y matar con flores de plata evitando cualquier sufrimiento.
_Que le vamos a hacer_ dijo recobrando la compostura_, no todos podemos prescindir del corazón para vivir y disfrutar de la sangre ajena.
_Fuera de aquí, Naedra.
_Volveré, Yesshen, no te quepa la menor duda_ tomó aire y la plata de sus ojos se transformó en acero_. Volveré y pagarás por cuanto has hecho.

La joven de gris abandonó el palacio y la Princesa volvió sus ojos y su sonrisa hacia el guapo joven enjaulado.
_ ¿Seguro que no quieres unirte a mí, Aron?
_Jamás..._ susurró a duras penas.
_Respuesta incorrecta.

La Princesa sonrió y uno de sus dedos rozó el rostro del joven que emitió un grito desgarrador ínfimo ante el dolor que la Princesa le provocaba.





_ ¿Naedra?
_ ¿Quién anda ahí?
_Ni si te ocurra fiarte de la Princesa de Hielo.
_Pero Aron..._ respondió sin ver aún con quien hablaba.
_Escúchame bien, porque no te lo diré dos veces. Ella no es de fiar, nunca cumple sus pactos. Si le dices a Hyrca todo eso, ella matará a Aron de todos modos.
_ ¿Y qué he de hacer? ¡Tú no sabes...!
_Lo se, creeme. Se muchas cosas, más de las que debiera. Y se como acabar con ella.
_ ¿Ah sí? ¿Y por qué quieres hacerlo?
_Porque ella me mató
Naedra olvidó que debía respirar mientras una figura intangible iba tomando forma ante ella.

9.11.09

VIII

De verdad que lamento esta larguísima ausencia y nadie lo ha sentido más que yo, pero es que el inteligente de mi ordenador decidió morir y mis ánimos tampoco han estado lo que se dice en las nubes.
Pero como toda tempestad, parece que mi situación se ha calmada e incluso ha aparecido un Príncipe para hacerme sentir Princesa de Cuento, así que perdón a todos, y seguiré ahora con la historia de mi querido Hyrca y su amada Naedra.









Naedra, agotada, llegó ante la puerta del inmenso Palacio de Hielo en el que habitaba Yesshen. Muy a su pesar, no había podido impedir la lucha que Hyrca mantenía con su hermano, y lloró amargamente durante su viaje al aparentemente inaccesible Palacio de Kinnash.






Las puertas se abrieron para ella y con pasado firme y la espada desenvainada caminó por el pasillo de hielo completamente vacío y oscurso, horriblemente oscuro, reflejo indudable del corazón de su reina.


_Te esperaba_ susurró una voz.
_Tú debes de ser Yesshen.
_La misma_ sonrió la reina haciendo que todo el pasillo se iluminara con un fuego azulado que aumentaba el frío del ambiente_. Bienvenida a Kinassh.
_Sé que no soy bienvenida aquí, Yesshen, no soy tonta.
_Lo se_ dijo acercándose_. Si fueras tonta no habrías enamorado a Hyrca.

Naedra enrojeció. Detestaba asumir que amada al sadi, y mucho más que alguien, sobre todo ella, dijera que él sentía lo mismo. Porque podía no ser cierto, y eso la atormentaba.
La joven se quedó mirando a la reina intensamente.
Decir que era hermosa era quedarse corta. Su cabello era rubio, casi blanco, a juego con la corona adamantina que lucía y en la que aún permanecían restos de sangre de su antigua dueña. Los ojos eran transparentes, de un azul cristalino que rozaba la blancura absoluta al igual que su piel, pálida y sin impurezas, asbolutamente ninguna, lo que cotrastaba con sus elegantes y ardientes labios sangrantes de un rojo carmesí que parecía desteñir sobre su ajustado vestido de cuero azul.

_Pero se le pasará_ siguió la reina_. Eres una niña, tú no puedes darle lo que el necesita y busca. Tú no eres para él.
_ ¿Y Klaiss?
_Es un excelente guerrero, pero morirá pronto_ suspiró acercándose al oído de Naedra_. Le pierde la pasión y la lujuria.
_ ¿Vas a matarle?
_Hyrca lo hará por mí_ sonrió_. Sobre todo cuando le digas que no quieres volver a verle.
_Yo nunca haría eso.
_Claro que sí, Dama de Plata_ su sonrisa se volvió macabra, y una celda de acero se iluminó a su lado_. O él morirá.

En la celda, con la camisa blanca teñida de rojo sangre, los ojos azules de Aron brillaban pidiendo ayuda en la única persona que reconocía en aquel lugar.

15.10.09

VII

_Klaiss, mira que eres imbécil_ susurró alguien_. Te dije que me trajeras a la chica, no que lucharas con Hyrca.

Ambos hermanos permanecían en guardia mientras la Reina de Hielo los miraba a ambos comiéndoselos con los ojos.

_Dejar las armas, hablemos_ rió_. ¿Cuánto hace que no os sentáis a hablar?
_Desde que Hyrca mató al Maestro_ susurró Klaiss bajando su arma ante la Reina_. Y huyó.
_No tienes ni idea de lo hablas. Tenía trabajo y marché.
_La famosa Naedra, ¿no?_ rió más fuerte y sus ojos únicamente negros se clavaron en Hyrca_. Voy a matarla, ¿sabes?
_Ni lo sueñes.
_Y voy a hacerlo muy, muy despacio. Lentamente. Haré que grite, que llore, que suplique, haré que pida clemencia y que te llame. Que te llame y te pida ayuda y tu no puedas ir. Soy muy mala, Hyrca, no sabes cuanto. Y peor cuando quiero hacer sufrir a alguien, a alguien que me cae especialmente mal.
_Ella no te ha hecho nada.
_Te ha encandilado a ti, ¿te parece poco? Tú tenías que ser mío.
_Tienes a mi hermano.
_Él no es tú.
_ ¡Eh! ¡Qué sigo aquí!
_ ¡¡Cállate!!_ dijeron los dos al tiempo

La Reina de Hielo se puso en pie y miró fijamente a los hermanos, en especial a Hyrca.

_ Únete a mi, y no la mataré.
_Jamás.
_Bien, entonces muere_ sonrió_. Klaiss, ya sabes lo que tienes que hacer. Quiero su cabeza para mi habitación.


Y se fue dejando a los hermanos en la misma situación en la que los encontró.







Cerca de allí, Naedra lloraba al ver luchar a Hyrca contra su hermano y al saber lo que la Reina de Hielo quería hacer con ella.

11.10.09

VI

_ ¿Para qué la queréis viva, majestad?
_Hay que ver lo imbécil que eres_ susurró la reina_. Muerta no me sirve de nada.
_Tiene que ver con Hyrca, ¿no es cierto?
_Así es.
_No entiendo esa obsesión que tenéis con él. Es sólo un asesino.
Yesshen sonrió y acarició el pétreo pecho desnudo del guerrero que estaba ante ella. Subió su mano helada muy despacio hacia su cabello rubio sujeto con una cinta negra sobre sus ojos marrón rojizo.
_Los celos te sientan muy bien, Klaiss.

La mano de la Reina de Hielo apretó la garganta del joven cortándole la respiración durante varios minutos. Luego lo soltó y se puso de puntillas para besarle apasionadamente en los labios durante incluso más tiempo.

_Si quieres más ya sabes lo que has de traerme_ susurró a su oído_. La quiero aquí y la quiero viva.
Su mano había bajado con sigilo hasta llegar a su entrepierna, pero una vez allí, no tocó nada si no que permaneció en el muslo del muchacho que a duras penas conservaba la calma.
_Tráemela.

Por toda respuesta Klaiss giró sobre sus pies y desapareció del palacio de hielo.
Tras avanzar un largo trecho en dirección a las montañas del este donde por última vez se había visto el cuerpo de uno de los guardias de blanco con una extraña flor plateada sobre el corazón, una Sombra se acercó sigilosamente a Klaiss.
_Hyrca_ susurró.
_Cuanto tiempo, Klaiss. ¿Buscas a la Chica?
_Eso mismo.
_No la encontrarás.
_Oh, ya lo creo que si. Va dejando un hermoso rastro de cadaveres con flores plateadas.
_ ¿Sabes por qué está aquí?
_No me importa.
_Está aquí por mí. Ha venido a buscarme.
_Pobrecita_ susurró_. A venido a su funeral.

Hyrca sonrió y desenvainó su espada.

_No la encontraras. Yo no te voy a dejar.
_ ¡Que ven mis ojos! ¡El frío sadi enamorado!
_¡Quién lo iba a decir! ¡El que no llegó a sadi tratando de serlo!
_Hazme un favor, Hyrca_ dijo Klaiss con su espada en alto_. Muérete.
_ ¿Es esa forma de tratar a tu hermano mayor?

7.10.09

V

_No puede haber salido de Kinassh_ susurró la reina_. ¡Es imposible!
_Pero señora, hemos revisado cada lugar, cada...

El mensajero no terminó de hablar con la reina, una mirada suya congeló sus organos internos matándole al instante.

_Espero que tú me traigas mejores noticias_ replicó Yeshenn con sus ojos fijos en el joven de blanco que había frente a ella.
_Mi Señora, tal y como pensábais, la Dama Gris se acerca_ sonrió_. Mis hombres la tienen vigilada, no tardara en cruzar la frontera de las Tierras Frías.
_La quiero viva_ sonrió.

El mensajero de blanco salió de la habitación del palacio de hielo dejando sola a la reina, que miraba por sus desproporcionados ventanales, cada punto cardinal de su reino.
_ ¿Lo ves, Madre?_ preguntó al vacío_. Yo soy mejor reina que tú, tengo más poder y más subditos, y no me hace falta nada de ese amor del pueblo que tu adorabas.
_No deberías hablar así, Yeshenn. Eres una reina.
_ ¿Cuándo vas a desaparecer?
_ Cuando mi reino vuelva a ser armónico.
_Estás muerta madre, vete al Infierno.
_Nos encontraremos allí, no te queda duda.

El fantasma desapareció y Yeshenn mandó llamar a algunos hombres que sacaran aquel cadaver de la habitación del trono.





El monte Shaiss era el pico más alto de las montañas de Kinassh, pero Hyrca lo había escalado demasiadas veces. Ninguno de los guardianes de Yeshenn podría encontrarle allí al menos en un par de días, y así el podría pensar con claridad.
Oteó las fronteras en busca de posibles atacantes y distingió a la Guardia Blanca, los mejores guerreros de la reina, imperceptibles en la nieve, pero no para Hyrca, que conocía aquellos lugares como la palma de su mano.
A lo lejos, todavía fuera de Kinassh, alguien se acercaba.
Iba armado y parecía serio y preocupado.
En pocos segundos Hyrca supo que aquella era Naedra, y que en el momento que atravesara la frontera, su vida corría peligro.
Y él no podía permitirlo.



La daga de plata se clavó en el corazón del Guardián del Paso que le impedía acceder a Kinassh. Naedra deseaba no cruzarse con más guardias o tendría que matarlos. Era su única posibilidad de llegar hasta Hyrca y descubrir el por qué de aquella matanza.
Se escondió en uno de los túneles de las montañas y nadie la vio ni supo de su presencia. Nadie salvo Hyrca, y seguramente, Yeshenn.

30.9.09

IV

_Explícame otra vez por qué le has dejado marchar_ dijo Naedra con los ojos cerrados mientras el mar rompía contra los acantilados.
_Naedra..._ susurró el muchacho_. Hyrca no es un chico normal y corriente, lo sabes más que de sobra. Lleva dos meses siguiéndote en tu viaje, supuestamente con la intención de matarte. Pero yo no creo que vaya a hacerlo.
_Tampoco yo_ suspiró_. Tengo audiencia con los reyes de Aigam.
_ ¿Voy contigo?
_Vuelve a Arad_ susurró abriendo su enormes y extraños ojos plateados_. Silvia te estará hechando de menos.
_No quiero dejarte sola.
_Aron, se cuidar de mi misma, además, debes estar con ella, te necesita allí.

El joven sonrió abrazando a la chica que miraba el mar ensimismada, pensando en demasiadas cosas al mismo tiempo.

_Silvia se cuida muy bien sola, pero me voy_ afirmó_. No quiero que vuelva ningún berskeico a arrebatármela.
Una media sonrisa se desdibujó en el rostro pálido de Naedra.
_Se buena, ¿eh?
_Sólo si la ocasión lo requiere.

Aron la besó en la frente y desapareció bajando el acantilado, cogería una barco, pues era la manera más rápida de llegar a Arad, el Reino de la Luz.
Pero nada de eso preocupaba a Naedra en aquel momento, nada en absoluto. Cerró los ojos de nuevo y dejó que el aroma y sonido del Mar Eterno la embriagaran.


Algo crujió en las calles de la silenciosa Ciudad de la Memoria, algo que obligó a Naedra a ponerse en tensión y a desenvainar la espada que había encontrado en el Templo y que rehusaba a soltar.
Entonces los dos se vieron por primera vez.
Hyrca con su espada desenvainada, su porte relajado, su mirada fría e incapaz de sentir. Naedra con su arco a la espalda, su espada de plata brillando al reflejar el sol y sus ojos plateados que estudiaban al sadi con mal disimulado interés.
_Tú debes ser el sadi del que me ha hablado Azura. He de confesar que te creía más mayor.
_No te dejes llevar por las apariencias, joven Elegida. Deberías saber que las cosas no son nunca lo que parecen.
_ ¿Pretendías atacarme por la espalda, sadi?_ preguntó ella_. No me lo esperaba.
_Sólo busco la forma más sencilla de deshacerme de ti.
_Pues siento decirte que no te lo voy a poner nada fácil.

La primera estocada de Hyrca dio de lleno en la espada de Naedra, y ambos se enzarzaron en una larga pelea en la que ninguno de los dos salía proclamado vencedor.
_Desiste sadi_ dijo ella al cabo de un rato_. ¿No ves que podríamos pasarnos así toda una vida?
_Llevas razón_ respondió el chico envainando su espada_. Creo que por hoy ha sido suficiente. Pero no descanses Elegida. Antes de lo que imaginas caerás a manos de mi espada.
_Encantada de conocerte_ respondió ella casi a la puerta del templo_. Me llamo Naedra.
Al chico le pilló por sorpresa la respuesta de la joven, pues ni rastro de miedo se reflejaba en sus extraños ojos.
_Yo soy Hyrca.


_ ¿Naedra?
La joven volvió a la realidad y se dio cuenta de que lloraba.
_ ¿Te conozco?
_Me envía tu hermano Kyle_ susurró un joven_. Ha habido una masacre en las Tierras Frías.
_Gracias, puedes irte.

El chico se alejó de allí y Naedra se puso en pie.
_Hyrca... ¿qué has hecho? _ preguntó al mar sin esperar respuesta.